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09 Noviembre 09
A finales de los años 80 y principios de los 90 se produce en España una importante transformación en la banca Española. Llega a la alta dirección de los grandes bancos españoles una serie de personajes que desbancan a las familias que tradicionalmente venía rigiéndola hasta ese momento. Es la época dorada de los Conde, Botín, etc., que aterrizan al mismo tiempo en los medios de comunicación y en el papel cuché.
A principios de los 90 se produce la anterior crisis económica, agravada esta por unos altísimos tipos de interés. Esta situación supone una seria transformación de los bancos españoles (las cajas de ahorros se ven influidas en menor medida) por diversas fusiones de gran calado y que transforman definitivamente el panorama de la banca Española, ya nada sería nunca igual.
Se entra en esa época en una guerra de balances para ver quién es el que declara los mayores beneficios, sin mayores complejos, incluso a expensas de rozar los límites de la legalidad contable marcada por el Banco de España.
A pesar de ello, todo esto no se traduce en grandes beneficios para los trabajadores, que en muchos casos intentan mendigar una cláusula de revisión salarial en su convenio colectivo que les permita una vida digna. A pesar de ese momento lo que se hace es que se prima a los trabajadores que ellos determinan mediante el pago de determinadas primas o complementos de puesto totalmente al margen del convenio colectivo y por lo tanto no negociables con los propios trabajadores ni cotizables a efectos de seguridad social y sin que pueda ser tenido en cuenta a efectos de desempleo, jubilación, baja, etc. De esta manera lo que tenemos es que dos personas que desempeñan el mismo trabajo funcional no cobran lo mismo. Lo que sucede es que no es más rico el que más gana, de manera que el trabajador se amolda fácilmente a la nueva situación económica y lo que hace es acomodar sus gastos al nuevo sueldo, es decir no se ahorra, sino que gasta más, objetivo conseguido. El trabajador pasa a depender económicamente de este sobresueldo, lo que causa el efecto esperado por la empresa. Yo siempre lo comparo con la fábula del asno y la zanahoria, y que me perdonen la comparación pero así era la fábula. El animal siempre anda para coger la zanahoria que tiene atada justo delante de sus ojos a la que nunca llega por lo que anda sin descanso.
Durante esa época empiezan a salir al mercado una nueva gama de productos financieros, por lo que a los empleados de banca se les pone en marcha para la venta de los mismos sin apenas conocerlos. A los bancos ya no les basta con las “cuentas a plazo” de toda la vida, esto no era suficiente, con eso se ganaba lo justo. Se lanzan los primeros Fondos de Inversión. Estos productos les permiten manejar a su antojo el beneficio, ya que al beneficio puro del producto, enmascarado en la maraña de un conjunto de partícipes del mismo fondo, hay que añadir los famosos gastos de gestión del fondo, de manera que el margen lo fija el banco y el cliente empieza a no controlar el beneficio exacto. A estos primeros fondos, con el tiempo, se van añadiendo otros de peor control para el cliente ya que estos juegan todo o parte en bolsa y en donde el descontrol para el cliente es total. Los inicios eran buenos, todos ganaban y nadie se quejaba. El problema viene cuando algunos de ellos empiezan a vencer y los resultados obtenidos no son los esperados, entonces empiezan las quejas de los clientes, las reclamaciones y las denuncias ante el Banco de España. Algunos de ellos logran resarcirse al no haber ni siquiera firmado la solicitud, lo que se traduce en sanción o bronca para el empleado de turno. El mismo al que se empujaba desde la dirección del banco si no a mentir, si a no decir toda la verdad.
Llega el siglo XXI y la CNMV (COMISION NACIONAL DEL MERCADO DE VALORES) y el Banco de España, siempre por detrás de la Banca, dicta normas para evitar estas llamemos anomalías y ahora se nos hace firmar un documento en dónde somos conscientes de que nos puede engañar y se nos vende como que son normas de Europa, más burocracia para nosotros, así que firma aquí.
