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Zapatero, en la jornada
Zapatero, en la jornada
Madrid, 26 de junio de 2008

Zapatero en la jornada sobre la crisis alimentaria

Intervención del líder socialista en el encuentro internacional organizado por el PSOE
26/06/08
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"Amigas y amigos:

En primer lugar, muchas gracias por su presencia y por el trabajo que va a realizar esta Conferencia que abrimos en este momento.

Mi reconocimiento, asimismo, por lo que les ha traído aquí: por su compromiso, sus actividades en organismos internacionales, universidades, foros donde habitualmente trabajan y hacen aportaciones en favor de una vida más solidaria, más justa, en esta sociedad global.

El Partido Socialista Obrero Español tiene un compromiso decidido, con los retos en torno a los cuales se decide, críticamente, el futuro de millones de seres humanos.

Hace pocas fechas, en el mes de enero, muchos recordarán que celebramos aquí, en Madrid, el Panel Internacional de Intelectuales Progresistas, que tenía como propósito inmediato asesorarnos en la elaboración del programa con el que íbamos a concurrir a las pasadas elecciones generales.

Aquel encuentro venía precedido de una relación provechosa con muchos de ustedes. Es una relación intelectual, abierta, sincera, que vamos a mantener en el futuro tanto con los participantes de aquel Panel Internacional como con nuevos expertos en diferentes materias.

Aquella jornada, aquel trabajo de expertos internacionales con el Partido Socialista, progresistas de todo el mundo, del ámbito del pensamiento, del compromiso social, fue útil al Partido Socialista: incorporaron ideas, objetivos, propuestas que ayudaron a nuestra victoria electoral, y por tanto mi agradecimiento es doble en este momento. Queremos seguir trabajando con todas esas personas que en el ámbito de las ideas ponen lo menor de sí mismo, de su talento, de su conocimiento, al servicio de causas justas y nobles.

Esta Conferencia evidencia un compromiso, y un propósito de profundizar y avanzar aún más en ese compromiso. Pretendemos una reflexión pegada a la realidad, más allá de la estrategia partidista, y ejercemos este compromiso, esta reflexión, y la movilización que debe traer como consecuencia, antes y después de las elecciones. Porque para nosotros hay temas que están por encima de cualquier coyuntura.

El asunto que se va a debatir en estas jornadas es el más urgente y grave que puede aparecer ante nosotros, ante nuestros ojos: la crisis alimentaria, o lo que es lo mismo, el riesgo cierto de que aún más millones de seres humanos sufran la miseria extrema, el hambre y el riesgo de morir. ¿Hay alguna cuestión que nos interpele más, que nos obligue más, que nos exija más? Mi opinión es que no.

Y perteneciendo al ámbito de los países desarrollados que han tenido la posibilidad de lograr un nivel de bienestar, esa obligación es aún mucho más fuerte. Por ello sí les quiero decir que el PSOE estará siempre a la cabeza de todos aquellos que lancen su grito, su movilización y su exigencia a todas las sociedades y a todos los poderes públicos en favor de quienes sufren la miseria y la falta de alimentos en un mundo que ha sido capaz de revolucionar tecnológicamente tantas cosas y transformar en bienestar muchas de sus sociedades.

Dos problemas subyacen en la crisis alimentaria, en la llamada crisis alimentaria.

En primer lugar, la desigualdad; la profunda desigualdad del mundo en el que vivimos, que se expresa en condiciones de vida dificilísimas, cuando no imposibles, para muchos seres humanos, que además se extienden a áreas enteras del planeta. Prácticamente se extiende a la gran mayoría de un continente, como el continente africano, tan cerca de nosotros y tan lejos en sus condiciones materiales y de vida.

No voy a dar cifras lacerantes, cifras que seguramente a muchos les podrían obligar a mirar hacia abajo. Se van a mencionar a lo largo del día, pero cada día todos los medios de comunicación podrían arrancar sus portadas con un titular: ayer han muerto en el mundo 20.000 personas de hambre como consecuencia de la miseria extrema. Cada día todos los medios de comunicación podrían arrancar con este titular.

