Logo con las siglas del Partido Socialista Obrero Español.
Cuadrado rojo con letras PSOE en blanco. Símbolo del partido. Cuadrado rojo con un puño y una rosa en blanco.

lunes

28 / 07 / 2014

Buscador
Secciones
Servicios

SI YA ESTÁS SUSCRITO

PUEDES GESTIONAR
TUS BOLETINES AQUÍ

unete a nosotros

Sincroniza tu Agenda

Jueves, 16 de abril de 2009

Intervención de López Aguilar en el Club Siglo XXI

Conferencia del cabeza de lista del PSOE a las elecciones europeas
16 Abril 09
  • Del·licious
  • Meneame
  • Facebook
  • Twitter
  • GoogleBookMarks
  • Imprime
  • Comparte
Votar:

Votar:

¿QUÉ EUROPA? LO QUE ESTÁ EN JUEGO

*Texto sujeto a cambios del orador
 

El próximo 7 de junio elegiremos las y los españoles nuestros representantes en el Parlamento Europeo. Tomaremos ese día una decisión trascendente, porque no es una elección más, ni una elección sin consecuencias.

Acudiremos a las urnas en medio de una crisis muy aguda, la primera en la historia en la que la humanidad entera se ve sacudida, en todas partes del planeta, por una acumulación de marasmos financieros y económicos, con dramáticos efectos destructivos sobre el empleo y un impacto humanitario asolador.

Votamos para salir de la crisis y votamos sobre cómo salir de la crisis.

Decidimos sobre un Parlamento con más competencias que nunca, con más proyección de futuro, y más capacidad para decidir sobre prácticamente todas las cuestiones que afectan a la vida de la ciudadanía, a su bienestar, su salud, su educación, sus derechos laborales y sus sistemas de protección social, su seguridad, el futuro de nuestros hijos e hijas, el cuidado de nuestros mayores, la igualdad de todos.

Votamos para elegir entre los dos grandes modelos que se ofrecen para afrontar esas cuestiones; el modelo conservador, individualista, insensible a cuantos se quedan atrás en casi todo, o el modelo social europeo que ha traído progreso, cohesión, solidaridad. Votamos entre salir cada cuál como pueda de los problemas actuales, o salir juntos y protegiendo a los más desprotegidos.

La ciudadanía europea tiene en su mano cambiar de hegemonía en el Parlamento, dispone de su voto para rechazar la mayoría que en los últimos años ha animado tantos retrocesos, para impulsar y fortalecer la que es capaz de asegurar muchos avances. Una nueva mayoría, una mayoría progresista para poner a Europa en la misma sintonía en la que, una poderosa oleada de voluntad ciudadana, acaba de abrir tantas expectativas con el cambio de proyecto de Bush por el de Obama. Si el mundo ha abierto una nueva y prometedora etapa de futuro, Europa no puede quedarse atrincherada, frenada ni rezagada en el pasado.

Señoras y Señores:

Antes de desgranarles las propuestas sobre las políticas en las que ha de concretase la acción de esa nueva mayoría progresista, permítanme compartir con ustedes algunas reflexiones generales sobre la transformación de la realidad a la que estamos asistiendo, el mundo en cambio al que nos dirigimos, y el papel que debe jugar Europa en la vigencia de los valores que necesitamos hoy más que nunca y en las reformas necesarias para ganar el futuro.

La crisis no es sólo económica, es la crisis de la ideología conservadora. Los socialistas, con los que más sufren

Quienes no quieren enterarse de qué está pasando, tratan de circunscribir la crisis a un gran desarreglo financiero, de limitarla a sus aspectos estrictamente económicos. Pero esa no es toda la verdad. La crisis es más profunda, y, de lejos, más compleja. Es económica, sí, pero es, a la vez, social y política.

Afecta al crecimiento económico general, a la producción de las empresas, grandes, pequeñas y medianas, a la estabilidad bancaria, a los beneficios corporativos, es cierto. Pero el elemento más dramático es la dureza con la que golpea directamente a la gente que pierde el empleo, que ha de cerrar sus empresas, que teme por su futuro.