En esa época las normas para la concesión de préstamos y créditos suelen ser las mismas para todos. Cuando compras el piso lo primero que se te dice es que te financian hasta el 80% de la inversión, lo que te obliga, por tanto, a tener ahorrado un mínimo del 20% de la inversión más los gastos que se deriven de la misma, aparte de mobiliario y reformas.
Todo ello cambia con el boom inmobiliario de los últimos años, la Banca no quiere dejar pasar la oportunidad de ganar dinero que este panorama les ofrece. Aunque el trabajo sigue sin ser estable esto no parece preocupar a nadie, aunque desde los sindicatos se sigue reivindicando, pero los sueldos parecen buenos y además en muchos casos trabaja el matrimonio, lo que se traduce no en un mayor ahorro sino en un mayor endeudamiento al tener una mayor capacidad de reembolso mensual. Desde todos los sectores se incita al consumo y la banca se apunta al carro, cómo dejar pasar esta oportunidad. Lo del 80% ya no tiene sentido, te financiamos el 100%, los gastos derivados de la operación y si necesitas algo más lo pides, tarjetas de crédito y préstamos al consumo, lo que necesites.
Pero llegó la crisis y empiezan los problemas. Los sueldos se reducen, con suerte, otros son directamente despedidos. Para evitar la espantada de los depósitos de los bancos, lo que hubiera agravado ostensiblemente la situación, el Gobierno amplía la garantía ofrecida por el Fondo de Depósitos. Luego, para aliviar la falta de liquidez de determinadas entidades, todos entendemos Cajas de Ahorros, propone la compra de activos sanos a estos. Esto es mal interpretado como que el Gobierno regala dinero a la banca, cuando realmente esto no es así. El Gobierno lo que hace es comprar activos sanos, es decir préstamos saneados y nada problemáticos, a cambio de lo cual la entidad obtiene liquidez. La sorpresa nos viene cuando algún medio de comunicación publica una supuesta lista de las entidades que participan en esta operativa y descubrimos que los grandes bancos también entran en estos tipos de operaciones y no sólo las Cajas de Ahorros.
Además, ante la bonanza económica anterior todas las entidades de crédito se dedican a la apertura de nuevas oficinas, aunque a veces sin pies ni cabeza, con oficinas con menos de 500 metros de distancia o aperturando oficinas del mismo grupo en una misma plaza. Recuerdo haber visto en una misma localidad una oficina del Banco Popular, abriendo una oficina del Banco Pastor y otra del Banco de Andalucía, los tres pertenecientes al mismo grupo y a esta fiebre o a su cabeza se instalan las cajas de ahorros que realizan una expansión brutal a nivel nacional, pero claro esto crea empleo y quién puede quejarse de ello.
Durante la primavera y parte del verano la Banca Española espera frotándose las manos el abaratamiento de los despidos por parte del Gobierno, lo que algunos disfrazan por miedo llamándolo “REFORMAS ESTRUCTURALES DEL MERCADO DE TRABAJO”, lo que le solucionaría el problema del exceso de personal por la apertura de oficinas que ahora tiene que cerrar. Esperan que el problema generado por ellos mismos se lo solucionen otros, cosa que por suerte no sucede, no es justo que paguen los platos rotos los que no se han lucrado anteriormente, y lo que demuestra que sacan tajada de cualquier situación, por buena o mala que parezca. Como esto no sucede empiezan con políticas de no renovación de contratos de trabajo a los eventuales, prejubilaciones anticipadas a mayores de 55 años y bajas incentivadas, el tema es resolver su problema que es lo único que les preocupa.
Y la puntilla nos llega hace unas semanas con la jubilación del Consejero del BBVA al que se le asigna una pensión de jubilación de 3,5 millones de euros por año, indigno no solo en la situación actual. El otro día oí en la radio que para ganar eso un trabajador de Burundi necesita unos 100.000 años de su vida, repito INDIGNO.

