Intervención de Pedro Sánchez en el Foro de El Periódico de Cataluña

En primer lloc, voldria agrair molt sincerament a “Primera Plana” i els seus orgranitzadors, El Periódico i Banc Sabadell, la seva amable invitació a participar en aquest esmorzar-col.loqui.

Señoras y señores,

El escritor Javier Cercas dice que la política es prosa no poesía, y que la tarea del político no es intentar traer el cielo a la tierra, sino sólo mejorar la tierra. Ni más ni menos que mejorar la tierra. No puedo estar más de acuerdo con ello.

Acabamos de empezar la campaña electoral que nos llevará a ese tiempo de cambio con el que abre hoy la portada de El Periódico, a elegir un nuevo Gobierno de España y es momento de hacer balance, de presentar a la sociedad nuestras propuestas concretas, de debatir para contrastar los modelos de sociedad que unos y otros candidatos defendemos.

El pasado lunes celebramos un primer debate en el que hubo un gran ausente, que fue Mariano Rajoy, y el próximo lunes celebraremos el segundo debate en el que volverá a estar ausente. No es nada nuevo, si la democracia es el gobierno del acuerdo, Rajoy se ha pasado cuatro años confrontando. Si el sistema parlamentario tiene en su centro el debate, la argumentación, el diálogo, Rajoy solo tiene una seña política: la ocultación. Se ha escondido del parlamento -es el presidente que más comparecencias ha rechazado-, y se esconde de los ciudadanos.

Su rechazo a dialogar –y en Cataluña ese problema se ha manifestado en toda su magnitud- es otra razón más que justifica el cambio político, porque España necesita un Presidente que dialogue y sea capaz de construir, con todos, un futuro para todos.

Yo no entiendo la política más que como un ejercicio permanente de diálogo, de búsqueda de acuerdos, de construcción de consensos y convivencia porque solo así, entre todos, es como lograremos construir un futuro para la mayoría que es el objetivo que nos proponemos los socialistas.

Y construir ese futuro para la mayoría pasa por dar solución a los cuatro desafíos que debe afrontar España: la falta de oportunidades, la desigualdad, la falta de confianza en las instituciones y el desafío de la convivencia que se sufre en Cataluña.

Señoras y señores.

Sobre el balance de estos cuatro años: todas las encuestas coindicen en situar a Rajoy como el Presidente peor valorado de la historia de la democracia. Y razones no les faltan a los españoles.

En cuatro años Rajoy ha conseguido que haya 100.000 ocupados menos que cuando llegó al Gobierno y 400.000 ocupados menos a tiempo completo. Que los ingresos medios anuales de los hogares caigan en 2.000 euros. Que los trabajadores pobres se incrementen un 21% y que en 700.000 hogares no entre ningún ingreso. Y todo eso mientras se disparaba la deuda pública –hoy tenemos un deuda pública casi en el 100% del PIB- y consumía la mitad de la hucha de las pensiones, ayer supimos que utilizará otros 7.750 millones de euros, y en consecuencia la dejará a la mitad de lo que encontró hace cuatro años.

Déjenme que me detenga un momento en este punto. La importancia de las personas mayores en la sociedad no se basa sólo en su número, sino también en el valor de lo que son, de lo que representan y de lo que aportan. En España, los mayores de 65 años, 8.400.000, representan el 18,05% de la población, pero la tendencia demográfica va a suponer que este porcentaje siga creciendo. Junto a este proceso, se están produciendo profundos cambios sociológicos, más de un millón y medio de personas de más de 65 años viven solas. En el caso de las mujeres, las que viven solas representan una cuarta parte. El 70% de los abuelos y abuelas cuidan o han cuidado a sus nietos y el 49% lo hacen a diario.

Las personas mayores se han convertido en el último refugio de sus familias en muchos casos: han sido la vivienda social de los desahuciados, el subsidio de desempleo de muchos parados y la guardería de los niños y niñas.

