Secciones
Servicios
Boletín

Para usuarios registrados: Identificarse

Inmigración - Artículo de Joaquín Roig

Los Hispanos: Una fuente inexplorada para Europa

En contraste con la inercia de la promoción de los intereses europeos, a través de los gobiernos, empresas, y la propia Unión Europea, se debiera prestar atención individualizada hacia los hispanos con el fin de lograr el mejor conocimiento de la UE en Estados Unidos.

25 Octubre 07

Opinar
Votar:

Votar:

Compartir:

  • Del·licious
  • Meneame
  • Facebook
  • Twitter
  • GoogleBookMarks

Esta política redundaría no solamente en un mejor mutuo entendimiento entre las dos grandes potencias a ambos lados del Atlántico, sino que aumentaría las oportunidades comerciales y económicas de los hispanos y los europeos. ¿Por qué Europa debiera prestar una atención especial hacia los hispanos, y éstos acrecentar su interés por Europa? Por varias razones.

Detalle crucial en un mundo cuantificable, los hispanos se han convertido en la "minoría" más importante, sobrepasando a los afroamericanos. Además, las estadísticas, desde cualquier ángulo muestran su ascenso en poder económico y político. En segundo término, aunque de diverso origen nacional, los hispanos comparten una serie de características, entre las que destaca la lealtad lingüística –el español.

Significativamente, reflejando las preocupaciones y los intereses de los hispanos, sus medios de comunicación y sus representantes políticos tratan de forma ostensible temas que son centrales en los valores europeos y que la UE persiste en compartir con el resto del mundo. Estos son principalmente la democracia efectiva y el respeto de los derechos humanos, los ajustes y la solidaridad agrícolas, el desarrollo económico, la protección de los derechos laborales, la liberalización del comercio y la integración regional.

Finalmente, Estados Unidos y la Unión Europea se enfrentan, por separado pero con la misma intensidad, con la tarea perenne de tratar un fenómeno imponente a ambas orillas del Atlántico que está cambiando lafaz de las dos comunidades, y muy específicamente la de los hispanos en Estados Unidos: la inmigración.

Los hispanos, progresiva y tenazmente, incorporan el inglés como la lengua de trabajo, desmintiendo la acusación de que se marginan lingüísticamente. Al mismo tiempo, muestran signos inequívocos de conservar tozudamente el español en sus vidas diarias y también en sus puestos laborales. Este hecho se demuestra por el ascenso de una vibrante industria de la comunicación en español.

En este contexto lingüístico, España, la raíz de la lengua compartida y otros aspectos culturales, reaparece como punto de referencia después del restablecimiento de la democracia, al convertirse en miembro de la Comunidad Europea en 1986. Veinte años más tarde, España se ha alzado como la octava economía del mundo, con una tasa de crecimiento superior a la media de los países más desarrollados de la UE.

Mientras la UE parece una entidad distante y un confuso experimento para los hispanos, el ejemplo identificable de España, insertada en plena integración en Europa, se presenta como un ejemplo se éxitos. No es casualidad que España (un país que tradicionalmente ha producido emigración) se haya convertido en el segundo destino de inmigración, solamente superada por Estados Unidos. De esta manera, un miembro preciso de la UE se presenta como fácil punto de referencia y cabeza de puente para la presentación de los valores y la experiencia de la UE.

Antes de emigrar a Estados Unidos, los signos de una identidad latinoamericana colectiva han sido considerados como débiles, limitados por el nacionalismo. Una vez se han asentado en el nuevo país, ha renacido un sentido de afinidad que ha dejado perplejos a investigadores que esperaban una repetición del proceso de asimilación histórico. De esta manera, "hispano" y "latino" son dos etiquetas empleadas por esta comunidad que ya forman parte del vocabulario cotidiano. Cuando la mirada se torna hacia el país de origen, esta entidad colectiva se refuerza por medio del lenguaje a ambas orillas atlánticas.

En cualquier caso, los hispanos ya no son una peculiaridad de rasgos étnicos, sino que constituyen una imponente realidad demográfica, una fuente de influencia política, equipada con un creciente nivel de educación y poder adquisitivo que ya asciende 700 billones, proyectado a un trillón en 2010.

Las cifras demográficas son impresionantes: en 1990, mientras la población de Estados Unidos era de 248 millones, los hispanos ya sumaban 21,6 millones, con un aumento del 8,8% en una década; diez años más tarde, de una población 281 millones, los hispanos crecían a 35,2, un aumento del 12,2%, y hoy, se estima, los hispanos suman entre 42 y 45 millones, de una población de aproximadamente 300 millones, un aumento del 15%.

En consecuencia, considerada como una nación aparte, HispanoUSA (por llamarla de alguna manera) sería el cuarto país hispanohablante más grande, a un nivel similar que Colombia y España, solamente superado por México. De seguir similar tasa de crecimiento, en 2012 ya habrá 50 millones de hispanos, de una población de 316 millones. A mitad del siglo XXI, en 2050 los hispanos sumarán ya 100 millones, una cuarta parte de la total población de Estados Unidos.

Con estos hechos, ningún sector político o económico, o cualquier observador foráneo, puede permitirse el lujo de ignorar esta realidad. La UE no puede perder esta oportunidad para alcanzar el futuro de Estados Unidos.•

Joaquín Roig es Catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

[artículo originalmente publicado en la revista El Siglo nº 759]

OPINIÓN