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Felipe González, 1998

"¿Por qué no reclamamos una ética de la biodiversidad que proteja a la sociedad y la riqueza cultural, religiosa e identitaria de las personas que la forman?"

Eugenio Madueño. Barcelona. La Vanguardia, 1 de octubre de 1998

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El ex presidente del Gobierno Felipe González reclamó ayer, desde el altar de una iglesia del Raval, una ética de la convivencia que se fundamente en los criterios ecológicos. "Si todos aceptamos que es una barbaridad arrasar un bosque para plantar maíz, ¿por qué no reclamamos una ética de la biodiversidad que proteja a la sociedad y la riqueza cultural, religiosa e identitaria de las personas que la forman?"

Junto a Felipe González se sentaba el sacerdote romano Vicenzo Plagia, responsable espiritual de la Comunitat de Sant Egidi, la llamada "diplomacia paralela del Vaticano", y el obispo Joan Carrera, que moderó el debate   El tema, "En qué creen los que no creen", el título del libro editado por Empúries (va por la quinta edición) en el que se recogen las cartas cruzadas entre el jesuita y "papable" cardenal de Milán, Carlo Maria Martini, y el intelectual Umberto Eco, todas ellas a propósito del amor, es decir, del punto en el que se encuentran laicos y creyentes cuando deciden actuar a favor de los demás, sea desde la exigencia moral -los que creen-, o desde la exigencia ética -los que no-.

Felipe González, que se definió, como Eco, un laico de cultura cristiana, "es decir, un cristiano minusválido", explicó que había leído el libro en primavera y se había interesado vivamente por el tema . Abogó por el entendimiento entre los defensores de la fe -un regalo de Dios que se convierte en cruzada cuando quiere imponerse a los que no la tienen- y de la razón -que deviene fundamentalismo cuando se convierte en valor absoluto ; y citó a Stalin y a Hitler, herederos de la Ilustración-, y puso como ejemplo de diálogo y entendimiento a la comunidad de Sant Egidi, que ha protagonizado varios encuentros por la paz entre fuerzas políticas de países en guerra.

González abogó por el diálogo y la tolerancia entre creyentes y laicos argumentando que los primeros deben aceptar que su Dios les juzgará "por lo que hacen y no por lo que creen", y deduciendo que "a más tolerancia, mayores posibilidades de paz." (.)

Tanto Paglia como González coincidieron en la caridad como un punto de encuentro. Paglia se refirió a los laicos que aparecen en el evangelio de Mateo: "Tenía hambre y me disteis de comer"; y González a curas y monjas que ha visto entregarse a los demás -ética del compromiso, la llamó- sin condiciones ni límites, "y no para convertirlos al cristianismo sino para ayudarles como seres humanos."

 

 

 

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