La responsabilidad es mayor de los países desarrollados, de los países que gracias a la técnica han conseguido producir y establecer bases para el bienestar. Sin embargo, parece bastante evidente que los medios de los que disponemos, los mecanismos internacionales existentes son claramente insuficientes para afrontar el reto de la lucha contra la miseria y el hambre.

Sólo un liderazgo determinante, incuestionable, de Naciones Unidas puede representar un proyecto suficiente que dé esperanza y solución a ese objetivo de erradicar la miseria extrema en el mundo. Pero Naciones Unidas es y será aquello que los países y los estados, los gobiernos, le dejemos que sea, le apoyemos para que sea, para que decida, organice y, por tanto, tenga la capacidad de respuesta.

El presidente Lula, en septiembre de 2004, cuando constituíamos la Alianza contra el Hambre y la Pobreza, recordaba con las siguientes palabras qué es lo que ocurre en tantas ocasiones. Decía Lula: “Pero una vez terminadas las reuniones y apagadas las luces, parece que las personas vuelven a sus quehaceres cotidianos. Y entonces se olvida el hambre, para después recordarla cuando sucede una explosión como la de las últimas semanas”.

Comparto el sentimiento del presidente Lula, y por ello hemos propuesto una Reunión de Alto Nivel que celebraremos en España el próximo otoño, para que los compromisos adoptados en la Cumbre de Roma de la FAO para la seguridad alimentaria no se queden en el olvido.

Los Objetivos del Milenio, que van a ser evaluados el próximo mes de septiembre en la Asamblea General de Naciones Unidas, se pueden y se deben cumplir. Y se pueden cumplir si los países desarrollados cumplen como está cumpliendo España, que ha duplicado la ayuda al desarrollo en cuatro años, llegando al 0,5% del PIB y que en estos próximos cuatro años va a llegar al 0,7% y nos vamos a convertir en el país que más ayuda al desarrollo va a dedicar de las grandes potencias industrializadas del mundo.

Si todos los países que tienen la obligación, por su renta per capita, de dedicar la cuantía necesaria a la ayuda al desarrollo lo hicieran, cumpliríamos los Objetivos del Milenio, que a mí me parecen incluso insuficientes cuando estamos hablando de hambre, de miseria, de niños sin vacunas, de niños sin escuelas en tantos lugares del mundo.

Esta crisis alimentaria es fruto de varias causas. Entre otras, la crisis financiera vivida en Estados Unidos con las famosas hipotecas subprime. Es una crisis financiera fruto de un modelo neoconservador basado en el capitalismo sin fronteras, sin límites, y sin ética. Es fruto también del problema energético, de la subida del precio del petróleo, que ha disparado su valor a partir de la guerra de Irak y que ha incorporado los peores objetivos a lo que ha de ser una evolución respetuosa ante la lucha contra el cambio climático.

Es fruto también de un cierto dogmatismo que en Europa ha tenido vigencia y fuerza en torno a la agricultura. Hace apenas diez, quince años, Occidente creía que no debía producir agricultura y que las necesidades futuras de la humanidad de productos básicos alimentarios estarían cubiertas. Y sin embargo, se ha errado en las previsiones. Nadie ha dado una explicación. Lo cierto es que esa crisis alimentaria también tiene su causa en la falta de atención a la agricultura, y especialmente al abandono, a la falta de ayuda, para la agricultura en los países en desarrollo, en África especialmente.

Aquí es verdad que es una dificultad que suban los precios de los alimentos en un país como el nuestro, pero cuando suben los precios de los alimentos en países en desarrollo es una auténtica catástrofe humanitaria.

Por ello, para mí este es el primer problema en mi visión de las necesidades en el ámbito internacional, en la política exterior y en la construcción de un orden internacional nuevo, distinto, Hace pocas fechas lo expresé así en una intervención pública. Si me preguntaran la primera prioridad en mi política exterior, diría “la lucha contra el hambre y contra la miseria”. Y si no encauzamos toda nuestra acción, nuestros objetivos, nuestras estrategias, desde el punto de vista de lo que representan las relaciones internacionales, la promoción de la educación, de la ciencia, de la innovación, a través de ese último objetivo, estaremos fallando a nosotros mismos y por supuesto a esa renovación ética tan necesaria en las relaciones internacionales que espero que se produzca a partir del mes de noviembre.

Luchar contra el hambre es la gran prioridad, terminar con la miseria extrema es posible, y para ello también es útil que exista una visión internacional basada en la cooperación, en el diálogo. Para quien representa una fuerza política progresista como el PSOE, sabemos muy bien que vivimos un tiempo inédito en términos históricos, y ese tiempo inédito viene dado porque es la primera vez, la primera vez en la historia, que un esfuerzo pequeño de los países ricos puede acabar con la miseria extrema y con el hambre en el mundo. La primera vez, y eso sí que no puede esperar, esto sí que no permite disculpas, ni justificaciones, ni excusas: nosotros no las vamos a dar. Nosotros vamos a estar en este compromiso en primera línea, con hechos, apoyo, pero también con crítica y exigencia a quien no lo haga.

Albert Einstein dijo: “Todo cambió”. Y añadió luego: “Necesitamos una manera sustancialmente nueva de pensar si la humanidad ha de sobrevivir”. Esta cita aparece en el Informe de Desarrollo Humano de 1994, que giró en torno a la idea de la seguridad humana. Y la traigo aquí para afirmar que en la lucha contra la pobreza se debate no el morir o el vivir de la gente, no sólo el morir o el vivir de millones de seres humanos; se debate nuestra dignidad y nuestro futuro.

El hambre, la miseria extrema, la enfermedad, desafían nuestra conciencia como seres humanos, hasta lo más profundo de lo que somos y de lo que podemos ser; es algo más que un imperativo moral, es un poder mirar al otro, un poder decir que vivimos cerca de alguien, que de verdad deseamos para nosotros lo mismo que deseamos para los demás. Es el gran reto de nuestro tiempo, es el compromiso por el que merece la pena apostar, antes durante y después de la política, en cualquier continente; ojalá fuera desde cualquier ideología.

España está implicada en estos retos. He comprometido una ayuda de 500 millones de euros para el Fondo de Ayuda y de Emergencia Alimentaria, en la cumbre de la FAO, para los próximos años. Llegaremos, como dije hace un momento, al 0,7% de ayuda al desarrollo. Nos situaremos a la cabeza de los países desarrollados, pero no sólo haremos eso, sino que seremos exigentes y denunciaremos a los países que pudiendo hacerlo no lo hacen, a las sociedades a las que sus gobiernos no les hacen mirar de frente ante tanta desigualdad y tanta miseria.

Somos la octava potencia económica del mundo. Pero eso no nos hace ser mejores. Lo que nos hace ser mejores es que seamos los primeros del mundo en ayuda al desarrollo y en la lucha contra el hambre y la miseria. Ese es nuestro objetivo. Y además a España, que es un país que por su historia, por su geografía, es cruce de culturas entre el norte y el sur, entre Europa y América, entre Europa y África, le corresponde un papel de liderazgo, de conciencia crítica y de compromiso permanente.

Desde esa conciencia crítica, desde ese compromiso, nada mejor que dedicarse a esta tarea, nada más humano que exigir responsabilidades. Responsabilidades por lo que cada día sucede, a veces cerca de nosotros. Es verdad que no ocupa muchos titulares en los medios de comunicación; es verdad que ocupa poco debate público para la magnitud del problema y el alcance del mismo. Pero, de manera obligada, trabajemos por una visión de la convivencia fundada en valores de justicia, de solidaridad, de que las cosas sean posibles para la inmensa mayoría.

Ese trabajo es el que tenéis hoy por delante. Podéis estar tranquilos, no vais a perder el tiempo; podéis estar satisfechos, vais a hacer una aportación cada uno en la medida que pueda, a un fin noble, y podemos sentirnos orgullosos de que sea el Partido Socialista, Jesús [Caldera], que sea el Partido Socialista quien no va a cejar ante la situación de la angustia alimentaria que viven tantos seres humanos. Haremos lo que esté a nuestro alcance, y a todos los que vais a participar en esta jornada, mi abrazo y mi cariño, porque sois los que más merecéis la pena. Gracias."


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