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Pérez Touriño durnate su intervención
Pérez Touriño durnate su intervención
FORO EUROPA PRESS

Intervención de Emilio Pérez Touriño en los Desayunos del Foro

El Presidente de la Xunta y candidato a la reelección expone en Madrid las prioridades de su Programa
04 Febrero 09
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Señor presidente de Europa Press,
autoridades,
estimados amigos y amigas:

Mis primeras palabras tienen que ser, necesariamente, de agradecimiento a la agencia Europa Press y a su presidente por brindarme la oportunidad de participar en este foro en vísperas electorales.

Agradecimiento no sólo por invitarme a ocupar esta tribuna y compartir con ustedes reflexión y diálogo, sino también por haber convocado a los tres líderes de las principales fuerzas políticas gallegas, porque ese hecho demuestra interés por los asuntos de nuestra tierra. Gracias, amigo Asís. Y gracias a todos ustedes por acudir a la llamada de Galicia.

Concluye para los gallegos una legislatura en la que iniciamos un proceso de renovación y cambio. Cuatro años después, los ciudadanos de mi tierra saben que otra Galicia es posible. Que tenemos motivos para confiar en el país, en la vitalidad de nuestra sociedad, y que tenemos voluntad y coraje para construír un país mejor.

Respaldado por el aval de los hechos, quiero proponerles a todos los gallegos tres grandes objetivos para los próximos años. Y el firme compromiso, si me renuevan su confianza, de dedicar todo mi esfuerzo, todo mi trabajo, a conquistar esos objetivos.

Puedo asegurarles que todas las medidas que figuran en el programa socialista, y todas las políticas del Gobierno que yo presida, giran en torno a esos tres ejes de actuación.

Convocar a la unidad contra la crisis. Continuar el cambio. Dar fuerza a Galicia. Esas son las propuestas. Ese es el compromiso que quiero sellar con todos los hombres y mujeres de mi tierra. Con la humildad de quien reconoce sus limitaciones. Pero con la firmeza de quien cumple la palabra dada.

Sabemos que la crisis que atravesamos es profunda. Asistimos a la primera crisis global de la economía global. Una sacudida en los cimientos del sistema neoliberal cuyas ondas sorprendieron a todos por su inusitada velocidad de propagación y por su virulencia.

Sabemos que, en el contexto del laissez faire, del “todo vale”, la crisis es también el resultado del egoísmo y de la codicia sin tasa de algunos. Egoísmo y codicia que cercenan la confianza y, en consecuencia, retraen el consumo y la inversión.

Sólo la unidad nos permitirá anticipar la salida del túnel. No hay remedios milagrosos en esta lucha, ni lugar para voces insolidarias o mesiánicas. Sólo nos irá bien si le va bien a nuestro vecino. De la crisis saldremos todos al mismo tiempo.

Durante los tres primeros años de mi mandato, Galicia superó la anemia económica que la relegaba al furgón de cola, ocupó las primeras posiciones en tasas de crecimiento, y lideró en España la creación de empleo y la reducción del paro. Ahora aguanta mejor los embates de la crisis. Nuestra tasa de paro superaba en más de dos puntos la media española al inicio de la legislatura. Ahora está 4,2 puntos por debajo.

Pero no nos consuela constatar que estamos un poco menos mal que nuestros vecinos. Sabemos que Galicia sólo volverá a crecer con intensidad cuando lo consigan también España y Europa. Y España sólo avanzará con el impulso de sus comunidades autónomas, de sus ciudades y de sus municipios.

Por eso seguiremos arbitrando con más intensidad si cabe las medidas destinadas a reactivar la economía y el empleo. Lo venimos haciendo desde hace más de un año, cuando se encendieron las primeras luces de alarma, desde el momento en que percibimos los primeros síntomas de desaceleración.

La unidad contra la crisis significa también diálogo social. Los acuerdos por el empleo y por la competitividad son frutos cosechados en nuestra comunidad por ese diálogo. Y tenemos voluntad de seguir compartiendo con empresarios y trabajadores diagnóstico y soluciones.

