Donde Estamos

El conjunto de la socialdemocracia siempre ha apoyado la construcción europea, entendida no solamente como la consecución de un gran mercado sino como un proyecto político basado en la solidaridad entre países. Así, los socialistas españoles, mediante el diálogo con el resto de partidos progresistas europeos, debemos impulsar el liderazgo de la socialdemocracia hacia la economía social de mercado como instrumento de producción de riqueza, apostando por una economía productiva del conocimiento intensiva en la creación de empleo, como principal instrumento de progreso social y económico para el mantenimiento de la Europa Social. De ahí que los socialistas europeos sigamos aspirando a que la UE se convierta en un espacio supranacional de corte federal que se caracterice por desarrollar el modelo social y de lugar a una verdadera ciudadanía europea, con el objetivo último de alcanzar la Unión Política.

Las políticas europeas para salir de la crisis financiera han sido equivocadas, dominadas por una mayoría conservadora que hizo de la austeridad su único objetivo. El coste del “austericidio” ha sido enorme e innecesario social y económicamente para muchas sociedades europeas, no solo las periféricas. El contraste con EEUU es notorio. El Gobierno Obama y la Reserva Federal han enfrentado la crisis con políticas monetarias, reformas estructurales y estímulos a la demanda, que han mejorado el crecimiento, aumentado el empleo y corregido el déficit y deuda pública. Lo contrario de lo ocurrido en la zona euro.

Aunque sea con enorme retraso y demasiado sufrimiento, los países de la UE tienen que cambiar de estrategia. La socialdemocracia sigue siendo la única esperanza para recuperar el sentido de una economía social de mercado que está en la genética de la construcción europea. Europa necesita políticas que respondan a los desafíos de competitividad de la economía globalizada del siglo XXI, con inversión y estímulos de demanda, acompañadas de reformas estructurales que mejoren la competitividad, sin precarización del empleo, ni devaluación de los salarios.

Para ello, es esencial recuperar buena parte de los niveles de inversión pública y privada que continúan a niveles muy inferiores a los previos a la crisis. En este contexto, el Plan Juncker, aunque insuficiente, constituye un paso en la correcta dirección para impulsar el crecimiento, tal y como los socialistas hemos exigido, y lo es más aún ahora que la ralentización del crecimiento global puede debilitar las exportaciones europeas.

En consecuencia proponemos:

  • El reforzamiento y aceleración de la puesta en marcha del Plan de Inversión Junker, favoreciendo especialmente a los países que tienen unas mayores tasas de desempleo, como España.

  • Un presupuesto para la Eurozona para financiar bienes públicos europeos en ámbitos como la energía, la lucha contra el cambio climático, la ciencia o la digitalización, que financie las políticas propias de la Unión e impulse el crecimiento económico.

  • Defender ante las instituciones europeas la creación de una política energética común que permita a los Estados miembros mejorar su competitividad, luchar contra el cambio climático y, a largo plazo, limitar la dependencia exterior.

Al mismo tiempo, es bien sabido que la Unión Económica y Monetaria (UEM) está incompleta, por lo que no se encuentra suficientemente preparada para hacer frente a los choques macroeconómicos asimétricos, como la crisis financiera y económica que se inicia en el verano de 2007, ha puesto de relieve.

Es preciso, por tanto, profundizar y reforzar la UEM, tanto en sus elementos verticales como horizontales. El recientemente publicado Informe de los 5 Presidentes ¨Completando la Unión Económica y Monetaria Europea¨, constituye una buena base para la reflexión, pero se puede y se debe ser más ambicioso, planteando propuestas de marcado carácter europeísta de mayor trascendencia y calado. En definitiva, es el momento de poner en marcha un Gobierno del Euro como meta hacia una Europa federal.

Nuestras propuestas son las siguientes: