Partido Socialista >> Izquierda Socialista >> Documentos >> Memoria Histórica
CUANDO EL PASADO VUELVE POR LA VENTANA
JOSÉ ANTONIO PÉREZ TAPIAS
Diputado socialista
Sabemos desde Freud que lo reprimido no queda suprimido por quedar arrojado al sótano de lo inconsciente. De ahí que siempre retorne y que lo haga de la peor manera. Las neurosis y otras patologías psíquicas son el resultado que a la postre termina corroborando aquello que dice un conocido aforismo: lo que se expulsa por la puerta acaba de vuelta colándose por la ventana. No se había ido, estaba ahí, escondido, esperando el momento del regreso.
La enseñanza que nos transmite el padre del psicoanálisis vale para los avatares de las trayectorias biográficas de los individuos y también, salvando las distancias, para procesos que tienen lugar en la trayectoria colectiva de las sociedades. También en éstas, sea en el conjunto de la sociedad, sea en un sector de ella, encontramos procesos de represión y, por consiguiente, de mala elaboración de experiencias almacenadas en la memoria colectiva. En tales casos, con frecuencia resulta que aquello, especialmente lo negativo, que parecía estar superado por corresponder a etapas históricas pasadas, asoma al cabo del tiempo. Y lo hace tan obsesivamente que cualquier observador externo puede calificar como irracionales los comportamientos a que da lugar esa fijación de lo reprimido. Veamos un par de casos, uno más lejano y otro próximo, constatados en el ámbito político.
No hace mucho, diputados y senadores españoles que asistíamos a la Asamblea parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa que se celebraba en Vilnius (Lituania), pudimos presenciar, al igual que los colegas de otros países, un caso significativo de esa vuelta de un ominoso pasado que se cuela por la ventana. Ante una resolución de la Asamblea en la que se abogaba por un mayor respeto a los derechos humanos en Europa, partiendo para ello de lo que supuso la terrible experiencia de los totalitarismos nazi y stalinista, un representante ruso tuvo reiteradas intervenciones impugnando vehementemente esa consideración del stalinismo como un totalitarismo considerado a la par que el nazismo. Pasó a argumentar que los rusos se enfrentaron al nazismo sacrificando millones de vidas en la “Gran Guerra Patria” –lo cual nadie infravalora-, con Stalin a la cabeza de esa gesta heroica. ¿Cómo podían parangonarse el nazismo y el stalinismo, poniéndolos al mismo nivel en tanto que totalitarismos?
La mencionada resolución fue aprobada por mayoría, pero eso no zanjó la discusión. Desde la delegación española intervinimos tratando de aportar al debate perspectivas que lo desbloquearan. Para ello insistimos en que la memoria histórica, con su dimensión ética, era recuerdo de las víctimas que no debe olvidarse y que a todos obliga, tratándose de víctimas injustamente asesinadas –no hablábamos de héroes, siempre reconocidos como tales por cada una de las partes-. Tal recuerdo vivifica una democracia que no debe ser amnésica. Alguno de nosotros, desde su condición de socialista, dijo también que en España, por ejemplo, la derecha democrática no tiene por qué cargar con el estigma de la dictadura, pues la transición hacia la democracia supuso la ruptura con el franquismo. A nadie democráticamente decente se le ocurre –subrayamos en aquel foro internacional- legitimar en modo alguno al régimen instaurado por los vencedores de la Guerra Civil , estableciendo de camino una conexión directa entre un partido democrático, aunque sea de derechas, y el franquismo. Tras un discurso así, los italianos nos manifestaron que compartían lo expuesto: a ellos les había pasado otro tanto con el fascismo. ¿Por qué, entonces, el representante ruso se instalaba en ese rechazo de la consideración del stalinismo como totalitarismo, para quedarse sólo con la loa al mismo atribuyéndole en exclusiva la resistencia patriótica frente al nazismo, reconstituyendo en clave nacionalista el vínculo entre aquella etapa de la Rusia stalinista y la actual Rusia postsoviética?
No es momento para un relato detallado de las reacciones a esa postrera legitimación del stalinismo, aunque se puede señalar que las mencionadas palabras desencadenaron respuestas poco diplomáticas entre los anfitriones lituanos, con recuerdo reciente de la independencia respecto de una URSS en trance de disolución y con memoria muy viva de lo que supuso la anexión a la misma, que consideran gestada inmediatamente antes de la II Guerra Mundial en virtud del pacto Molotov-Ribbentrop como acuerdo para el reparto de zonas de influencia entre Hitler y Stalin. Reacciones como ésa de los lituanos y expresiones de nacionalismo ruso como la comentada tienen su explicación. Recientemente hemos podido leer en la prensa española un artículo de Monika Zgustova, titulado “Rusia y el Ministerio de la Verdad ”, aportando claves de ese neonacionalismo ruso que hace presentable al stalinismo a partir de su confrontación con el nazismo, obviando todo lo demás, desde las purgas y campos de concentración hasta matanzas como las de Katyn, donde fueron asesinados miles de prisioneros polacos. La periodista rusa señala al mismísimo Putin como impulsor de tal reconstrucción nacional a costa de la memoria histórica y desde instituciones que vienen a operar como el “Ministerio de la Verdad ” de la antiutopía orwelliana. Así, en el insuficiente proceso de democratización de la Rusia actual, se construye un discurso nacionalista de legitimación del nuevo Estado desde una interpretación de la historia en la que lo reprimido –el pasado totalitario-, que parecía haber sido expulsado por la puerta con el despuntar de la democracia tras la caída del comunismo, vuelve por la ventana. Para sorpresa de ingenuos, no había sido suprimido ese poso stalinista.
Dado que fenómenos análogos se presentan por muy diferentes latitudes, nos hemos topado con que aquí y ahora, en Granada, se nos muestra una derecha política que no sólo se resiste a retirar un monumento a la Falange erigido en las postrimerías de la dictadura, sino que desde el gobierno municipal de la ciudad se rechaza colocar en la tapia del cementerio, bajo cuya sombra fueron fusiladas miles de personas durante la guerra civil y los años siguientes, una placa en recuerdo de las mismas. Todavía hay quien dice, con la soberbia del vencedor, que “no hay que hurgar en las heridas del pasado”. Como ha dicho el hijo de una de las víctimas de aquella masacre, ha sido una vergüenza que esas palabras se hayan llegado a oír en el salón de plenos del ayuntamiento de la ciudad. Pero tras la indignación por tal negativa y su mala justificación, cabe pensar que, efectivamente, en la derecha española hay quien no ha dejado atrás los posos del franquismo. Pareció que quedaron expulsados por la puerta que abrió la instauración de la democracia, pero resulta que una y otra vez vuelven por la ventana. ¿Fuimos demasiado benévolos al decir, quizá a veces incluso por mor de la cortesía parlamentaria, que el franquismo quedó atrás? Quiero pensar que hicimos bien, pero a la vista de los hechos tengo mis dudas. Y alguna pregunta que me asalta: ¿estarán pensando algunos en un “Ministerio de la Desmemoria ”? ¡Por favor, que se multipliquen los liberales en el PP y digan algo, al menos que entre ellos y el franquismo no hay un hilo de continuidad!
(Artículo publicado en el diario IDEAL de Granada el 2 de octubre de 2009)