Los trabajadores en paro sólo podrán volver a su empleo si las empresas recuperan su actividad y sus beneficios. Los empresarios sólo saldrán adelante con el apoyo y el compromiso de sus trabajadores.

El problema del trabajador que pierde su empleo es un problema de todos.

El problema del empresario que halla cerrada la ventana del crédito es un problema de todos.

El problema del autónomo que recibe menos encargos, o no puede cobrarlos, es un problema de todos.

Es un problema de todos proteger a las familias más modestas y a los colectivos más vulnerables.

Y las soluciones a cada uno de esos problemas debemos aportarlas, por tanto, entre todos.

Por eso, seguiremos apoyando a los trabajadores, a las familias y a las empresas. A todos los ciudadanos. Especialmente a aquéllos que perdieron su puesto de trabajo, porque la lucha contra el desempleo constituye nuestra principal preocupación y nuestra principal ocupación.

Con la mirada puesta en ese objetivo, nos proponemos intensificar las tres líneas de actuación que diseñamos hace más de un año: estimular la inversión pública, apoyar financieramente a las empresas y desarrollar políticas proactivas de empleo y de protección social.

En primer lugar, quiero expresar mi inequívoca voluntad de seguir bombeando inversión pública productiva para suplir la caída de la iniciativa privada.

La contratación de obra pública por parte de la Xunta de Galicia superó el año pasado los 1.600 millones de euros, un registro sin precedentes en la historia de la comunidad autónoma. Pero no nos conformamos. Nuestro compromiso para este año consiste en alcanzar los 2.000 millones de euros, cifra casi un 30 por ciento superior al récord del 2008, lo que nos permitirá dar ocupación a 40.000 trabajadores.

Al mismo tiempo, habilitaremos 30 millones de metros cuadrados para suelo empresarial. Y de acuerdo con los ayuntamientos, acondicionaremos 9 millones de metros cuadrados para la construcción de 45.000 viviendas protegidas.

En segundo término, seguimos empeñados en ayudar a desatascar las tuberías del crédito, cuya restricción ahoga a las empresas.

Durante el último año, hemos puesto en marcha un ambicioso programa de préstamos blandos, capital riesgo, subvenciones y avales, con el apoyo de las entidades financieras, con la ayuda pionera del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y del ICO.

El éxito cosechado nos anima a redoblar el esfuerzo. Este año triplicaremos ese apoyo financiero y destinaremos 2.000 millones de euros a respaldar a las empresas con dificultades o promover nuevos proyectos de inversión.

Esa cifra supone una importante inyección de recursos para reabrir y dinamizar el crédito. Pero responde, además, a un cambio cualitativo en la naturaleza del Igape, nuestro instituto de promoción económica. Se impone un nuevo modelo que sustituye la tradicional subvención por el capital riesgo, la ayuda a fondo perdido por el acompañamiento de la iniciativa privada.

Esa nueva filosofía tendrá su plasmación concreta en la creación del Instituto Gallego de Finanzas y Promoción Económica, con la doble finalidad de fomentar y promocionar nuestro tejido productivo y, simultáneamente, apoyar financieramente a las empresas y sus proyectos de inversión.

Las medidas proactivas de empleo, a las que destinaremos este año alrededor de 100 millones de euros, y la política social constituyen el tercer vector de nuestra estrategia contra la crisis.

La creación de puestos de trabajo estables y de calidad conforma la médula de nuestra estrategia de desarrollo sostenible. Mantener nuestra tasa de paro por debajo de la española, como mínimo dos puntos menos, es un objetivo razonable.

En cuatro años hemos reducido sustancialmente el índice de precariedad. Insistiremos en esa dirección. Cada año proporcionaremos a 90.000 gallegos una formación específica para acceder a un puesto de trabajo. Hasta conseguir, en el próximo cuatrienio, que tres de cada cuatro empleos sean fijos.

