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04 Noviembre 06
| Hasta siempre, Félix |
Félix se nos ha ido de repente. Murió como vivió: intentando hacer algo en favor de los demás.
¿Qué podemos decir de Félix?. Mejor le cedemos la palabra a uno de sus amigos y compañeros, que compartió con él alegrías y sinsabores durante muchos años:
| Es difícil explicar cuando un compañero y ante todo un amigo nos deja, y más cuando le conoces en profundidad durante tantos años, luchando política e institucionalmente a su lado. Las ideas y proyectos conseguidos en tu pueblo serán muy difíciles de igualar. Empezaste denunciando, en ese famoso escrito de 1977 las injusticias de las obras municipales de saneamiento, antes de los ayuntamientos democráticos. Al poco tiempo, fuiste elegido alcalde de Alpedrete. Los 8 primeros años de democracia, con tu talante, diste participación a la oposición. Se consiguieron proyectos que no existían: los colegios de infantil y primaria para Alpedrete y Los Negrales, la clínica municipal, el Hogar del Pensionista, la biblioteca y la piscina; comenzó el polideportivo, se permutó la antigua fábrica de piensos para ubicar la Casa de la Cultura, se creó la Policía Local, infraestructuras, saneamientos, calles, parques...Conseguiste unas Normas dignas, frenando el desarrollo indiscriminado. Sería injusto que tus compañeros nos calláramos, y dejásemos de recordar tus obras, siempre por el bien de los alpedreteños. Hasta siempre, Félix. Eugenio Alonso de la Cruz |
Han sido muchos los discursos, los homenajes... Todo el pueblo se volcó en tus funerales y en tu entierro. De entre todas las palabras, nos quedamos con el poema que recitó, a modo de sentida despedida, otro amigo y compañero tuyo:
(En Alpedrete, su pueblo y el mío
se me ha muerto como del rayo Félix Díaz,
con quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión mas grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedientas de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Y volverás a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
de almendro de natas te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas
compañero del alma, compañero.
(Miguel Hernández. "Elegía a la muerte de Ramón Sijé").
"Los socialistas no mueren: se siembran"
Pablo Iglesias