Y lo han hecho con el único sustento de sus pensiones. La cuantía de la pensión media en España es modesta, 887€ al mes, pero el 60% de los pensionistas españoles tiene una pensión por debajo de esta cantidad. De ellos, casi dos millones y medio cobran una pensión mínima de 634,5 € al mes

Así que es el momento de realizar reformas sociales dirigidas a garantizarles una calidad de vida digna y eso pasa por asegurar sus pensiones.

Mariano Rajoy heredo casi 70.000 millones en el fondo de pensiones y en cuatro años lo ha reducido a la mitad. El cálculo es sencillo: en otros cuatro lo habrá dilapidado completamente si permanece al frente del gobierno.

Frente a ese modelo que pone en entredicho el futuro de las pensiones, los socialistas mantenemos nuestro compromiso con el sistema público de pensiones y nos proponemos, entre otras medidas:

•    Reinstaurar el papel del Pacto de Toledo como espacio necesario de debate, acuerdo, estabilidad y garantía del Sistema de Pensiones, apoyando la participación y representación en este foro del Consejo Estatal de Personas Mayores.

•    Recuperar la medida de 2011 de incrementar la pensión de viudedad para mayores de 65 que no reciban otra pensión pública hasta alcanzar el 60%, que ha sido suspendida reiteradamente por el Gobierno del PP durante estos últimos cuatro años.

•    Vamos a eliminar el copago farmacéutico introducido por el PP y que obliga a muchos pensionistas a elegir entre sus medicamentos y sus alimentos o su familia.

•    Y por supuesto recuperaremos las ayudas a la dependencia que el Gobierno de Rajoy ha recortado y desmantelado el PP durante estos últimos cuatro años.

En esta legislatura, Rajoy no ha dejado derecho sin recortar, salario sin bajar y autónomo y pensionista sin asfixiar, y España necesita romper con esas inercias conservadoras y emprender el camino de la reforma. El Partido Socialista lo sabe, y ya sabe lo que es hacerse cargo del país. Ya sabemos lo que es asumir los mayores problemas y los mayores desafíos de España. Porque cuando España ha necesitado el cambio, siempre ha tenido a los socialistas para liderarlo.

En los años 70 asumimos el desafío de la concordia, de construir la España de la democracia.

En los años ochenta, asumimos el desafío de incorporar España a la Europa de la democracia y el bienestar.

En los años dos mil, asumimos el desafío de sumar España al siglo XXI de los derechos y las libertades.

Y ahora que España vuelve a necesitar un nuevo impulso reformista y modernizador, el Partido Socialista vuelve a ponerse al servicio de los españoles para liderar las reformas que han de lograr una sociedad más libre, más equitativa y más moderna. Un futuro para la mayoría.

Nosotros tengo claros cuáles serán los cinco grandes acuerdos que lideraré en los cinco primeros Consejos de Ministros de nuestro mandato.

En el primero, impulsar un acuerdo nacional por la Industria, el emprendimiento y la creación de empleo digno, lo que significará apostar por la Ciencia y la Innovación, derogar la reforma laboral y convertir, recuperando el diálogo social, el Estatuto de los Trabajadores en una Carta de Derechos Laborales.

En el segundo, convocar a la comunidad educativa y a las instituciones para que el próximo curso escolar sea el del gran acuerdo que soñamos los padres y madres: el acuerdo por la ciencia y la educación, triplicando en cuatro años la inversión en educación pública.

En el tercero, aprobar el Ingreso Mínimo Vital para los 700.000 hogares sin ingresos que permita erradicar, en cuatro años, la pobreza que más nos duele, aquella que más nos indigna, la pobreza infantil.

En el cuarto, convocar un gran acuerdo social, institucional y político para luchar contra la violencia que más nos indigna y conmueve, que es la violencia de género.

