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13 Octubre 10
Estos últimos días estamos asistiendo a un desfile de titulares que se refieren a si tal político será incluido en las listas electorales o no…., o si aquél otro será excluido por estar en situación de imputado…
Incluido… excluido… imputado… yo no voy a escribirles sobre este tipo de inclusión/exclusión, sino de otra menos mediática, pero más dramática: la que viven miles de personas en nuestro país, en nuestro viejo continente y en el mundo en general.
En los tiempos que corren, hay a quienes les interesa que todos parezcamos iguales: todos los políticos somos corruptos, todos los gitanos son delincuentes, todos los franceses son xenófobos… (¡qué curioso que cuando uno quiera tapar sus vergüenzas pretenda confundirse con “la igualdad de todos”, pero pretenda vender su diferencia cuando se trata de destacar supuestos logros!).
Pues no: el derecho a la inclusión no es igual para todos, los derechos sociales no se respiran de igual forma en una sociedad u otra, y los derechos humanos no se disfrutan de igual manera en un país u otro.
Al igual que todos los políticos NO somos iguales, todas las políticas sociales NO son iguales. Existen diferencias entre la defensa de los derechos (entre ellos, el de formar parte de la sociedad) que hacen las políticas socialdemócratas, con respecto a las políticas de derechas.
Este 2010 que ahora finalizamos, es el año Europeo de Lucha contra la pobreza y la exclusión social.
¿Quién se ha enterado?, ¿Además de los que por circunstancias estamos relacionados con el tema? ¿Quién? Muy pocas personas. ¿Por qué? Porque la pobreza no vende. Porque la exclusión social no interesa si no me molesta en mi calle, en mi barrio... porque la marginación no existe si no me toca de cerca (sea porque la padezco, o porque he de sufrir alguna de sus indeseables consecuencias, al convivir en cercanía de excluidos...). Porque los pobres son invisibles hasta que su visibilidad me molesta, me inquieta, me interroga...
Pues debemos recordar que en Europa, a pesar de ser una de las regiones más ricas del planeta, aproximadamente 80 millones de personas (el 17%) carecen de los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas.
En nuestro país (datos del INE), el 13,7% de los hogares manifestó llegar a fin de mes con mucha dificultad y uno de cada tres hogares no tenía capacidad para afrontar gastos imprevistos, llegando a un 19,5% de la población residente en España que estaba por debajo del umbral de pobreza relativa.
Esto ocurría a lo largo del 2009. Durante este año ha habido fluctuaciones de todo tipo y esperamos que las nuevas actualizaciones de datos sobre la pobreza arrojen algo más de optimismo hacia la realidad de muchas familias.
Mientras tanto, estoy convencido de que la solución no pasa por extraditar a los pobres, juzgándolos (sin juicio) y sentenciándolos como delincuentes, expulsándolos fuera de las fronteras donde vivimos… porque lejos no molestan, ni consumen recursos nacionales.
El giro en positivo puede empezar en hacer que los que más tienen, aporten más… como ha solicitado el presidente Zapatero en la ONU con la tasa a las transacciones bancarias (los mismos bancos que recibieron la ayuda de los Estados para ser rescatados). Así como en una reforma de la fiscalidad que tenga entre sus objetivos principales hacer más Estado, fortaleciendo el Estado de Bienestar y las políticas sociales.
Acabo como inicié. No todo es igual, no todas las políticas sociales son iguales: las políticas socialdemócratas protegen la inclusión con mayor ahínco que las neoliberales.
He de confesar que no deja de resultarme gracioso que ahora los señores de derechas quieran erigirse como salvadores de una crisis que provocó su modelo socioeconómico… impulsándonos a este batacazo internacional.
¡Las recetas antes, señores! Ahora: sumen fuerzas, en lugar de restar, para obtener réditos electorales!

