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Intervención de
Luis GOMEZ LLORENTE
(2001)
SALUDO A LA CORRIENTE IZQUIERDA SOCIALISTA
Compañeras y compañeros :
Todos los aquí
presentes comprenderán que es para mi sumamente emotivo venir hoy a esta casa
para saludar a los compañeros de Izquierda Socialista. Tan emotivo es que decidí
traer por escrito mi intervención para que el texto embride al sentimiento. Como
se simboliza en la imagen platónica de los caballos alados, que la razón lleve
siempre las riendas evitando que se desboquen los sentimientos.
Permítaseme, sin
embargo, expresar con moderación el afecto personal a todos los antiguos
compañeros aquí presentes; mi profunda simpatía por el dificil esfuerzo que ha
sostenido y mantiene la comente Izquierda Socialista, e incluso que evoque con
cariño a aquellos que ya no están entre nosotros, como Joaquín Martínez Yorman,
o Manuel Sánchez Ayuso, y también a los que se distanciaron de nuestras filas
encontrando alojamiento en otros ámbitos de la izquierda -con los que a veces
disentimos- y con los que, pese a todo, nos liga el recuerdo de el haber estado
siempre del mismo lado en la batalla social, habiendo compartido en su día
tantas labores y esperanzas.
Esperáis
probablemente que diga algo sobre el socialismo puesto que sino carecería de
sentido comparecer en esta reunión, pero me perdonareis que no pronuncie
palabras circunstanciales, porque acerca de la circunstancia política inmediata
cualquiera de vosotros que estáis activos en la acción política cotidiana, y en
la vida orgánica del Partido, sabéis mil veces más que cuanto yo pudiera
deciros.
Dedicaré en cambio los minutos restantes de esta breve intervención a reiterar cuatro. ideas que son signo de nuestra identidad colectiva.
Acaso este testimonio pueda servir como un
punto de
referencia más en vuestras reflexiones. Al fin y al cabo, saber donde estamos
ahora cada uno también dice algo de la trayectoria de la Corriente en su
conjunto.
Mirad: Pablo
Iglesias creó dos organizaciones con un solo y el mismo fin: la emancipación de
la clase trabajadora. Estas son el Partido Socialista Obrero y la Unión General
de Trabajadores. Tan socialista se es luchando por aquel ideal en el Partido
como en la Unión.
Algunos, que
iniciamos temprano nuestra vida civica reorganizando las Juventudes Socialista
allá por los últimos años cincuenta, encauzarnos luego nuestra militancia
preferente en el Partido, habiendo desembocado finalmente en poner nuestros
conocimientos y lo mejor de nuestros afanes al servicio de nuestro sindicato.
Más todavía que
escribir artículos o folletos por encargo de la FETE, me complace llevar por la
calle una bandera de UGT en la manifestación de cada 1° de mayo.
Hay un motivo por
el que los socialistas de viejo cuño nos sentimos muy a gusto en los sindicatos:
Los partidos pueden evolucionar hacia el interclasismo, y hacia una praxis
política contemporizadora con los poderes económicos, así como con la estrategia
internacional de las potencias hegemónicas, y a veces -preciso es reconocerlo-
no tienen otra alternativa. (Son los condicionantes de una estrategia que pugna
por ser mayoría en la democracia liberal parlamentaria). Pero. los sindicatos
son siempre, por definición, organizaciones de la clase trabajadora. Son
inexorablemente y mientras existan, los más legítimos herederos y continuadores
de cuanto significa en la historia el Movimiento Obrero. La tarea sindical no es
otra sino la defensa de los intereses de la clase trabajadora, sea frente a la
patronal, sea ante el Gobierno del Estado.
Pueden existir
ciertamente sindicatos que aún siendo. organismo de los asalariados, sean
infieles a la solidaridad de clase, y a estos les llamamos amarillos o
corporativos. Pero la UGT nunca fue corporativa; sigue siendo en eso como la
creó Pablo Iglesias, un sindicato de clase al que nunca -compañeros- debemos
marginar de nuestros planteamientos y de nuestras actividades.
He mencionado
"socialistas de viejo cuño", y aclaro: Con ello no me refiero a cuestiones
generacionales, no depende de la edad. Entiendo que son socialistas de viejo
cuño los que creen que aún cuando ahora se utilice un lenguaje edulcorado para
describir los fenómenos sociales, un lenguaje tan técnico y tan sociológico que
a veces resulta encubridor o desorientador, la explotación subsiste, la
contradicción de intereses - llámesele como se quiera- está ahí, que la
dominación de unos pueblos por la prepotencia de otros es inocultable, así como
que la llamada exclusión y marginalidad en nuestras sociedades, o el hambre del
mundo, serían evitables mediante el uso planificado de los recursos disponibles.
