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La primavera árabe se inició en Túnez y desencadenó un terremoto democrático en todo el mundo árabe, que ha afectado a toda la zona euro-mediterránea. Los dictadores árabes y sus protectores procedentes de las elites occidentales fueron amenazados y algunos incluso aterrorizados cuando los pueblos árabes mostraron su determinación de vivir en países libres y democráticos.
Túnez y Egipto ya han llevado a cabo elecciones libres y democráticas, e incluso ya han formado nuevas Asambleas parlamentarias. Sin embargo, el camino hacia la democracia no es recto y quedan muchos obstáculos por delante. La formación de partidos democráticos y la difusión de una cultura de la democracia entre hombres y mujeres, entre jóvenes y mayores, y entre las elites y los ciudadanos es un proceso largo. Las antiguas elites son reacias a desprenderse de sus privilegios económicos y su influencia es desproporcionada. El cambio político sustancial provendrá de aquellos que quieren un cambio real orientado hacia la justicia social, los que tienen algo que ganar con el cambio real. Un recambio menor de unos pocos individuos en el poder no es suficiente para proporcionar viabilidad a este proceso.
La religión puede ser una fuente de inspiración para el cambio verdadero y puede fomentar un impulso para la consideración de todas las personas como iguales. Las religiones suelen incluir componentes de caridad y compromiso de manera que ningún individuo pueda llegar a sufrir o morir de hambre. Las religiones también pueden motivar la lucha por la justicia social. Ejemplo de ello fue el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica con el liderazgo, entre muchos otros, del obispo Desmond Tutu. Pero también sabemos que el apartheid fue inspirado por teólogos cristianos. Podemos, pues, llegar a la conclusión de que cristianos y personas de otras religiones pueden usar sus religiones para legitimar tanto la justicia social como la discriminación y la desigualdad.
Nosotros apostamos por la religión como fuente de inspiración para el cambio verdadero y como impulso para el tratamiento de todos los seres humanos como iguales.
Como personas religiosas, declaramos nuestra convicción de que los seres humanos -hombres y mujeres- de todas las creencias, convicciones y tradiciones, son iguales delante de Dios de una manera fundamental, y que ningún líder político o religioso puede hacer caso omiso de esta igualdad. Esta igualdad tiene ramificaciones políticas que contribuyen a liberar al ser humano y promover la democracia y la justicia social.
El Congreso de la Liga Internacional de Socialistas Religiosos hace un llamamiento a los dirigentes políticos y líderes religiosos en los países donde se vive actualmente la “primavera árabe” para:
• Establecer cooperación de trabajo y confianza entre los líderes religiosos de diferentes tradiciones religiosas en los países de la primavera árabe. Estos consejos interreligiosos pueden proporcionar un nivel de confianza que hará que los líderes religiosos cooperen y actúen con prudencia en el caso de producirse crisis sociales.
• Iniciar las reuniones regulares entre los líderes religiosos y políticos en los países de la primavera árabe con el fin de mejorar el entendimiento mutuo y el respeto.
• Comprometerse a sí mismos para trabajar por el éxito del proceso democrático, que debe lograr la justicia social y la dignidad de todos y cada uno, apoyando constituciones que garanticen estos derechos.
Instamos a los líderes políticos en todos los países de las organizaciones miembros de la ILRS a:
• Apoyar los procesos que supongan el establecimiento de la democracia en los países de la primavera árabe con medios no violentos, y a facilitar la interacción entre la sociedad civil, incluyendo las religiones y las organizaciones políticas - en los países donde se encuentra instalada la ILRS- y en los países de la primavera árabe.
El Bien Común pide un conjunto de condiciones sin las cuales no es factible lograrlo. Entre estas condiciones de posibilidad se encuentran también las condiciones financieras y monetarias.
Texto completo de Fernando Vidal para el semanario Alfa y Omega, a propósito de una entrevista realizada el 7 de mayo de 2013 por el periodista Juan Luis Vázquez.
Cáritas Europa y otras seis redes no gubernamentales de la UE advierten en un documento conjunto contra la creación de una carta específica de derechos para los trabajadores temporeros que, en la práctica, los convertiría en trabajadores de segunda clase, con menos derechos que los trabajadores permanentes.