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14 Diciembre 11
Quién lo iba a decir, cuántas vueltas puede dar la vida, cómo puede llegar a cambiar la realidad y cuánto puede soportar nuestro espíritu las sorpresas que le puede dar la vida. Probablemente todo tenga un límite, pero todavía no se ha encontrado en estos menesteres, por ello que hasta la más extravagante de las imaginaciones fruto de las más variopintas mentes, de esas que existen en nuestra heterogénea humanidad, pueden quedar sorprendidas por lo anecdótico del devenir del tiempo y de los seres que actuamos con determinación acertada o firme torpeza por los viejos caminos de este mundo. Esto resulta muy curioso en nuestra actualidad, porque hoy como nunca existe entre nosotros un gran interés por lo diferente, lo anómalo y lo caótico, y aunque transiten por ahí cazadores de innovadores, profesionales que buscan con denuedo a creadores de corrientes de opinión, de expresión, de moda, etc, el caos es el caos, es decir, la tontería es la tontería y nadie puede ponerle puertas al campo.
Qué mundo el nuestro, y es que a pesar de tantos años viendo cosas con la firme convicción de no querer sorprenderse por nada, la vida va y te pone en la perplejidad más absoluta, en la incredulidad más severa, etc. Porque seguro que no hay nada como ver a un señoritingo, por no darle otro calificativo a este retoño de otro tiempo, criticando a los campesinos andaluces y llamándoles vagos, gente que no quiere trabajar. Válgame el señor, o no me valga si es fruto de su divina providencia poner en boca de este papanatas tal majadería.
No sé si este Cayetano, este privilegiado consanguíneo y heredero de dudosos méritos personales, conoce a algún campesino, si los ha visto por la tele, o por un telescopio desde su alcoba de playboy, desde la silla de su caballo mientras que salta algún obstáculo de palo y no existencial. Pero yo creo no conece a ningún agricultor andaluz, porque yo sí tengo la suerte de conocer a muchos y todavía no he visto uno que sea un vago, repito con fórmula muy sencilla; ningún agricultor andaluz es un vago, ninguno. Conozco a muchos, muchos hombre y mujeres que están viendo que su economía, sus ilusiones y sus vidas se están hundiendo hoy día por intereses comerciales opacos, por oscuras redes comerciales que les impiden disfrutar de un margen de beneficio digno para vivir y por subvenciones que acaban en manos de aristócratas con patrimonios de magnitudes medievales. Qué vergüenza y qué desvergüenza. Tal vez este aristócrata, cuyas cualidades más próximas a los malandrines que a cualquier otra virtud humana, pretenda revivir ese viejo derecho de pernada del que disfrutaron sus antepasados emparejados entre ellos, tal vez por ello tanta tontería en la boca, tanta idiotez en la cabeza, y una más que posible intención de que además de querer sodomizarnos tendremos que poner la vaselina, con perdón. Han perdido el miedo, probablemente ya no nos ven fuertes, revolucionarios y levantiscos, al contrario nos ven sumisos y derrotados, algo de culpa tendremos, especialmente nuestros representantes, porque hemos guardado conceptos nuestros e indispensables; la tierra para el que la trabaja, cooperativismo, reforma agrícola, modernidad, etc. Vemos el campo desde la distancia, lejos de nuestras ciudades, de nuestros colegios, de nuestras universidades, de nuestros ideales e incluso de nuestros pueblos.
No sé cómo se atreve Cayetani-ni a levantar la voz en público para criticar a la gente que le rodea, a la gente más valiosa de mi tierra. No sé cómo se atreve y me enfada que sea capaz de hacerlo, me enfada porque la gente, como él, han sido una lacra para nuestra tierra, fueron, son y pretenden seguir siendo esos indeseables parásitos acostumbrados a mirar por encima de su hombro a todo el que le rodea.
Pero vivimos tiempo de falta de conciencia histórica, vivimos tiempos en los que parece que se nos ha olvidado de dónde vienen unos, hacia dónde van otros y qué quiere cada cual. Una época en la que todo vale, en la que valen esos programas televisivos llenos de papanatas, esos programas en los que ricos y mafiosos enseñan sus lujosas casas, sus modos ostentosos de vivir. Tiempos de friquis y frescos-as. Tiempos de otra vuelta de tuerca más, como el viejo libro de Henri James, para sacarnos el tuétano, para esclavizarnos y someternos a un mundo en el que no nos quieren sino es como carnaza o consumidores.
Tiempos de derechas, de más derechas que las derechas, tiempos de críticas y más críticas a los andaluces, porque no nos quieren. No quieren nuestra imaginación, nuestra alegría, nuestra creatividad y nuestra entrega a la vida. Así vemos, además de este Cayetano (grande en vicios humanos), a Durán y Lleida, a Ana Mato, Vidal Quadras, Cospedal, Artur Mas, Esperanza Aguirre. Las derechas no quieren a los andaluces porque somos el último reducto de la izquierda, tal vez quieran volver a ver a los andaluces, como en otros tiempos, acinados en esos poblados de chabolas del extrarradio de Madrid o en las playas de Barcelona, trabajando por dos pesetas al día, menos que valía el pan con el que debían alimentarse. Menudo caballero medieval, menuda burguesía del XIX y menuda derecha tiene este país.
Pero no me convencen, cuanto más hablen, menos me convencen sus argumentos. Por ello, yo me enorgullezco de los campesinos de esta tierra, de todos sus trabajadores-as, de Seneca, Adriano, Trajano, Averroes, Cervantes, Murillo, Velázquez, Mariana Pineda, Picasso, Machado, Lorca, Alberti, María Zambrano, Falla, etc. Tal vez los catalanes, los madrileños, los señoritingos y todos los que piensen parecido, deban saber que lo mejor que hay por estas tierras de España está en Andalucía, y si hay lustre en algún otro rincón de este país de rencorosos es porque nace de algún emigrante andaluz que fue a buscar mejor ventura para su vida en otros sitios, lugares que deben estar agradecidos porque tuvieron la fortuna de ser los elegidos para ellos asentarse.
Un saludo y ánimo.
FP
Una vez más tenemos a nuestro alcalde en los noticiarios locales, y una vez más lo tenemos como sujeto activo en contra de los intereses de su pueblo. Ni más ni menos que haber contribuido al retraso de las obras de canalización de la presa de Rules. La cuestión es saber qué busca Fermín con estas amistades que ahora frecuenta; autopromoción, autobeneficio, torpeza, .... Eso sí, cualquier cosa menos el debido interés por el progreso de todos los molviceños-as.