La crisis tiene rostro humano, extiende su desafío sobre el conjunto de las personas, pero percute con mayor crueldad sobre los más desprotegidos: los trabajadores, la ciudadanía que reclaman, esperan y merecen una respuesta del Estado y de los poderes públicos ante las amenazas que se ciernen sobre ellos.

Digámoslo con toda claridad, con la claridad que exige el diagnóstico político: la crisis tiene una clara dimensión social, cultural, humana.

Esta crisis va mucho más allá de su vertiente económica. Es una crisis que avanza una era de cambios que ha de desembocar necesariamente en un cambio de era. Afecta a una recomposición de valores, ideas, ideologías. Reclama un cambio de concepción de políticas públicas, estrategias para diseñarlas, alianzas necesarias para llevarlas a cabo.

Estamos ante el palmario desplome de una ideología que ha defendido sistemáticamente la preponderancia sin límites del afán de lucro y la codicia, la desregulación agresiva contra la cohesión social, la subordinación de lo colectivo a la lógica del mercado, la asunción de riesgos sin transparencia, la aceptación moral del fraude, la mayor debilidad posible de los poderes públicos y la deslegitimación de su intervención en defensa de lo común, el raquitismo de la protección social, la reducción de impuestos para las capas más altas, el reparto obsceno de retribuciones y beneficios millonarios para un grupo selecto de directivos. Todo ello mientras se predicaba el mayor rigor salarial y se imponía la precarización de las relaciones laborales.

La ola de pensamiento ultraliberal primero, y neocon más tarde, que a partir de los años 80 del siglo XX ha predominado en Occidente, toca ahora a su fin. La era política que hace tres décadas abrían Thatcher y Reagan, atacando frontalmente el Estado de Bienestar, se ahoga en el tsunami de una crisis económica, que no sólo es la mayor de los últimos 80 años, sino que desautoriza con hechos las ideas de quienes defienden que la desigualdad es más creadora que la igualdad; que desacredita a los que predican que toda intervención política en economía es sí misma nociva, por lo que los mercados deben operar sin regulación, sin restricciones, sin controles, sin que se les deba exigir transparencia, responsabilidad.

En este cambio de era, la hegemonía del pensamiento liberal conservador debe ser desafiada: suya es la responsabilidad por habernos conducido hasta el borde del abismo, al sufrimiento sin paliativos a muchos seres humanos vulnerables, todos y cada uno de carne y hueso, con un rostro reconocible.

En este cambio de era se certifica la crisis de una política de confrontación más que de cooperación, una política profundamente divisoria, de desprecio de los valores del otro más que de respeto mutuo, de respuesta bélica en vez de búsqueda de la paz, insensible al daño medioambiental y ciega al cambio climático.

Certifica la crisis de los valores de quienes se han guiado por el único propósito de alcanzar la cima de sus ganancias a costa de sumir a muchos más hasta el fondo del precipicio. La crisis del egoísmo posesivo, del consumismo depredador, la esquilmación irresponsable de los recursos escasos.

Esta crisis la han causado los que durante décadas han despreciado la política y han exaltado un tipo de mercado que supuestamente se regularía por sí solo, y que sólo sería eficaz si el Estado le garantizaba una autonomía que se ha tornado inmunidad. Se han mostrado erróneas y falsas las premisas de esa ideología, que llegó a presentarse como la única alternativa posible. No pueden, por tanto, sacarnos de este desastre los mismos que lo han provocado: no es confiable el papel de pirómano-bombero

El diagnóstico es claro, la terapia también. No podremos salir de esta crisis con la consigna del Business as usual, con más de lo mismo, aplicando las mismas recetas que nos han intoxicado. No podemos permitir que eso ocurra. No podemos tolerar que paguen la crisis aquellos que no la han provocado: los más débiles, los que la sufren. No podemos aceptar que vuelvan a marcar el rumbo aquellos que durante tanto tiempo han propugnado que el hombre ya no tenía que hacerse cargo de su destino a través de la política porque los mercados de unas democracias mercantilizadas garantizaban el progreso continuado.