Un financiero
inteligente y experimentado como George Soros, que no ha olvidado su formación
intelectual originaria centroeuropea, no tuvo inconveniente en su más famosa
obra ("La Crisis del Capitalismo Global". 1999, Pag. 136) de citar a Carlos
Marx, elogiando en este punto su certera predicción de que el sistema
capitalista acabaría penetrando hasta el último rincón del planeta, y hasta el
último aspecto de la actividad humana susceptible de ser mercantilizado.
Y el propio Soros
llama la atención sobre los devastadores efectos que para la cultura y para la
moral tiene la mercantilización integral de la vida, esto es la imposición de
los valores mercantiles y de las reglas del mercado como criterios superiores
que de hecho rijan toda la vida social.
Si cada cual se
mueve habitualmente -como es ley del mercado- por el impulso de dar lo mínimo a
cambio de obtener el máximo lucro o beneficio posible, la desintegración moral y
social está tan asegurada, como el triunfo darwiniano de los más aptos para
competir.
Especialmente debe
preocupamos que el pensamiento y el gusto queden cada vez más subordinados y
condicionados por las manipulaciones del mercado, sometidos a las exigencias de
los intereses mercantiles.
Esto afecta a la
investigación, a la producción estética y literaria, a la conducción del gusto
para que se encauce como demanda de unos determinados consumos; a la idea misma
de felicidad que conviene imprimir en las grandes mayorías a fin de que se
sostenga un modelo de desarrollo económico a cualquier costo.
Mucho debiera
preocuparnos, pongamos por caso, que so capa de vincular la Universidad -sede de
la investigación y formación de las élites-a la industria y las corporaciones
sociales, haciendo depender la orientación de los estudios y de la investigación
de los intereses y de la financiación de esas entidades extrauniversitarias, no
acabe padeciendo en su más profunda esencia la autonomía universitaria entendida
como garantía del libre pensamiento y de la libre investigación.
La privatización
de las universidades, y de la enseñanza en general, es otro fenómeno indicativo
de la sujeción del pensamiento al control de intereses particulares no siempre
coincidentes, sino a veces contradictorios, con el interés general de la
sociedad y de la humanidad.
Si alguien me
pregunta: ¿Qué es lo diferencial específico del socialismo? Le respondería sin
vacilar: LA IGUALDAD. La igualdad entendida como igual libertad para todos.
Creo que el
socialismo surge precisamente de la crítica al concepto liberal de la libertad
por cuanto éste se reduce a esa forma de democracia formal que consiste en la
afirmación de las libertades individuales y del Gobierno representativo,
garantizando la autenticidad de esas valiosas instituciones mediante la técnica
de la separación de poderes.
Los grandes
pensadores socialistas asumieron la reforma liberal del Estado como un paso
positivo en la historia, pero fueron más allá, porque se dieron cuenta de que
con eso, y sólo con eso, una gran parte de los seres humanos no son real y
verdaderamente libres.
Se dieron cuenta
de que la libertad real de todos exigía liberar a los ciudadanos no sólo del
absolutismo, y del control eclesiástico de las conciencias, sino que era
necesario liberarles también de la prepotencia patronal, y del control que el
poder del dinero ejerce sobre la vida social.
Sólo mediante
reformas económicas profundas, y no sólo mediante revoluciones políticas, sería
posible acceder a la libertad real para todos, es decir, a la Igualdad entendida
como igual libertad.
Esto es la
sustancia espiritual del socialismo y su razón de ser en la historia de los
movimientos sociales. Resulta ya más accidental definir cuales y cuando son
oportunas esas reformas económicas profundas.
Sabido es que el
primer socialismo afirmó la necesidad de socializar íntegramente los bienes
productivos. Hoy nos movemos sin embargo en la estela del modelo concebido por
la socialdemocracia de entreguerras; es decir, en el modelo del Estado
redistribuidor de las rentas producidas; de un Estado cuya enérgica intervención
por vía fiscal y mediante empresas públicas,pueda sostener aquella serie de
servicios gratuitos universales que le hicieron merecedor de los apelativos
"Estado de bienestar", o "Estado providencia", en los años dorados de la
socialdemocracia europea.