Y en el quinto, proponerle al Congreso de los Diputados la apertura de una Ponencia para la reforma de la Constitución Española que blinde nuestro Estado del Bienestar, que abra las puertas a una mayor democracia, que avance en derechos y libertades, y que dé el paso definitivo del Estado autonómico al federal.

Estos serán los cinco grandes acuerdos, las cinco grandes transformaciones que impulsaremos los socialistas, si los españoles nos otorgan su confianza el próximo 20 de diciembre.

Transformaciones que haremos entre todos, partidos políticos, instituciones y sociedad civil. Porque si algo nos dicen los españoles es que no quieren sustituir una mayoría absoluta por otra, sino por partidos políticos con capacidad de diálogo. Algo que no ha hecho el actual inquilino de La Moncloa que ha gobernado solo y frente a todos, imponiendo sus leyes en clara oposición al conjunto de fuerzas parlamentarios dentro del Congreso, y en clara oposición a la mayoría social de españoles.

Por eso, en este momento trascendente para España, no caigamos en el error de hacer falsos distingos entre una supuesta vieja y nueva política que no es tal, porque lo que reivindican los españoles no es ni vieja ni nueva, es buena política. La que se dirige a la mayoría, la que une y no separa, la que antepone el interés general al partidista. La buena política es la que nos permitirá hacer frente con éxito a los desafíos comunes que tenemos como sociedad. Y esa nueva política sólo vendrá del cambio el próximo 20 de diciembre. El cambio a favor de quienes, ya sea en el Gobierno o en la oposición, siempre hemos entendido la política como diálogo, y no de quienes como Rajoy confundieron mayoría absoluta por absolutismo.

Les hablaba de los cuatro retos a los que tenemos que hacer frente -la desigualdad, la falta de oportunidades, la desconfianza en la política y la convivencia- permítanme detenerme en ellos empezando por este último, el de la convivencia.

Hace dos días el Tribunal Constitucional fallaba contra la declaración independentista liderada por el sr. Mas y sus socios. Como saben, el Partido Socialista apoyó la interposición del recurso del Gobierno porque entendemos que esa declaración es contraria a la legalidad constitucional. Nuestra posición en defensa de la legalidad democrática es bien conocida.

Apoyamos el recurso porque esa iniciativa secesionista supone, de hecho, la decisión de quienes la firman de ignorar las leyes que garantizan nuestros derechos y ordenan la convivencia. Las leyes nos protegen de los abusos de los poderosos, incluso cuando a esos poderosos los hemos elegido nosotros democráticamente. La Constitución Española y el Estatut de Catalunya que los firmantes del manifiesto independentista han decidido desobedecer, son las leyes que han protegido, por ejemplo, los derechos lingüísticos de los catalanes frente a los deseos del PP, incluso a pesar de su mayoría absoluta.

Pero la gravedad de la situación va más allá de un hecho puntual o una declaración, por más importante que sea. En este momento desconocemos cuál es corpus legal por el que se rigen quienes apoyan la independencia de Cataluña, en el Parlament y en la Generalitat. Sabemos a qué leyes y a qué instituciones han decidido no someterse, pero desconocemos a cuáles se someten. Desconocemos cuáles son los límites que aceptan como gobernantes y representantes.

Esa es la particular gravedad de este paso. Cuando quienes tienen el poder político no reconocen el marco legal en el que se desarrolla su poder, cuando ese poder no está limitado por las leyes, lo que están cuestionando es la libertad y la seguridad de los ciudadanos y la propia democracia. A entender de Mas, ¿qué leyes rigen en este momento para los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña? ¿Las leyes que se han dado democráticamente a lo largo de casi cuatro décadas de democracia o la voluntad caprichosa de un Gobierno en funciones?

No es razonable que en una democracia avanzada europea se produzca una situación como esta. Resulta irónico que quienes pretenden instaurar una República, se olviden de los principales valores de la tradición republicana, como es el imperio de la ley, y pretendan someter a la sociedad catalana a un extraño cesarismo que elige arbitrariamente qué leyes va a obedecer y qué leyes va a violentar y que en todo caso ataca la estabilidad que todo Gobierno debe garantizar.