Estamos obligados a aprender a ser mejores en estos tiempos de dificultad, a ser más justos, a ser más austeros. Estamos obligados a ser más audaces para dar otras respuestas a todos aquellos que tan directa y gravemente sufren esta crisis global sin haber tenido nada que ver en su aparición.

Una gran lección que ya hemos aprendido es la realidad irreversible de la globalización. Todo tiene ya dimensión planetaria. Nadie es una isla, nada nos toca de lejos, todo está cerca, todo nos afecta. Nada volverá a ser lo que era, no hay vuelta atrás, por tanto tenemos que saber gobernar lo que hay por delante.

Ninguno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos puede ser afrontado por cada Estado con sus solas facultades. Ni el cambio climático, ni los movimientos migratorios, ni los tráficos ilícitos, ni el crimen organizado, ni el terrorismo global, ni los beneficios de los negocios ilícitos que buscan blanqueo a través de paraísos fiscales, ni la especulación predatoria y la corrupción invasiva afectan sólo a los países indulgentes con cualquiera de las expresiones del mal. Afectan a todos, justos y pecadores.

No obstante, a pesar de que esta crisis nos afecta a todos, no golpea a todos por igual, ni con la misma intensidad. No todos pensamos en los intereses y necesidades de la misma gente a la hora de superarla. Dicho con claridad: esta crisis nos plantea desafíos globales que no afectan de igual manera a toda la ciudadanía. Pero a los socialistas nos preocupan los más indefensos, los que la soportan con mayor dureza y rigor.

La crisis es enorme y para hacerle frente nos hace falta una Europa enorme
La dimensión de los retos a los que tenemos que enfrentarnos ineludiblemente demanda una Europa que haga contrapeso al tamaño de la crisis. El establecimiento de una gobernanza económica mundial, la gestión de los recursos naturales y energéticos, el cambio climático, los movimientos migratorios, la criminalidad organizada o los conflictos regionales, necesitan una Europa que sea relevante a escala global. Una Europa fuerte, unida, con sentido de propósito, con una dirección clara y con un liderazgo, especialmente moral, que transmita confianza.

En esta campaña, vamos a pedir fuerza para esa Europa. Hablaremos de Europa. Explicaremos que Europa no es una quimera, sino una realidad en evolución que puede adquirir velocidad o frenarse. No es una idea mítica, sino un proyecto realizable o un horizonte fallido. Europa no es un espacio geográfico, sino una construcción cimentada en el Derecho democrático y en sus valores distintivos: libertad, igualdad, igual dignidad para todos.

Y explicaremos que esa Europa posible está ahora en una encrucijada. Con gobiernos conservadores en la mayoría de Estados, tanto el Consejo como la Comisión se escoran a la derecha en un momento decisivo, en el que es imperativo actuar para cambiar, y cambiar para mejorar.

La Europa posible que defendemos es la que ha de dar nuevos pasos para desarrollar el conjunto de valores que la han hecho un referente para el resto del mundo. Decir Europa tiene que significar que frente a la mano invisible del mercado existe una mano visible del gobierno y de la política, que el mercado es un pésimo amo y que el mercado tiene que ser gobernando por la política y por el derecho. Es necesario poner primero a las personas, un modelo de sociedad en el que la libertad se conjuga con la igualdad, los salarios guardan proporción con los beneficios, y el trabajo afirma sus derechos frente a la ley del más fuerte.

Eso es, sustancialmente, lo que decidimos el 7 de junio, la existencia y la supervivencia del modelo europeo. No es el Gobierno de España, ni los Gobiernos de los Estados miembros lo que está en juego. Decidimos, nada menos, la composición y el color del Parlamento Europeo. Un Parlamento que es decisivo en el funcionamiento de la Europa actual y en la definición de la Europa que queremos ser y que tenemos que ser: la Europa que viene, la de nuestro futuro.