Porque no nos olvidamos de los ciudadanos más vulnerables, aquéllos que más sufren las consecuencias del tsunami económico, quiero anunciarles hoy que, desde el próximo curso, los hijos de trabajadores en paro no pagarán tasas universitarias. Declararemos la exención de matrícula para todos aquellos estudiantes cuyas familias no tienen más ingresos que el subsidio por desempleo. Porque queremos evitar que el impacto de la crisis sobre el empleo se traduzca en un retroceso en la igualdad de oportunidades.

Paralelamente, duplicaremos el número de alumnos que se benefician de las becas para estudiar idiomas en el extranjero, especialmente inglés, hasta alcanzar la cifra de 20.000 en la legislatura. Queremos que las nuevas generaciones posean un perfecto dominio de un idioma extranjero, preferentemente el inglés, además del castellano y del gallego. Y queremos, además, que las familias más modestas puedan acceder a los programas de inmersión lingüística en el extranjero.

Estimados amigos: no es el momento de esconder el bulto, sino de arrimar el hombro. A los dirigentes del PP debo decirles que no es la hora de los reproches. Es el momento de la acción. No es la hora de buscar culpables, sino de sumar esfuerzos.

Podemos, y debemos, formular nuestras propuestas y debatir sobre ellas. Pero no podemos dividir el país para ganar unas elecciones. No podemos alimentar la discordia, ni abrir heridas difíciles de suturar, por interés de partido. No podemos sembrar la resignación cuando lo que se precisa es más determinación que nunca.

No fuimos nosotros ni las políticas socialdemócratas los causantes de la crisis. Pero sí fuimos nosotros, en mi comunidad, los primeros en arbitrar medidas para combatirla. Y los primeros en convocar a la unidad para hacerle frente, porque la recuperación requiere de la acción conjunta, del esfuerzo mancomunado, de la respuesta global.

Sólo trabajando unidos anticiparemos la recuperación. Sólo trabajando unidos seremos capaces de convertir los problemas actuales en un nuevo manantial de oportunidades. Sólo trabajando unidos seguiremos avanzando en la senda de la convergencia para alcanzar el objetivo que le propongo a toda la sociedad gallega: que Galicia alcance en el año 2013 la renta media europea por habitante.

El segundo compromiso que asumo es el de continuar el cambio, completar la profunda transformación iniciada en Galicia hace cuatro años.

Estoy convencido de que la ciudadanía gallega valora el trabajo realizado durante la etapa que ahora finaliza. El esfuerzo por superar la tradicional anemia de mi país, porque el cambio estuvo aplazado durante demasiado tiempo.

Mientras los demás se movían y avanzaban, Galicia permanecía resignada y pasiva.

Mientras se abrían las fronteras y caían los muros, Galicia se ensimismaba, se encerraba en sí misma como el caracol.

Mientras los demás conquistaban derechos y oportunidades, los gobernantes de Galicia reclamaban favores y subsidios.

El cambio llegó a Galicia con retraso. Pero llegó, y ahora no puede detenerse.

Se preguntarán ustedes qué significa el cambio. Si tuviese que definirlo en pocas palabras, de forma concisa, diría simplemente: el cambio en Galicia consiste en hacer de una vez las cosas que nunca se hicieron. Recuperar el tiempo perdido. Revitalizar la democracia y la autonomía. Reconstruir el país en clave de futuro. Movilizar las energías de nuestras gentes.

El cambio significa apostar por la modernidad. Convertir en motor del país la innovación tecnológica, la preparación de los ciudadanos desde la escuela primaria hasta los centros de investigación, profesionalizar la gestión, incrementar la productividad y nuestra capacidad competitiva en los mercados más exigentes.

El cambio significa facilitar a todos las mismas oportunidades de progreso. A los gallegos del campo y de la ciudad, del litoral y del interior. A los hombres y mujeres, jóvenes y mayores, pobres o menos pobres. Sin discriminaciones. A quienes ahora aplauden la decisión del presidente Obama de igualar los salarios de hombres y mujeres, debo recordarles que esa ley de igualdad fue aprobada por el Parlamento de Galicia hace tres años. Y que no descansaremos hasta que la máxima de “a igual trabajo igual salario” sea una realidad incuestionable en nuestra tierra.

