José Muñoz Lladró: "Nuestro patrimonio natural es único y debe ser de todos"

Madrid, 8 de diciembre de 2016. Se cumplen 100 años desde que el 8 de diciembre de 1916 se aprobara la primera Ley de Parques Nacionales, sancionada por el Rey Alfonso XIII  y pionera en el mundo en la apuesta por la protección de lugares emblemáticos de nuestra naturaleza. Y se cumplen dos años desde que el Partido Popular, con su mayoría absoluta, aprobara el último texto normativo sobre estos espacios naturales, con la oposición de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, y un rechazo unánime por parte de toda la opinión pública.

 

El responsable del Área de Sostenibilidad de la Comisión Gestora José Muñoz Lladró ha señalado con motivo de este centenario que “no debemos olvidar que nuestro patrimonio natural es único y debe ser de toda la ciudadanía” y que la Ley aprobada por el Gobierno del PP tal como se señala en el manifiesto que suscribieron la gran mayoría de partidos políticos debe ser derogada y sustituida por una norma propia de nuestro tiempo, respetuosa con la esencia de bien público que reside en los Parques Nacionales y creada en torno a la conservación de la naturaleza como prioridad absoluta en el reducido conjunto que integran los mejores espacios naturales de España.

 

“Conservar y gestionar de manera sostenible el Patrimonio Natural que disponemos es también un elemento clave en la lucha contra el cambio climático”, ha manifestado Lladró que ha vuelto a incidir en la necesidad de recuperar la legislación ambiental que pusieron en marcha gobiernos socialistas y que el PP se ha encargado de desmantelar “buscando únicamente el interés de unos pocos por encima del interés general”.

 

Los socialistas han recordado que aquella vieja ley definía los Parques Nacionales como aquellos sitios o parajes excepcionalmente pintorescos, forestales o agrestes del territorio nacional, que el Estado consagra, declarándolos tales, con el exclusivo objeto de favorecer su acceso por vías de comunicación adecuadas, y de respetar y hacer que se respete la belleza natural de sus paisajes, la riqueza de su fauna y de su flora y las particularidades geológicas e hidrológicas que encierren, evitando de este modo con la mayor eficacia todo acto de destrucción, deterioro o desfiguración por la mano del hombre.

 

                “Los derechos colectivos deben ser preeminentes. Nos equivocamos si damos pasos atrás en la protección de lugares en los que se concentra parte de los más valioso, representativo y frágil de nuestros ecosistemas”.