El Parlamento Europeo más potente en la historia de la construcción europea
El 7 de junio es la oportunidad para el cambio, el primer paso de ese cambio imprescindible e inaplazable. Decidimos la representación de la ciudadanía europea. El Parlamento europeo es hoy más decisivo que nunca, lo es por la amplitud de sus poderes y competencias, por la cantidad de decisiones que toma y que inciden directamente en la vida cotidiana de las personas, por su condición colegisladora de las normas europeas. Lo es por su capacidad para condicionar y aprobar anualmente el Presupuesto comunitario que los socialistas queremos incrementar significativamente. Lo es por su función electiva de la Comisión Europea. Lo es por el control que ejerce sobre el ejecutivo comunitario y sobre el funcionamiento de las administraciones e instituciones europeas.

Lo será todavía más con los poderes reforzados que le confiere el Tratado de Lisboa que, con toda probabilidad, va a entrar en vigor bajo presidencia española. Con el Tratado de Lisboa se generalizará la toma de decisiones por mayoría cualificada en el Consejo y se extenderá el procedimiento de codecisión entre las dos instituciones, Consejo y Parlamento, a más ámbitos de competencia de la UE incluyendo nuevos temas tan sensibles como la cooperación judicial penal (Eurojust, prevención de la delincuencia, aproximación de las normas penales, infracciones y sanciones), la cooperación policial (Europol), la agricultura, la pesca, el comercio internacional y los derechos de los consumidores.

En todos esos campos la derecha tiene una hoja de servicios de inactividad e insensibilidad social. Por ello, un Parlamento Europeo mayoritariamente de centro-izquierda será fundamental no sólo para afrontar la crisis con responsabilidad social y construir la Europa que queremos, sino también para limitar los efectos perversos de la mayoría conservadora en el Consejo.

La experiencia del dominio conservador en Europa en los últimos años nos señala la necesidad acuciante de un Parlamento progresista

En coherencia con lo señalado, nadie puede ignorar ni subestimar las elecciones al Parlamento Europeo. Mucho menos los electores de izquierda. Las políticas progresistas a nivel nacional no podrán desarrollar todas sus potencialidades ni alcanzar todos sus efectos si no van precedidas, avaladas o acompañadas de medidas progresistas a nivel comunitario, y para ello es necesario sumar más escaños que los conservadores y ultraliberales en esta institución.

En esta campaña vamos a explicar con nitidez qué han hecho en estos últimos 5 años las instituciones europeas dominadas por la derecha y qué han aportado en este mismo periodo las y los socialistas para proteger el modelo social europeo y proteger los derechos de los trabajadores.

Desde las Instituciones comunitarias, la derecha europea ha tratado de evitar los controles necesarios que hubieran prevenido la crisis, se ha resistido a afrontar sus efectos con medidas coordinadas y eficaces y además ha puesto en peligro algunos de los logros más importantes del modelo social europeo.

La reacción conservadora ha sido conformista y timorata. Ha rechazado frontalmente al incremento del gasto público, en un momento en el que lo que procede más que nunca es defender con coraje y con visión de futuro ese incremento, que no sólo resulta necesario para recuperar el sistema crediticio, sino también para reactivar la necesaria creación de empleo, la inversión productiva, fomentar la innovación y garantizar la protección social.

Estos objetivos sólo podrán conseguirse si este gasto se gestiona con rigor y se distribuye racionalmente. Así lo han entendido tanto la nueva administración demócrata estadounidense como las y los socialistas europeos.

Por otro lado, la mayoría ultraliberal y conservadora ha favorecido también durante la última legislatura la contención de los salarios, el aumento de las jornadas laborales y la rebaja de los estándares sociales, bloqueando las propuestas de mejora de las condiciones de los trabajadores europeos. El Grupo Socialista en el Parlamento Europeo se ha erigido en portavoz político de las demandas e intereses de los trabajadores comunitarios y en el principal defensor del modelo social europeo.

