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Españoles, Franco ha WERTo.

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Nuestro sistema educativo está siendo minado desde sus cimientos por los ideólogos-pedagogos más conservadores del PP, aunque Wert, como buen toro bravo de no sabemos qué ganadería, haya sacado pecho y personalizado en su figura este disparate de reforma educativa. Los principios básicos que se expresan en la introducción del nuevo proyecto de ley hacen acopio de una serie de conceptos muy rancios con los que la derecha ha concebido y concibe la educación, escondiéndose y excusándose bajo un engañoso lema que aparenta ser actual, la "mejora de la calidad". Lo más grave es que tras esos primitivos principios se camufla un claro ataque a la concepción de la educación como pilar básico del estado social de derecho que tenemos los españoles. La función niveladora (igualitaria) que ha de tener todo sistema educativo público desaparece con esta ley, en su lugar tenemos un concepto selectivo e insolidario de la educación. Dice ese preámbulo que con esta ley se pretende alcanzar la excelencia, la calidad, una "solución" al fracaso de nuestro actual sistema educativo. Lo curioso es que los gobernantes del PP se esconden tras el ideal de  la "calidad" al mismo tiempo que  toman decisiones diciendo que no es determinante tener mucho presupuesto de gasto para tener un buen sistema educativo (reducido en un 20% en este curso), ni tener muchos profesores (40.000 profesores menos este curso), ni tener pocos alumnos-as en clase (incremento de las ratios en este curso). Piensan lo dirigentes del PP que lo importante es el aspecto selectivo, es decir, más autoritarismo y suspender a los que tienen que suspender, pero lo peor de todo esto es que las personas, los alumnos-as, no pueden desaparecer, aunque sean malos estudiantes, por los diversos motivos que la realidad y ellos mismos imponen, seguirán ahí. Con esta pócima, tan peculiar y tan disparatada como el famoso “bálsamo de fierabrás” que Don Quijote ofreció al dolorido Sancho, la derecha pretende solucionar los problemas del fracaso escolar, el absentismo, la violencia, la desigualdad de medios, etc.

Aparecen conceptos nuevos para los más jóvenes, pero de la época de Matusalén, como el de las revalidas en distintas etapas. Conviene recordar que no es casualidad que estas pruebas serán realizadas por empresas evaluadoras externas y privadas, contratadas por el gobierno y que, como es lógico en la ideología del PP, tratarán de mostrar que lo privado es mejor que lo público. Podrán alcanzar pronto buenos argumentos por una sencilla y malévola razón, en la pública se tendrán abiertas las puertas a todo el mundo, como debe ser, y la privada o la concertada no, sólo estarán en ciertos barrios de las ciudades y sólo tendrán acceso a ella los más ricos, la pública tenderá a convertirse en un gueto problemático del que huirán los alumnos-as que tengan padres que puedan permitirse pagar. Conviene recordar que en estos años la comunidad de Madrid desgravaba fiscalmente los costes de las familias que matriculaban a sus hijos en la privada y recortaba el presupuesto de la pública, se gastaban 50 millones en una campaña para promocionar al profesorado y les llamaba vagos por oponerse a los recortes de plantillas, blanco y en Botella o en Aguirre...

Desaparece la selectividad, por qué, muy simple, aunque parezca contradictorio, dado el estrés que genera en el alumnado, es ventajosa para la educación pública y niveladora para el conjunto del alumnado. La selectividad es un medidor común para todos los alumnos-as de bachillerato en su afán para acceder a los estudios universitarios más demandados, un modo de evitar las notas "infladas" que se hacen en los centros privados (el negocio es el negocio), y esto queda demostrado en que año tras año los mejores resultados salen de los alumnos-as de los centros públicos, pero esta calidad no gusta en el PP.

No quiero entrar en los temas lingüísticos que afectan a otras comunidades autónomas (Cataluña, Euskadi, Galicia, Baleares) o en las concepciones de la historia nacional o nacionalista, un bodrio porque no entiende que el nacionalismo tiene el mismo problema en Barcelona, en Vitoria, en Santiago y en Madrid, los excesos identitarios. No quiero entrar en el famoso principio constitucional de elección libre de los padres de la educación de sus hijos, otro bodrio por concebir la libertad como el ejercicio de ruptura de cualquier obstáculo para la fe católica o el ideario franquista de España. No quiero entrar en la incursión de las empresas privadas en la formación profesional que convertirá a todos los alumnos y trabajadores en personas sujetas a una potencial experiencia profesional que nunca se culmina, otro bodrio que nos dice bien claro qué son los trabajadores para el PP. No quiero entrar en la idea de la supresión de los PCPI (programa de cualificación profesional inicial) y su sustitución por un “híbrido” que no otorga ninguna titulación al finalizar, otro bodrio que establece legalmente una cloaca dentro de nuestro sistema educativo.

Una cuestión importante más, cómo quedan los profesionales de la educación, profesores y maestros, en esta nueva ley. Muy sencillo, para la derecha el profesorado y los estudiantes son como un grano en el…, no es lo mismo tener un funcionario público contestatario, al que se le reconocen ciertos derechos y es amparado por una estructura legal y sindical fuerte, que un grupo de “siervos”, los trabajadores de la privada, hombres y mujeres sujetos a obediencia y fidelidad ciega, de lo contrario, el “dedazo” que los puso a trabajar también puede ser el “dedazo” que los ponga en la calle.

Dónde y cómo quedan los padres-madres. Imagínense, si los profesores son un grano, qué pueden pensar los del PP de los padres-madres, otro grano, más gordo. Por ello, esta nueva ley convertirá la labor de padres-madres-tutores en algo puramente testimonial, haciendo desaparecer la concepción democrática de los centros que se garantizaba anteriormente con un Consejo Escolar equilibrado, este órgano, máximo en decisiones, cede todo el poder al profesorado, especialmente al director del centro, el nuevo "cacique" de colegios e institutos. Eso sí son libres, para qué, para coger la puerta e irse a otro centro en el que su "cacique" sea más comprensivo.

Por último, vuelven los curas, vuelven las monjas, vuelven los obispos, vuelven los valores primitivos de la familia, la sexualidad, la caridad, el catecismo, las niñas con las niñas y los niños con los niños, etc. y se van los valores cívicos y democráticos defendidos y promulgados por nuestras leyes. En definitiva, perdemos lo mejor de nosotros mismos, nuestros valores que promueven una sociedad abierta y solidaria, para imponernos nuevamente los arcaicos valores ultracatólicos, eso sí, ahora vienen sin vaca, sin mula y sin pesebre. Pero siguen repartiendo hostias a todo el que pillen.
 

¡QUÉ EFÍMERA SERÁ ESTA LEY¡
 



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