Lo cierto es que, dos meses después de las elecciones, Cataluña sigue con un gobierno en funciones; es decir, con un grave problema de gobernabilidad al que le ha conducido el sr. Mas. Pero los problemas reales de los catalanes, los que afectan a su vida de cada día,  siguen aguardando respuesta.

Así pues, si alguna desconexión hay en Cataluña es la del sr. Mas con la realidad. La realidad en la que viven cada día los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, la realidad expresada por los votantes en las urnas y la realidad de las democracia en Europa que no toleran la arbitrariedad ni la ilegalidad en la que ha decidido instalarse el sr. Mas.

Estoy convencido de que la sociedad catalana no desea acompañar al sr. Mas en ese camino y creo que estamos ante una oportunidad de cambiar el juego y a los jugadores que ya han demostrado ser incapaces de desbloquear esta situación.

Desde hace ya bastantes años los socialistas hemos venido denunciando el escenario al que nos estaban llevando quienes están enrocados en la defensa numantina de sus posiciones, sin dejar ningún resquicio para la política y para el acuerdo.

Los socialistas vemos en la reforma de la Constitución una oportunidad de volver a conectar íntimamente legalidad y democracia, de reconstruir la urdimbre de la convivencia desde el diálogo, de mejorar el funcionamiento de nuestras instituciones y de reforzar nuestros derechos.

Es una idea en la que los socialistas venimos trabajando con tiempo y con mucha calma. Nuestra propuesta de reforma de la Constitución recogida en el programa electoral, iniciada en la declaración de Granada en  2013, y que sucede a la que hicimos en 2003 en Santillana del Mar. Es la única idea que en este momento hay sobre la mesa para dar una salida a la situación de bloqueo que se ha creado en Cataluña, aunque obviamente nuestra propuesta aborda más cuestiones que la territorial.

Han pasado treinta y siete años desde que los españoles y las españolas la aprobamos por una mayoría abrumadora. También en Cataluña, donde más del 90% de los votos le fue favorable. Creo que es imposible discutir que estas casi cuatro décadas han sido las más libres, prósperas y felices de toda la historia de España.

Es verdad que, con el tiempo y el uso, hemos ido descubriendo los defectos que, como toda obra humana, tiene nuestra ley fundamental.

Es el momento de actualizar ese pacto de convivencia que nos ha traído los mejores años de nuestra historia. Es el momento para un cambio que una de nuevo ciudadanos y territorios. Es el momento de decir basta a quienes levantan muros cuando catalanes y el conjunto de españoles compartimos los mismos problemas que, por cierto, han provocado juntos Mas y Rajoy, Rajoy y Mas.

No olvidemos que la reforma laboral que sufren los trabajadores en Barcelona o en Córdoba, se aprobó con los votos de Rajoy y los de Mas. Que la amnistía fiscal que nos indigna por igual a todos, y a la que se acogió Pujol y Bárcenas, se aprobó con los votos de Rajoy y de Mas. Que la desigualdad provocada por los recortes en el Estado del Bienestar se aprobó con los votos de Rajoy y de Mas.

Los recortes, la reforma laboral y la amnistía fiscal no tienen nacionalidad sino ideología, la conservadora que comparten Mas y Rajoy. Las dos caras de la misma moneda de la política a desterrar a partir del 20 de diciembre.

Y frente a la confrontación, los socialistas hemos defendido siempre: ley y diálogo. Nuestra propuesta pasa por una reforma Constitucional que revitalice nuestro marco de convivencia, porque la España de 1978 no es la misma que la de 2015. Entonces no existía internet y España no pertenecía a la Unión Europea. Nos proponemos blindar los derechos sociales y reconocer nuevas libertades en la Constitución reformada, mejorar la calidad democrática e institucional, y caminar hacia un Estado Federal desde el Autonómico. En definitiva, un Estado Autonómico más perfeccionado, eficiente y equitativo, y al que nosotros llamamos Estado Federal en la línea de democracias avanzadas como la alemana.

