El conocimiento y la buena formación son la base del bienestar equilibrado de la sociedad y su auténtica perspectiva de futuro. La educación, la cultura, la ciencia y la investigación son la única garantía de un desarrollo sostenible y justo. En ellas se basa la efectiva innovación, que tiene a su vez una profunda dimensión social.

Un programa que afronte semejante desafío ha de ser consciente de las causas y atender con realismo y eficacia las raíces con las que nutrir todo el sistema para que resulte efectivamente transformador. Se trata de una tarea colectiva que requiere participación y procedimientos claros y compartidos. Para ello es imprescindible restablecer los consensos y recomponer lo que se ha venido desarticulando por ausencia de procesos de acuerdo, reemplazados por acciones esporádicas de una legislación elaborada inadecuadamente. Se requiere estabilidad, legislativa y normativa, de objetivos y de recursos. Ello solo es posible si se sustenta en grandes acuerdos sociales y políticos por la educación, por la ciencia y por la cultura. Para lo cual es imprescindible contar expresamente con la sociedad, con las comunidades educativas, con los agentes sociales, con la gente de la creación y la investigación, con las personas más directamente implicadas y que cuentan con la experiencia capaz de ofrecer y de abrir posibilidades.

La posibilidad de acceso al derecho a la educación mediante un sistema público y el desarrollo cultural son la base de una sociedad equitativa, con igualdad de oportunidades y con posibilidades para lograr una verdadera calidad, que no se reduzca a determinados resultados en la adquisición de conocimientos, por otra parte imprescindibles. La empleabilidad y la preparación para el ejercicio profesional precisan de una formación consistente y versátil, pero no es un mero aprendizaje técnico. Se trata de derechos decisivos para el pleno ejercicio de la ciudadanía que han de garantizarse desde la primera infancia. Esto implica, a su vez, tener al alcance recursos con independencia de la comunidad en la que se viva, lo que supone implementar programas de cooperación interterritorial.

Todos los análisis internacionales nos muestran que hay una correlación entre la inversión en conocimiento y el desarrollo social y económico de los países. El giro hacia una sociedad del conocimiento, hacia la innovación, hacia el incremento drástico de la productividad y hacia la generación de valor añadido solo se puede sostener sobre la base de una participación activa del recurso más importante con el que cuenta una sociedad: un capital humano formado, con iniciativa, productivo y capaz de contribuir activamente al proceso de transformación económica y social que necesita España.

Los centros de investigación y muy singularmente las universidades constituyen una referencia decisiva y son el verdadero horizonte del progreso social y económico a través de la generación y la transferencia del conocimiento, y es preciso articular estrategias que definan la singularidad en sus entornos geográficos y sociales y lograr en torno a ellos polos de mejora en todos los sentidos. Asimismo, debemos evitar que la inversión en los mismos se convierta en algo que se realiza en tiempos de bonanza y se recorta drásticamente o suprime cuando los recursos escasean, a menudo sin dar tiempo a la consolidación de las inversiones previas realizadas y sin la necesaria planificación.

Todo esto requiere programas y acciones específicas, también para la formación permanente y la incorporación de personas especialmente cualificadas. Para hacerlo, se precisa acordar los procedimientos más adecuados. Lo que ha de acompañarse de programas de innovación educativa y de creación artística y cultural, concebidos como vertebradores de una sociedad que afronta el reto de progresar justamente.

El programa presentado concibe la educación, la ciencia y la cultura como vértebras constitutivas de una sociedad equilibrada, con posibilidades y justa, y aporta compromisos específicos para lograrlo. Para que sea en efecto así es preciso que el conocimiento se sitúe en la escala de valores como un factor decisivo que ha de ampararse asimismo con los compromisos y los recursos necesarios.

No cabe hablar de una nueva economía que no sea una economía del conocimiento y que no tenga en su núcleo la educación y la cultura. Ofrecemos, por ello, los cauces y las medidas para lograrlo y lo hacemos con una perspectiva acorde con los retos europeos establecidos para las próximas décadas, comenzando por los objetivos marcados para el 2020, en cuyo marco se inscriben estas acciones.