De ahí que el
neoliberalismo concentre su enemiga antisocialista en su tendencia hacia el
Estado minimo. Saben bien que en una sociedad atomizada, compuesta sólo de una
suma numérica de individuos arrojados a una despiadada competitividad, la
hegemonía y dominación de los más fuertes está garantizada.
Nosotros por el
contrario afirmamos el valor de la igualdad por encima del principio de la libre
competencia a toda costa. Nosotros creemos que la posesión de ciertos bienes
imprescindibles para una vida digna tienen que ser garantizados a todos, y que
si esto falla, o en la medida en que falla, entra en quiebra la legitimación
moral del sistema. De ahí que nos parezca tan aborrecible el actual orden
mundial, y el proceso de globalización salvaje.
La libertad
económica de competir no puede ser utilizada legítimamente, como ninguna otra
libertad, para destruir o reducir a lo inane las libertades reales de los otros,
ni para imponer la dominación despótica de unos sobre el trabajo y/o sobre la
formación de la conciencia de los otros. De otro modo, carecería de sentido el
contrato social, o garantía recíproca del uso de las libertades.
Creo sinceramente,
que en la evolución de la cultura occidental, y especialmente durante la
modernidad, han tenido un desarrollo totalmente asimétrico los conceptos de
libertad e igualdad. Se ha progresado notablemente en el concepto de libertad;
incluso seguimos inventando nuevas proyecciones o derechos de la libertad
individual (intimidad, propia imagen, objeción de conciencia, elección de la
muerte digna, etc) todo lo cual es muy positivo. Pero en cambio parece estancado
el concepto de igualdad; lo que se ha de entender por igualdad entre los seres
humanos, y nos permitimos decir que es una sociedad respetuosa con la igualdad
aquella que está generando de nuevo más desigualdades y un número creciente de
marginados o excluidos. Si ahora preferís hablar de sociedad de los tres
tercios, o de la dicotomía abismal norte-sur, decís sólo con un lenguaje más
neutro lo que antes se dijo con un lenguaje más cargado de implicaciones
axiológicas.
El propio
movimiento feminista, tan basado en la palabra igualdad, se ha orientado hacia
la igualdad formal, o igualdad de derechos y obligaciones con los varones, y
todos nos felicitamos de los pasos dados en esa dirección. Pero ved también que
las más recientes voces en el seno mismo del movimiento feminista son las que
hablan de la discriminación y del mal trato del que son víctimas las mujeres
menos letradas y menos cualificadas profesionalmente, siendo su lamentable
condición indiferente al género de las personas que ejercen dominación sobre
ellas.
Ya dijo Rosa
Luxemburgo que no habría emancipación plena de la mujer desligando su causa de
la causa de la emancipación del trabajo, y que a su vez ésta dificilmente se
conseguiría sin la participación activa de la mujer en el trabajo, y en la lucha
por la emancipación colectiva.
No quiero
cuestionar con ello el acierto feminista de haber promovido organizaciones
autónomas, cuya eficacia ha quedado bien demostrada, sino señalar los límites
que tiene cualquier interpretación de la igualdad solamente referida a la
igualdad de derechos, si es que esos derechos no comprenden el acceso
garantizado por la sociedad a las condiciones de una vida digna, y muy en
particular el derecho al trabajo, así como a la indemnización correspondiente en
la situación de inactividad involuntaria.
Ahora entenderéis
por qué me entristece leer en determinados manifiestos y textos programáticos
que el concepto de igualdad se reduce al concepto liberal de igualdad ante la
ley y de no discriminación por razón de raza, religión, condición, etc tomándose
como paradigma de progreso social únicamente la idea tan de moda de "igualdad de
oportunidades".
Nosotros, que
debemos considerar la "igualdad de oportunidades" como un mínimo, no podemos
creer que sea el paradigma de nuestras aspiraciones de igualdad.
No podemos olvidar
su raíz mercantilista. Al fin y al cabo la "igualdad de oportunidades" es en el
mejor de los casos igualdad de posibilidades para competir, y bien sabemos que
en toda competición unos ganan y otros pierden; que el resultado de toda
competición es un orden jerárquico de superioridad y de inferioridad.
Con lo cual, puede
parecernos aceptable que la "igualdad de oportunidades" legitime las
desigualdades necesarias y permisibles. Pero nunca podremos aceptar que el
acceso a los bienes imprescindibles para una existencia digna pueda depender de
ninguna lucha competitiva.
