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IGLESIA VS. LIBERTAD

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En esta legislatura que ahora termina, los socialistas hemos querido que los ciudadanos sean más libres, más seguros, más fuertes, más iguales. Más libres, más seguros y más fuertes para construir sus vidas como quieran, para enfrentarse mejor a las dificultades, para resistir cualquier situación de dominación pública o privada.

Hoy, cuatro años después, los españoles podemos decir que esta legislatura ha sido una de las más fértiles para nuestros derechos desde la aprobación de la Constitución. Porque hemos fortalecido nuestra posición jurídica en muchos ámbitos determinantes para la libertad y la cohesión social, a través de un mayor bienestar de la mayoría de nosotros. Hemos reforzado la libertad de las personas para decidir cómo desarrollan su vida y cómo se integran en la vida social, al extender el derecho al matrimonio a las personas del mismo sexo o al o al reconocer la posibilidad jurídica de dar por extinguida una relación conyugal afectivamente rota mediante la simple voluntad libre de los contrayentes. Hemos introducido reformas para proteger la libre identidad sexual de las personas ahorrándolas de sufrimientos innecesarios.

Por ello reitero el compromiso tan valioso que ha tenido el Gobierno de Zapatero para con cientos de miles de familias de nuestro país, para cientos de miles de mayores o de personas con discapacidad. Ese compromiso es el de despliegue efectivo de la ley de dependencia que será un instrumento muy poderoso de ayuda a muchas familias.

Pero una cosa es querer imponer un modelo de familia que es lo que hace un sector de la Iglesia y otra, lo que hacemos nosotros, que es ayudar a las familias y, sobre todo, a las que tienen menos posibilidades.

No hay país en el mundo en el que se trate a la Iglesia Católica mejor que en España, a nivel del presupuestario, a nivel de enseñanza, la adjudicación de subvenciones que se lleva para la educación religiosa que se da en las escuelas y el servicio religioso en las fuerzas armadas…Deberían preocuparse más por llenar de fieles las Iglesias, los seminarios que muchos están vacíos y cerrados, que llenar las calles en contra del Gobierno de Zapatero y estar siempre de espaldas a la gente y a los avances sociales.

Cuando la Iglesia condena la investigación con células madre, tendrían que pensar en los millones de diabéticos y millones de enfermos a los que en nombre de Dios se les condena a vivir con su enfermedad. Parece mentira que a estas alturas de los tiempos, la Iglesia Católica siga creando conflictos a la vida y tengamos que llamar milagro a la inteligencia de los Investigadores y Científicos. O la condena de la Iglesia al uso del preservativo en África donde el índice de mortalidad infantil por SIDA alcanza a aproximadamente 10 millones de niños anualmente. La postura de la Iglesia me parece irracional. Quieren tanto a Dios que se olvidan en querer a todo lo demás.

Puedo entender, por ejemplo, que la Iglesia prohíba a los suyos el divorcio con la amenaza de dejar a quienes no le hagan caso al margen de la comunidad de católicos y les advierta del riesgo a perder el disfrute del cielo en otra vida.

A mí, la idea de pasar la vida eterna en el reino de los cielos al lado de Rouco y García Gasco no me agrada en absoluto.

Pero lo que yo no sé,  es si Rouco Varela podrá hacer o habrá hecho algo por el alma del siervo pecador José María Aznar cuando nos decía a los españoles: “Creedme, hay armas de destrucción masiva en Irak”, y con esas mentiras como argumento, legitimó y nos embarcó en una guerra injusta e ilegal. Él sabrá si con esas mentiras y los miles de muertos que lleva a sus espaldas por culpa de sus decisiones, se merece estar en el infierno o en la gloria.

Supongo que la Iglesia absuelve al PP de todos sus pecados, cuando pide el voto a los Españoles para los populares.  Sinceramente, no entiendo la postura tan cínica  y radical de esta parte de la Iglesia.

Si aceptamos las continuas coacciones de estos obispos, y de los hipócritas radicales que les secundan, no hay duda de que nos veremos obligados a ir renunciando a una serie de libertades duramente ganadas desde la Constitución para acá. Si empezamos a ceder, el camino que recorreremos hacia atrás no tiene límites.

Me temo que hemos sido demasiado tolerantes con la deriva reaccionaria de nuestra jerarquía eclesiástica. Una cosa es su derecho a pensar y opinar, que debe respetarse, pero si comienzan a amenazar la continuidad de nuestras libertades, tal vez haya llegado el momento de que pensemos en defendernos.

                                                                                                           Teresa Durán Cruz.

 

                                                                        

 

  

 

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