España tiene por delante 10 importantes desafíos para que la ciudadanía española esté en las mejores condiciones para afrontar los desafíos del siglo XXI:

  1. España debe alcanzar definitivamente un gran acuerdo social, político e institucional en torno a la educación como derecho que se desarrolla a la largo de toda la vida, que haga posible un sistema educativo universitario y no universitario estable, fundamentado en la igualdad entre mujeres y hombres, en la equidad, asentado en la inclusividad, orientado a la excelencia en los resultados y basado en la cooperación institucional y la disposición a la mejora continua en todas las instituciones educativas.
  2. Debemos mejorar la capacitación profesional docente y la capacidad de autonomía de las instituciones universitarias y no universitarias para que puedan hacer un uso eficaz de las competencias que tienen atribuidas y superar con éxito los retos que plantea la educación en el siglo XXI. El reconocimiento y la dignificación social de los profesionales de la educación es el símbolo de las sociedades más avanzadas.
  3. Uno de los principales desafíos que tenemos como país es conseguir que la FP tenga el reconocimiento y la inversión que se merece por parte del conjunto de la sociedad. Ello ayudaría a mejorar la empleabilidad de toda la población así como su capacidad para emprender proyectos empresariales, iniciativas sociales y desenvolverse en el trabajo autónomo. Debemos conseguir que la formación profesional se convierta en una herramienta eficaz para el futuro de la juventud, lo cual solo será posible con una actualización de la oferta académica, acorde con las necesidades del mercado laboral. Asimismo, debemos recoger medidas que favorezcan la incorporación de las mujeres a la formación profesional y los ciclos formativos donde aún se encuentran menos presentes.
  1. Tenemos pendiente como sociedad el reconocimiento y el sentimiento de orgullo de la diversidad de las culturas y las lenguas de España como una realidad política y cultural de una inmensa riqueza con un gran potencial de proyección hacia el mundo. Las culturas son un valor social imprescindible para construir una sociedad democrática, para compartir y reconocer de forma activa, tanto la diversidad entre españoles y españolas como lo que nos es común. Poner de relieve la importancia de la política cultural, mediante la creación de los cauces necesarios que asienten un tratamiento integrado permitirá que sea un punto de apoyo para el aumento de la influencia de España en la escena internacional, desarrollando una estrategia de presencia y fomento de la cooperación a través del español y demás lenguas oficiales y las personas que se dedican a la creación.
  2. La cultura, el mundo de la creación y las industrias de la creatividad ya constituyen un sector económico importante que supera el 3% del PIB y el 2,9% del empleo, pero debe ser transformado en un sector estratégico en el nuevo modelo de desarrollo socio-cultural y económico justo y sostenible para la creación de empleo de calidad en España.
  3. Hacer de la ciencia una prioridad de Estado, avalada por un amplio acuerdo social y político que dé respaldo al impulso de un conjunto de medidas que recoja y priorice el interés público y colectivo para que España forme parte de los ocho primeros países del mundo por su investigación científica y sea destino internacional preferido en la carrera profesional de investigadores e investigadoras.
  1. Necesitamos una mayor transferencia y circulación de conocimiento entre otras instituciones de educación superior, universidades, centros de investigación y sector productivo, creando un marco integral que las favorezca, estableciendo una nueva generación de instrumentos e incentivos y redefiniendo y potenciando las estructuras de interfaz, como centros y parques tecnológicos, parques científicos y campus de excelencia internacional. Solo logrando esta coordinación e interconexión España puede situarse entre los mejores.
  2. Garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a las enseñanzas universitarias, asegurando que todas las personas que deseen cursar estudios universitarios y tengan la capacidad para ello puedan hacerlo, con independencia de su situación socioeconómica o su lugar de residencia, teniendo presentes las demandas de la sociedad. Buscaremos y promoveremos que los estudiantes reciban una educación que contemple al mismo tiempo la formación científica y la humanística, de tal manera que persiga la creación de una ciudadanía plenamente capaz y con capacidad crítica.
  3. Fomentar una cultura pública, política, social y empresarial del emprendimiento y la innovación, que junto con una nueva Estrategia, con avales suficientes, convierta a la innovación en el principal factor de competitividad de nuestra economía y para la mejora de los servicios públicos, incorporando a nuestro país entre los 10 primeros del Índice Global de Innovación.
  4. Aplicar políticas transversales con el objetivo de hacer fácil la adaptación de la sociedad a la realidad digital, avanzar en la digitalización del conjunto de la economía, de la administración y de la sociedad asegurando la igualdad de oportunidades en el acceso a las nuevas tecnologías y el reconocimiento de los nuevos derechos vinculados a las TIC.