Patxi López participa en el 40 aniversario de la muerte de Salvador Allende

El secretario de Relaciones Políticas fue invitado a participar en el seminario internacional "Salvador Allende: República, democracia y socialismo" que conmemora la muerte del presidente chileno el próximo 11 de septiembre

Discurso integro de Patxi López:

Buenos días, amigos y amigas, compañeros y compañeras:

Quisiera que mis primeras palabras sean de agradecimiento profundo y sirvieran para manifestar el enorme honor que supone estar hoy aquí, con todos ustedes, recordando la figura de Salvador Allende, una persona capaz de unirnos en el espacio y en el tiempo a todos los que, simplemente, luchamos por la Libertad, la Igualdad y la Justicia Social.

Los vascos decimos “eskerrik asko, bihotz bihotzez”. Gracias de todo corazón, por haberme invitado a estar aquí.

Yo vengo del País Vasco, un país unido a Chile por miles de hilos invisibles… Salvador Allende tenía antepasados vascos por las dos ramas, la paterna y la materna.

Y en cualquier momento de la historia, desde hace ya siglos, encontraremos a un vasco que está mirando hacia aquí con desazón por un familiar o un amigo que ha emigrado y a un chileno mirando hacia allá, con el alma dolorida por la nostalgia.

Pero el 11 de Septiembre de 1973 creó entre nosotros nuevos y profundos vínculos.

Ese día se ha instalado en nuestra memoria, en nuestro imaginario colectivo, como una tragedia, como un sueño roto, como un futuro cercenado por el terror.

Y me van a permitir que comienzo recordando unos versos que seguramente conocen todos ustedes.

“Para matar al hombre de la paz

tuvieron que desatar la guerra turbia,

para vencer al hombre de la paz

y acallar su voz modesta y taladrante,

tuvieron que empujar el terror hasta el abismo,

y matar más para seguir matando.

Para batir al hombre de la paz

tuvieron que asesinarlo muchas veces

porque el hombre de la paz era una fortaleza”

Pero yo les quiero decir que Benedetti se equivocaba. Que a Salvador Allende no pudieron matarle ni callar su voz. Porque mil fusiles y muchos tanques no pueden abatir el aliento de un hombre honesto y libre.

Y porque no pudieron callar su voz estamos hoy aquí, reivindicando de forma humilde su memoria.

Consciente de que ya estaba hablando para el futuro con voz calmada dijo poco antes de morir: “El metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo.” Y cuarenta años después su voz pausada sigue retumbando en los corazones de las personas que aman la libertad. Y hoy es mucho más poderosa que entonces.

Van a presentar, dentro de estos actos, una biografía de Salvador Allende. Quien la ha realizado, seguro que sabe mucho más que yo. Pero, déjenme que les diga que la biografía verdadera de Allende no es el relato de una vida, sino de una época. Y es, sobre todo, la historia de una convicción tenaz que ha acompañado durante siglos a los más desfavorecidos: todos nacemos iguales, todos tenemos que poder tener las mismas oportunidades.

Y esta convicción profunda la encauzó como lucha política respetando las instituciones democráticas. Prometió respetar la legalidad constitucional, y lo defendió al precio de su vida. Y esa promesa no era fácil. No era nada fácil conjugar los principios profundos de la izquierda, con la defensa de la democracia constitucional. Hoy nos puede parecer una cosa, casi de sentido común, pero no era así en la época que le tocó vivir.

En los años 60 y 70 había muchísima gente que apoyaba la violencia política, el asesinato político incluso, si era para defender la ideas propias. Había muchísima gente que veía la democracia constitucional como algo prescindible, y que los atajos ajenos a la legali...