Señoras y señores,

Uno de los principales retos al que tenemos que hacer frente es el de la desigualdad. Somos el segundo país con mayor desigualdad de la Unión Europea. Muchos niños y niñas sufren problemas de malnutrición, y personas de todo perfil profesional comparten mesa en comedores sociales de ONG y entidades caritativas. En España hay pobreza. Pobreza de quienes no tienen trabajo, y pobreza de quienes sí tienen trabajo pero no llegan a fin de mes por una reforma laboral que ha convertido a los mileuristas de hace años en cieneuristas.

Mi compromiso es convocar a la mayoría de españoles, instituciones, fuerzas políticas y organizaciones para extirpar entre todos la pobreza, sobre todo, la pobreza infantil, y crear durante la próxima legislatura un Ingreso Mínimo Vital dirigido principalmente a los 700.000 hogares sin ningún tipo de ingresos, vinculado a la formación y reinserción laboral.
En España hay también pobreza energética. Hay  siete millones de españoles con enormes dificultades para hacer frente a la factura energética a final de mes, hay familias que tienen que elegir entre comer o pasar frío. Desde que gobierna el PP se ha multiplicado por dos la pobreza energética, hay 200.000 beneficiarios menos del bono social y sin embargo se pueden beneficiar de él segunda viviendas que se encuentran vacías. No tiene ningún sentido.

Si soy elegido Presidente del Gobierno crearé una nueva tarifa social para los consumidores vulnerables que garantice el suministro de subsistencia en los meses más fríos, entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo, y que tendría en los presupuestos un coste aproximado de 120 millones de euros. La cobertura energética básica será considerada un derecho social y no habrá cortes de suministro en invierno para quien se encuentre en situación de pobreza energética.

La desigualdad tiene múltiples formas.

Desigualdad en el acceso al crédito de millares de empresarios, cooperativistas, autónomos y familias con escasos ingresos, a los que ayudaremos a acceder al crédito abriendo nuevas vías de financiación no dependientes del sector bancario. Desigualdad salarial entre hombres y mujeres que es del 24% pero llega al 38% en el caso de las pensionistas, y ante la cual aprobaremos una ley de igualdad salarial. Desigualdad que sufren personas con discapacidad y mayores dependientes, hacia los que volcaremos recursos revitalizando la ley de dependencia.

Desigualdad que sufren muchos autónomos, con cotizaciones que devoran su corto salario y que haremos progresivas, o los llamados falsos autónomos que pasarán a ser lo que son en realidad, trabajadores por cuenta ajena, en el nuevo Estatuto de los Trabajadores que aprobaremos los socialistas.

Mi compromiso será hacer de la próxima legislatura, la legislatura de la igualdad. Construyendo así un futuro para la mayoría.

Y eso pasa por hacer de la sanidad un derecho protegido constitucionalmente y derogar el real decreto ley 16/2012 para que el acceso a la sanidad vuelva a ser universal. Pasa también por garantizar que la sanidad pública tenga la necesaria suficiencia financiera y los trabajadores de la sanidad los recursos necesarios.

El crecimiento es el tercer gran reto de nuestro país. ¿Cómo se va a ganar la vida España? No podemos ser solo un país de turismo, le debemos mucho a ese sector pero tenemos que apostar por la industria, la ciencia, la investigación; necesitamos impulsar la economía y que esa economía sea verde, para hacer frente al retos del cambio climático.

Los socialistas vamos a impulsar la reindustrialización de nuestro país. Haremos la verdadera transición que necesita España, la transición económica.