El cambio significa sanidad y educación de calidad para todos. Avanzar en la construcción de una Galicia socialmente más justa, con mejores servicios públicos y prestaciones equitativas.

En esa dirección, nos proponemos ampliar hasta los 18 años el programa de atención bucodental, implantar la gratuidad de prótesis dentales para mayores de 75 años, reducir a 50 días el tiempo máximo de espera para intervenciones quirúrgicas y extender la gratuidad de los anticonceptivos.

El cambio supuso libros de texto gratuitos, extensión del servicio de comedores escolares, implantación de la figura del acompañante escolar, becas para estudiar idiomas en el extranjero, introducción de la sociedad digital en las aulas.

Y supondrá, en la próxima legislatura, la creación de 10.000 plazas en escuelas infantiles para rebasar con creces la tasa del 33 por ciento que recomienda la Unión Europea y favorecer la conciliación de la vida familiar y laboral.

El cambio significa cohesionar el país, proteger el territorio y facilitar las comunicaciones. Conseguir que, en la era de la aldea global, todos los gallegos, vivan donde vivan, estén perfectamente comunicados por tierra, por mar, por aire y también por la Red.

En Galicia era precisa una reforma en profundidad del transporte público. Iniciamos esa reforma y queremos continuarla. Mi compromiso consiste en implantar el transporte metropolitano de Galicia en todas las áreas urbanas, con tarjeta única y tarifas bonificadas, servicio que será utilizado por más de millón y medio de usuarios.

El cambio significa hacer lo que hay que hacer en este momento. Hacer lo que se debía haber hecho y no se hizo. Y hacerlo de manera distinta. Dialogando con todos y respetando a todos. Creando derechos donde antes sólo había privilegios, recomendaciones y favores.

Diciéndoles a los ciudadanos, no lo que quieren oír, sino lo que tienen derecho a saber.

Contribuyendo, desde la acción política, a que todos tengan la oportunidad de desarrollar su proyecto de vida personal.

Ese es el cambio que iniciamos en Galicia hace cuatro años. Y ese es el trabajo para que el pido continuidad.

Luchar unidos contra la crisis y continuar el proceso de cambio: he ahí mis dos primeros ejes de actuación. Mi tercer compromiso, en cuyo cumplimiento empeño mi palabra y mis energías, es dar fuerza a Galicia. Robustecer su musculatura. Incrementar su peso y presencia en la sociedad del conocimiento.

Debemos evitar cualquier tentanción al aislamiento. Pagamos durante siglos la gruesa factura del atraso y la periferia. Y sería suicida pensar que en el mundo actual podemos avanzar en solitario, como náufragos que no cuentan con nadie.

Por el contrario, abrir puertas y ventanas nos da fuerza.

El autogobierno nos da fuerza.

Participar con plenitud en España y en Europa nos da fuerza.

Defender nuestra cultura, nuestra identidad y nuestras lenguas nos da fuerza.

Emplear nuestros recursos en proporcionar la mejor formación y la mejor educación a nuestra juventud nos da fuerza.

Nos da fuerza erigirnos en una sociedad integradora e integrada, en la que todos estén cómodos, se sientan parte de un colectivo y se sepan necesarios. Porque ningún gallego es más que otro, ni nadie tiene un título exclusivo de propiedad sobre Galicia o sobre la galleguidad.

Por eso quiero una Galicia abierta en todas las direcciones, firme en su capacidad de autogobierno, plenamente española y europea, orgullosa de su identidad, volcada en la preparación de sus ciudadanos, integradora y tolerante.

Esa es mi idea de una Galicia fuerte. Una Galicia con los poros abiertos al mundo y vocación universal. La Galicia que propongo para ser construida entre todos los gallegos.

Hablo de una Galicia abierta y eso significa también un país perfectamente comunicado, internamente y hacia el exterior, con tren de alta velocidad y autovías de conexión con el resto de España y con Portugal.

En la próxima legislatura pondremos en servicio 400 kilómetros de vías de alta capacidad, de los cuales 184 corresponden a autovías libres de peaje. En ese momento habremos multiplicado por siete los kilómetros construidos en 16 años de gobierno conservador.

