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13 Marzo 10
Diga lo que diga el PP por boca de Mariano Rajoy, soy un firme convencido de que desde que se desató la crisis financiera, el Gobierno de España ha hecho lo correcto para luchar contra sus efectos. Y considero que el Ministerio de Economía y Hacienda, tanto Pedro Solbes primero, como Elena Salgado después, ha impulsado y aplicado con acierto las recomendaciones y acuerdos adoptados en el seno del llamado G-20 para frenar la crisis económica.
Dicho de otro modo, España ha hecho lo mismo que Francia, que Inglaterra, o que Alemania para paliar la crisis; y aquí como allí se han impulsado medidas de estímulo fiscal para compensar la caída intensa de la demanda privada; que en eso, precisamente, ha consistido el PLAN E, un plan de estímulo económico que ha supuesto la implementación de más de ciento veinte medidas destinadas a compensar con gasto público la vertiginosa caída del consumo y la inversión.
Medidas que, aunque han sido ridiculizadas, minusvaloradas y hasta despreciadas ora por el gurú económico del PP, Cristobal Montoro, ora por el infatigable dueto político integrado por María Dolores de Cospedal y Soraya Saez de Santamaría, han sido muy bien valoradas por organismos internacionales como el FMI y la OCDE, que han reconocido su planteamiento oportuno y acertado. Medidas que señalan que España ha sido uno de los países de la UE que más recursos ha movilizado en la lucha contra la crisis. Y que concretamente han supuesto un gasto público del 4,5 del PIB, 45000 millones de euros, cuyos efectos cabría resumir en que han servido para mantener más de 500.000 empleos y han permitido que 15.000 PYMES mantuvieran su actividad.
Afortunadamente en las últimas semanas estamos comprobando como poco a poco se desvanecen los negros presagios de los portavoces de la catástrofe y el apocalipsis, y se evidencia que no sólo se ha frenado el deterioro del PIB, sino que además han comenzado a gotear valiosos datos que indican que estamos dejando atrás la crisis y comenzando la recuperación (aumento del consumo de las familias, de las pernoctaciones hoteleras y de las matriculaciones; incremento del gasto de los turistas extranjeros, recuperación de la producción industrial, repunte de la afiliación a la Seguridad Social, inversión en bienes de equipo)
Y estando como estamos en la antesala de la recuperación, considero muy necesario el debate sobre la economía sostenible y la propuesta del Gobierno de avanzar hacia un cambio del patrón de crecimiento de nuestra economía. Porque aunque el vigente modelo de crecimiento económico ha proporcionado altas cotas de bienestar en los últimos quince años, es incuestionable que ha generado graves desequilibrios que es necesario corregir (baja productividad, excesiva temporalidad en el empleo, bajo gasto en I+D+i, mano de obra de baja cualificación, altas tasas de desempleo)
Un planteamiento que apunta hacia la necesidad de favorecer un crecimiento que se sustente en el valor añadido, en la calidad, en la eficiencia y en talento; que se aleja del crecimiento basado en el sobredimensionamiento de la construcción y que considera necesario dejar paso a otro modelo orientado a la sociedad del conocimiento, a las tecnologías de la comunicación y la información y a la economía verde (a la eficiencia energética y las energías renovables); un modelo dirigido hacia sectores de futuro como la eco-industria, la aeronáutica, el sector aeroespacial, la biotecnología, la industria cultural, los servicios sociales y las TIC; al tiempo que sea capaz de aprovechar el valioso potencial de los sectores tradicionales (el turismo, la construcción, la agricultura, la industria) reorientándolos hacia las nuevas tecnologías y la eficiencia energética, para favorecer una mayor productividad y competitividad.
En ese camino hacia un nuevo patrón de crecimiento, al Gobierno de España le corresponde liderar, impulsar, legislar e incentivar, poniendo recursos económicos que actúen como estímulo; pero indudablemente el modelo productivo no se cambia por decreto, es el producto de las decisiones de cientos de miles de emprendedores, de PYMES, de autónomos, y por ello precisa la implicación de toda la sociedad y de la estrecha cooperación de todos los niveles de la administración, también de la autonómica.
Y sinceramente, en este momento crucial en el que tanto nos jugamos, no sólo echo de menos en España un Partido Popular menos agresivo, más reflexivo y más constructivo, sino que echo a faltar en nuestra Comunidad un gobierno autonómico menos partidista y menos crispado; y, sobre todo, añoro un Presidente de la Generalitat comedido, sereno, dialogante y volcado en trabajar codo con codo con el Gobierno de Zapatero para que Alicante, Valencia y Castellón lideren en España el cambio de modelo productivo y retornemos cuanto antes a la senda del crecimiento económico y a la creación de empleo.

