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16 Abril 07
La participación ciudadana avanza en España y Canarias como fórmula para hacer visibles y, por tanto, creíbles las decisiones de la Administración en sus diversas escalas. En Canarias, el Gobierno autonómico desarrolla un plan con el apoyo de expertos como Fernando Pindado, subdirector de la Generalitat de Cataluña para la materia y ponente en un seminario celebrado en Tenerife y Gran Canaria.
- La participación ciudadana, ¿aporta más credibilidad y eficiencia a la gestión pública?
"Las dos cosas. El sistema democrático se basa en eso, y sólo puede haber participación en democracia. Nuestro sistema político no se mantiene solo, si la gente se va alejando acabaremos por perder su esencia, y la gente se aleja por algo: porque falta claridad, eficacia... En una sociedad compleja la mejor manera de aportar eficiencia es incorporar el máximo número de visiones posibles para la adopción de políticas públicas. El enfoque tradicional de los grupos parlamentarios discutiendo sobre cuál es la mejor ley o decisión no es suficiente, sobre todo en aquellos proyectos que despiertan una enorme sensibilidad ciudadana. Digo todo esto sin olvidar que el poder legítimo corresponde a quienes han sido elegidos democráticamente, a quienes en última instancia corresponde decidir. Pero es conveniente incorporar a la toma de decisiones no sólo el estudio de los técnicos, sino la visión ciudadana de las cosas. Es una tarea que exige cierta dosis de voluntad y también capacidad de organización. Aún no tenemos las máquinas engrasadas para esta clase de democracia directa, y no digo que todas las decisiones se tomen por estos medios, salvo algunas que se toman mediante el referéndum. Pero sí es importante abrir este debate".
- Lo complicado aquí es artícular ese debate.
"Cuando se inventaron las elecciones democráticas el sufragio era censitario, y tampoco podían votar las mujeres, pero esto ha ido avanzando y se han incorporando respuestas lógicas. Hay que ir construyendo nuevas visiones que den participación en los diferentes colectivos; ahí tenemos la larga experiencia de Suiza en materia de democracia directa, que no es traspasable a nuestro país, pero demuestra que un país capitalista europeo puede adoptar modelos de control del poder con intervención directa del pueblo. Por tanto, es posible imaginar formas para que la gente se conecte con la acción política. Hay experiencias que van funcionando, sobre todo en el ámbito municipal. En lo que respecta a las comunidades autónomas, Cataluña y Valencia llevan tres años, y Canarias ha empezado hace uno".
- No obstante, esto ha nacido en ciudades del Tercer Mundo o países en vías de desarrollo.
"Hay una tradición comunitaria que ha funcionado en situaciones de debilidad e incluso miseria, porque la gente se agrupa para buscar soluciones que no le ofrece nadie. En su momento los ateneos obreros suplían la ausencia de educación a cargo del Estado, y en América Latina tenemos un claro ejemplo de trabajo en comunidad. Pero eso no es exactamente participación ciudadana, porque en esos casos a veces no hay ni democracia. El salto adelante es hacerse partícipe en la comunidad política de la que se forma parte, sea ésta la que sea: la calle, el barrio, la ciudad, la isla, la comunidad autónoma o incluso el Estado. En esa comunidad, alguien que es elegido de modo legítimo para ejercer el poder busca mantener los vínculos de participación".
- ¿Y es posible extender esa actitud más allá de la realidad más cercana, la municipal?
"Es posible, sólo es una cuestión de escalas. Por ejemplo, en Cataluña se ha cambiado la ley de iniciativa popular, y para ello se produjo un debate con toda clase de colectivos. Se aprobó en febrero de 2006, y el resultado es el siguiente: en los diez años anteriores se presentaron seis iniciativas legislativas populares; desde entonces, en sólo un año ya han entrado tres. Lo mismo se puede hacer con otras leyes que inciden de modo muy directo en el ciudadano, como las que afectan a los servicios sociales. En este caso el que finalmente toma las decisiones cuenta con miradas que le permiten decidir con mayor eficacia".
- El poder, ¿teme la participación ciudadana?
"El poder, aparte del temor a perder las elecciones, desconoce los mecanismos de la participación ciudadana y a veces la confunde con el encuentro con colectivos que a veces son siempre los mismos. El resultado del debate, si se hace bien, incorporando a todos, no sólo a los que están radicalmente a favor o en contra, se suele cerrar con éxito y con una aportación cualitativa a las decisiones del gobernante. Pero hay desconocimiento de que eso sea posible, y también hay cierto temor en los gobernantes. Hay que engrasar mejor la máquina y dar la voz a todos, no sólo a aquellos que siempre exponen lo mismo".
- Este debate, ¿ralentiza las decisiones de la Administración?
"No más que el control parlamentario sobre el Gobierno. También los monarcas absolutos debieron pensar que los parlamentos hacían todo más lento. La información pública también es un trámite previo a las decisiones, que alarga los plazos, y no renunciamos a ella por eso. A medida que la máquina de participación vaya funcionando, y con la ayuda de las nuevas tecnologías, lo que vamos a lograr es un avance cualitativo".
- ¿No vivimos tiempos de pesimismo colectivo, en los que la gente está en sus cosas y renuncia a la participación?
"No sé si ahora hay más gente pesimista que hace treinta años. Cada época tiene su momento, y siempre se dice que los jóvenes no se enganchan; y, claro, a lo que no se enganchan seguro es a lo viejo. Hay elementos para el optimismo: movimientos de cooperación con muchos jóvenes, sensibilidad medioambiental, etcétera, y creo que hay una semilla con la que vale la pena trabajar. Es cierto que acude menos gente a votar, pero esto es una llamada de atención a los responsables políticos sobre su debate interno y crispado, que no contribuye a crear sociedad".