Queremos también carreteras buenas y seguras. En el último cuatrienio logramos una significativa reducción del número de accidentes y de muertes en la carretera.

Pero eso no basta para dejarnos satisfechos. Por eso nos proponemos, en los próximos cuatro años, eliminar de las carreteras gallegas todos los “puntos negros”, reconstruir con criterios de seguridad todos los tramos de concentración de accidentes. Porque un país moderno debe ser un país más seguro, un país capaz de reducir a la mínima expresión tanto dolor innecesario como el que provocan los accidentes de tráfico.

Una Galicia más fuerte es una Galicia plenamente integrada en la sociedad del conocimiento. Un país que camina hacia un nuevo modelo productivo por la senda de la investigación, de la innovación, de la tecnología y de la excelencia educativa. Por eso nos proponemos, en la próxima legislatura, duplicar el número de investigadores, hasta alcanzar la cifra de 10.000, lo que supone 8 investigadores por cada mil trabajadores en activo.

La innovación y la tecnología son, además, formidables instrumentos para conseguir la igualdad de oportunidades. En aras de esa igualdad, quiero suturar las brechas digitales, eliminar todo tipo de discriminación tecnológica en función del hábitat o del territorio.

En esa línea, me comprometo a universalizar el acceso a la televisión digital y a la banda ancha. Para que todos los gallegos y gallegas, vivan donde vivan, trabajen donde trabajen, puedan acceder a la información y a las oportunidades que abren las nuevas tecnologías, sin ningún tipo de barreras sociales o territoriales.

Una Galicia más fuerte es una Galicia que aprovecha racionalmente sus fuentes de recursos, que cuida su territorio, que evita el despilfarro de energías no renovables, que sanea sus rías e impide la depredación de su litoral, que amplía su Red Natura y sus reservas marinas, que conserva el patrimonio que legaremos a las generaciones venideras.

Señoras y señores:

Las gallegas y los gallegos sabemos quiénes somos y sabemos lo que queremos ser. Somos gallegos, españoles y europeos. Y esa triple condición no nos diluye en un magma ni nos resta un ápice de nuestra personalidad colectiva. Por el contrario: nos hace más fuertes, más solidarios y más capaces.

Somos un pueblo con nítida conciencia de nuestra identidad, pero también un pueblo sensato y solidario. Un pueblo que quiere compartir y nunca imponer. Que quiere dar y recibir en fructífero intercambio. Un pueblo que no quiere exclusiones ni aislamientos, ni instalarse en el conflicto permanente con las instituciones comunes y con nuestros conciudadanos del resto de España.

Pero también un pueblo que quiere gestionar sus propios asuntos y que defiende y valora su autogobierno.

En ese marco, como presidente de la Xunta de Galicia, promoveré la reforma y actualización de nuestro Estatuto de Autonomía. Hoy como ayer, sólo exijo tres condiciones al nuevo texto que deben negociar las fuerzas políticas: que nos dote del máximo nivel de autogobierno, que sea un Estatuto de todos y para todos y que se ajuste plenamente a la Constitución que los gallegos, democráticamente y libremente, aprobamos con los demás españoles.

Remato, estimados amigos, expresando un compromiso que constituye el norte de mi actuación al frente del Gobierno de Galicia. Lo formulé hace cuatro años, cuando asumí la Presidencia. Y quiero ratificarlo hoy ante todos ustedes: nunca seré el presidente de una determinada fuerza política o de una parte de Galicia.

Todas las posiciones, cuando se inscriben en el marco constitucional, son respetables y dignas de consideración. Las distintas opciones políticas, el pluralismo democrático, reflejan la diversidad social y representan al conjunto de la ciudadanía.

Pero yo, si los hombres y mujeres de mi tierra me renuevan la confianza, quiero seguir siendo, única y exclusivamente, el presidente de todos y de todas. Sin exclusiones, sin ataduras y sin hipotecas. Sólo al servicio de Galicia.

Muchas gracias.
 

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