No hay "mérito"
legitimo de nadie que pueda esgrimirse como título para justificar un sistema
que prive a otros de lo imprescindible para vivir como personas.
El hombre puede
ciertamente competir por la mayor o menor posesión de bienes materiales,
intelectuales y morales. Y esto ciertamente es una forma de distribuir los
bienes.
Pero el hombre
también puede cooperar, y establecer una distribución racional de bienes que al
menos en parte no tome como criterio de distribución el éxito en la lucha
competitiva; sino la necesidad real y actual en cada momento de la vida de los
seres humanos.
Compensar y
equilibrar ambas formas de distribución creo que fue el gran hallazgo de la
Socialdemocracia, sobre cuyos avances se basó la paz social de Europa por medio
siglo. Romper con aquella línea de progreso no es modernidad, sino pura
regresión, llámesele como se llame.
Llegados a este
punto, es justo reconocer que Izquierda Socialista se ha hecho acreedora de una
muy positiva estimación por su tenacidad en defender -contra viento y marea- la
aplicación del ideal igualitario sabiéndolo proyectar a las mediaciones propias
de cada coyuntura, intentando contribuir de este modo a que el PSOE siga
haciendo honor a su nombre y a su trayectoria histórica.
Para concluir, si
se me permite utilizar algún minuto más, diría que :
Si se me
pregunta en que ha consistido lo específico-diferencial del socialismo español,
contestaría con una palabra: PABLISMO.
Pablismo es el
estilo que infundió Iglesias a las organizaciones por él creadas. Iglesias se
consideraba a si mismo un fiel marxista, pero fue sobre todo un gran humanista y
un regenerador de la vida pública. Por eso lo respetaba tanto Ortega y Gasset, y
por eso lo admiraba y quería tanto D. Antonio Machado.
Sus principales
virtudes fueron la laboriosidad incansable al servicio de los trabajadores, su
seriedad, es decir, la implacable coherencia entre lo que pensaba, lo que decía,
y lo que hacia; su sereno arrojo para estar donde creía que debía estar, lo que
le llevó siete veces a la cárcel. Fue laico y republicano sin estridencias. Hay
que destacar su prudencia, por eso desconfiaba del mito de la huelga general
revolucionaria. Sin negar que en la sociedad habría un día un corte drástico,
operaba cotidianamente como un gradualista, pero sin abdicar de la meta.
Ese conjunto de
rasgos perfilan el pablismo y evocarlos, así como difundir los conceptos de las
grandes figuras de la historia del socialismo es otra de las tareas que creo
debemos asumir sobre todo quienes estamos alejados del fragor del día a día.
Cada tarea tiene su hombre y su momento.
Hablo a quienes
han sido capaces de mantener durante veinte años la continuidad y la coherencia
de un discurso político socialista; atravesando toda suerte de dificultades. Por
eso, lo mejor que puedo decir de quienes militan en la Corriente, es que
participan -como tantos otros socialistas y ugetistas en cualquier rincón de
España- de aquel modo de hacer, y de aquel espíritu, que se ha dado en llamar
pablismo.
Y
termino :
Perdonadme
si sólo he dicho lugares comunes de todos vosotros conocidos. Tomadlo al menos
como el recitado de unas creencias que ningún día debemos olvidar para que algún
día lleguen a ser el lugar común de toda la sociedad.
Las circunstancias
adversas pueden hacemos acatar hechos y formas de actuación hoy por hoy
inamovibles. Pero creo que nosotros no debernos contribuir a su consolidación ni
a hacerlos inamovibles en el futuro mediante el grave error de confundir la
necesidad y la virtud, llamando justo, bueno y- conveniente, a lo que es
simplemente inevitable en nuestro tiempo.
Las verdades de
hecho han servido para avanzar en la ciencia empírica, y en la tecnología. Pero
son las verdades de razón las que hicieron posible avanzar más en la
humanización de la cultura. El socialismo es un humanismo precisamente por
cuanto exige someter la racionalidad económica y la racionalidad técnica a una
racionalidad universal, cuyo supremo valor es la autonomía de la conciencia
moral individual, y la consecución de un orden convivencial sin opresión.
Ved, pues, el
valor que tiene mantener la llama de las creencias, creencias que recibimos a su
vez de los antiguos militantes, todo ello a fin de que otros más jóvenes, en
mejores circunstancias, lleguen a dar los pasos que nosotros no pudimos o no
supimos dar, pero de los que nos queda al menos plenamente vivo el anhelo y la
esperanza.
Compañeras y
compañeros : ¿Salud!