Valenciano: "Nos corresponde un lugar" en la cumbre de Washington y "vamos a pelearlo"

Al PP: "El gobierno de Zapatero es la representación democrática de España y no caben trucos demagógicos ni un apoyo cicatero"

El 9 de marzo de 2008, el PSOE volvió a ser depositario de la confianza de la mayoría de la ciudadanía española, que ya en 2004 avaló -entre otras muchas cosas- una política exterior basada en principios y valores que son los mayoritarios en nuestro país: la democracia, la legalidad internacional, la lucha contra la pobreza, la defensa de la dignidad de todos los seres humanos, la preservación del planeta y la construcción de la paz y la seguridad.

Zapatero ha recuperado el lugar de España en el seno de la Unión Europea -tras unos “años difíciles”, de distancia con Francia y Alemania- para, a través de un multilateralismo activo, un compromiso firme por el desarrollo y la solidaridad, junto con la defensa de nuestros intereses y la apuesta por un nuevo diálogo entre distintas culturas, presentar ante los ciudadanos españoles un proyecto de país fuerte y comprometido con un mundo más justo.

Somos un país, como todos, con fortalezas y debilidades, pero tras la historia de un largo y grave aislamiento, hemos avanzado rápidamente hacia el lugar que ocupan las naciones más desarrolladas y equilibradas del mundo. Ésa era, es y seguirá siendo nuestra ambición.

Hoy, España ocupa el puesto número 13 en el ranking de las Naciones Unidas. Con más de un millón de euros, el PIB español es el 5º de la zona euro y el 8º del mundo. Tenemos una economía abierta, con un grado de apertura del 60%, sólo superado por Alemania entre las grandes economías del mundo.

La renta per cápita española supera ya la media de la UE. 11 empresas españolas se sitúan entre las 500 más importantes del mundo (hace una década no había ninguna), y de los 16 bancos más sólidos en la escena internacional, dos son españoles.

España es el primer inversor en América Latina y, en el contexto de la actual crisis financiera, todos los organismos competentes han reconocido la solidez de nuestros bancos y de nuestro sistema crediticio.

Pero los criterios exclusivamente económicos no son suficientes para dar cuenta del valor creciente de nuestros activos. Hemos recuperado trampolines esenciales de nuestra proyección exterior: la imagen de país positivo y constructivo, la universalidad de nuestra cultura, con nuestro activo más importante, el español, a la cabeza; los vínculos históricos, lingüísticos y culturales con América Latina, un nexo que tiene unas raíces humanas gracias a las migraciones en ambos sentidos; una relación positiva con Marruecos y el mundo árabe…

Por otra parte, nuestras fuerzas armadas, también en su acción exterior, cumplen ejemplarmente con su tarea de proteger la seguridad colectiva y los principios internacionales y asumen, con honor y valentía, los compromisos de seguridad y defensa de nuestro país.

Pero, además, España es el país que más crece en ayuda al desarrollo y uno de los pocos que está cumpliendo con el compromiso fijado por las Naciones Unidas en cuanto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Hemos atendido, casi los primeros, el llamamiento de la FAO contra el hambre, somos referente mundial en la lucha contra la violencia de género y en el compromiso con las mujeres de los países más pobres… También esta tarea nos hace más fuertes, más respetados y más queridos.

Nada de esto ha sido fácil, ni el rumbo de la acción exterior de un Estado puede corregirse de la noche a la mañana… Desgraciadamente, la &ua...