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El profesor
Luis Gómez Llorente en su trabajo “Laicismo y educación en España” considera el
laicismo como uno de los elementos esenciales en la lucha por la democracia, más
hondamente entendida como la lucha por la liberación colectiva de los pueblos y
por la liberación de la conciencia íntima de cada ciudadano. Compartimos este
planteamiento de Gómez Llorente, aunque hemos de lamentar que el oscurantismo
primero y, el nacional catolicismo después hayan impedido que el laicismo se
asiente con firmes raíces en España.
Muchos de
nosotros sentimos irritación y vergüenza cuando a través de la televisión
contemplamos las imágenes del funeral, en la Catedral de la Almudena, de las
víctimas del atentado terrorista del 11-M. En aquellos trenes viajaban un
verdadero mosaico de personas pertenecientes a diversas culturas, etnias,
religiones y países de origen. Sin embargo, pasando por encima de este hecho
apodíctico el funeral fue católico cuando debería haber sido un funeral de
estado... pero así están las cosas.
Creo que pocas
personas con un hondo convencimiento democrático ponen en duda que es
imprescindible fortalecer el laicismo en nuestro
país.
No deberíamos
olvidar los socialistas que ya Pablo Iglesias y los fundadores del partido
defendieron, nítidamente, un estado laico. Los acontecimientos históricos
vividos por nuestro país deberían llevarnos al convencimiento de defender en
cuantos foros sean necesarios y con el máximo respeto a las opiniones y a las
personas, que el estado democrático ha de ser laico.
Esperamos que
se anuncie el plazo para la aprobación del denominado “Estatuto de laicidad”. Lo
consideramos necesario y sería conveniente que fuera aprobado y estuviera en
funcionamiento antes de que finalice la presente
legislatura.
A los
demócratas nos corresponde la honrosa tarea de practicar y favorecer la
extensión de los valores laicos, entre los que la tolerancia y el respeto a la
libertad de conciencia ocupan un
lugar destacado. Un laico es alguien que piensa que el hecho moral no
proviene de una instancia exterior sino que proviene del hombre mismo; por eso,
el laicismo tiene un carácter emancipatorio y surge y echa sus raíces en
periodos tan activos y humanistas
como el Renacimiento y la Ilustración.
No podemos,
tampoco, conformarnos con lo anteriormente expuesto. Hemos de ir más allá y
elaborar ideas y propuestas para que el partido las haga suyas y las incorpore a
su oferta programática.
Hemos de
defender, por ejemplo, que la politicidad del Estado Laico no es concordataria.
Esto, en buena lógica, debe propiciar una revisión del concordato en todos sus
aspectos, no sólo en la financiación y en una separación real y efectiva de las
iglesias y del estado.
Sería
conveniente asimismo que asumiéramos que los cargos electos del Partido
Socialista Obrero Español, deberían adoptar el compromiso de no representar al
Estado en actos puramente religiosos de cualquier confesión.
Finalmente nos
pronunciamos por recuperar, tras la paralización que han supuesto los resultados
adversos en los referendums francés y holandés, el proyecto de una Constitución
Europea como proceso hacia una Europa política. Esto sería posible si
relanzásemos el proceso constituyen europeo como estandarte de valores de
ciudadanía. Poniendo el énfasis en los valores de ciudadanía como eje
vertebrador de Europa, superaríamos planteamientos ideológicos caducos y
haríamos de la democracia la seña de identidad más característica de ese espacio
que hemos dado en llamar Unión Europea.