Construir un futuro para la mayoría pasa también por invertir en innovación, en ciencia, en formación, en digitalización de la economía. Pensemos en grande y ayudemos a serlo a nuestras empresas. Sabemos que a igual tamaño, son tan productivas o más que las alemanas o francesas, el problema es que aquí son más pequeñas. Eliminemos barreras fiscales y legislativas que traban el que puedan crecer.

Un nuevo modelo productivo debe ser capaz de atraer talento exterior y hacer que vuelvan nuestros investigadores porque encuentren buenas perspectivas en nuestro país con planes de retorno del talento científico y profesional. Podemos ponernos de acuerdo en eso.

Tenemos que poner en marcha un nuevo estatuto de los trabajadores, es posible hacerlo en el primer año. Terminar con la figura de los falsos becarios. Subir el salario mínimo interprofesional para que alcance en dos legislaturas el 60% del salario medio tal y como indica la carta social Europea. Luchar contra la precariedad estableciendo claramente tres tipos de contratos: indefinido, temporal, contrato de relevo y para la formación.

Apostamos también por una economía que impulse la digitalización de todos los sectores económicos y de toda la sociedad. Aumentando la financiación pública de manera inteligente, duplicando los fondos de I+D+i, convirtiendo el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial en una verdadera Agencia Estatal de Innovación con más competencias y recursos.

Vamos también a recuperar la confianza, que es el cuarto desafío. Somos el partido más transparente de España según la prestigiosa ONG Transparencia Internacional y queremos llevar esa exigencia de transparencia al Gobierno y a todas las instituciones.

Lideraremos la modificación de la ley electoral, vamos a desbloquear las listas electorales, revitalizar la democracia interna de los partidos y vincular la financiación de los partidos a su grado de democracia interna (por ejemplo con la limitación de mandatos, las primarias o las listas cremallera), reducir el número de aforados en España, y contar con instituciones que sirvan a la mayoría de españoles y no al partido que gobierna.

Señores y señoras.

Son muchos y grandes los desafíos a los que nos enfrentamos si queremos ganarnos el futuro en el siglo XXI. Yo estoy confiado en que podemos hacerlos frente con éxito. Lo hicimos en el pasado, y lo haremos en el futuro más inmediato.

Nuestra sociedad no ha perdido su pericia política, no hemos perdido nuestra capacidad para afrontar y resolver los problemas, nuestra capacidad para entendernos. Nuestra responsabilidad es cultivar la esperanza. Y, con la esperanza, uno está obligado a ofrecer a la sociedad algo más que el eco de sus quejas.

Ha llegado la hora de renovar España. Debemos renovar España de los daños que le ha causado la erosión del tiempo desde que iniciamos nuestra andadura democrática.

Debemos renovar España para crear las oportunidades que ciudadanos de todas las edades y condiciones hoy ven negadas.

Debemos renovar España de los daños que le ha causado la crisis, y la insolidaria gestión de las derechas. Debemos renovar España para cerrar la brecha de desconfianza y la crisis de confianza entre territorios.

Nosotros tenemos claro nuestro punto de partida, también nuestros principios y valores. Pero en mi ánimo está el que todos, sin exclusión, seamos convocados a construir un entendimiento.

Yo reivindico ese punto de encuentro de ciudadanos diversos en identidades, pero iguales en derechos.

Yo quiero gobernar para esa mayoría que no se siente a gusto en ninguna de las trincheras y que apuesta por la convivencia entre todos.

Ha llegado el momento de fomentar la confianza apelando al futuro de la mayoría. El peor riesgo es no hacer nada, la mayor incertidumbre es aferrarse al pasado.

Es momento para emprender, para innovar, para no hacer las cosas como siempre.

Para hacer las cosas mejor y de forma más justa.

España y Cataluña viven un momento en el que no deben ni pueden ganar los que generan miedo. Tampoco los que generan incertidumbre.

En este punto quién gana es quién confía en sus propias fuerzas y en las fuerzas de su país.

Ahora estamos en ese momento y el Partido Socialista está listo para liderar ese cambio.

Muchas gracias.