Voy a señalar al respecto dos ejemplos especialmente ilustrativos. En primer lugar, la propuesta inicial de Directiva de Servicios presentada por la Comisión Europea, en la que se establecía el “principio del país de origen” y apenas se contemplaban exclusiones, convertía una regulación necesaria para profundizar en el mercado interior, en un ataque directo a los sistemas de protección social, introduciendo en el corazón mismo de la Unión las prácticas de dumping social que tanto se habían criticado respecto de terceros países. Sólo a través del trabajo del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, pudieron introducirse las modificaciones necesarias para que la eliminación de restricciones a la libre prestación de servicios y de establecimiento en la Unión no se produjera en detrimento de los trabajadores, no contribuyera a la desaparición de puestos de trabajo y no afectara a los modelos vigentes de protección social. Una vez más, la movilización sindical y ciudadana encontró el apoyo del Grupo Socialista, que en esta ocasión sí pudo hacer evolucionar las posiciones de la derecha europea y de los liberales.

En segundo lugar, en diciembre de 2008 el Parlamento Europeo, liderado por el parlamentario socialista español Alejandro Cercas, rechazó la propuesta de Directiva que preveía eliminar el límite máximo de jornada laboral semanal, fijado en 48 horas, y dar libertad para que empresario y trabajador acordaran el tiempo de trabajo, con un máximo de 65 horas, rompiendo así con una norma adoptada en el seno de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) nada menos que en 1917. Gracias al trabajo socialista en el Parlamento la norma fue frenada. Será el nuevo Parlamento Europeo surgido de los comicios de junio el encargado de garantizar que una nueva propuesta no vulnere los derechos de las y los trabajadores y no ataque las esencias de la Europa social.

Todo lo anterior demuestra que la apuesta de las instituciones comunitarias por una economía pivotante sobre el empuje de la burbuja especulativa-financiera se ha desinflado ante nuestros ojos, si es que no ha explosionado, y debe ser revisada.

Es el momento de un cambio de rumbo, de corregir los excesos ultraliberales. Es el momento de un Parlamento progresista que condicione y oriente las políticas de la Comisión. Un Parlamento Europeo que sostenga a la Europa social frente a la Europa antisocial. La Europa abierta, moderna y tolerante frente a la Europa cerrada en sí misma y xenófoba. La Europa de las personas frente a la Europa de los solos negocios. La Europa transparente y eficaz frente a la Europa burocrática y lejana. Nada de esto se conseguirá sin un Parlamento Europeo progresista.

La ciudadanía estadounidense ya marcó el camino con la elección de Obama: ahora nos toca a los europeos

Pongamos a Europa en sintonía con el cambio profundo que viene de Estados Unidos, pero que necesita de la ayuda de los progresistas para consolidar sus efectos beneficiosos en el conjunto del mundo.

La ciudadanía norteamericana ha empezado el camino, se ha puesto a andar obrado apostando por Barak Obama. Ellos decidieron sobre dos modelos antagónicos y optaron por el cambio progresista. Todos tuvimos entonces la sensación de que en esas elecciones nos estábamos jugando mucho más que una cuestión exclusiva de un país determinado, por muy importante que fuera. Todos sentimos que nos estábamos jugando la dirección mundial, el estilo de liderazgo global y las respuestas a la crisis actual.

Las elecciones europeas del próximo 7 de junio son la oportunidad más cercana y más importante para acompañar ese cambio, para afirmar, igual que los norteamericanos hace unos meses, hacia donde y cómo queremos que avance el mundo porque el contenido de lo que se está debatiendo es el mismo.

Pues bien, ahora, más que nunca, Estados Unidos y la Unión Europea deben actuar conjunta y concertadamente. En el mundo globalizado en que vivimos, la acción combinada y la conjugación de fuerzas desde ambos lado del Atlántico resulta vital para poder estructurar un nuevo orden económico mundial.

La complejidad de la crisis y la urgencia en darle una respuesta adecuada hacen que, tal vez, esta sea no ya una gran oportunidad, que sin duda lo es, para conseguir ese liderazgo global y conjunto; sino la mejor oportunidad, si no la última la que puede tardar mucho tiempo en volver a presentarse, si es que lo hace. ¡debemos aprovecharla! La próxima vez, puede ser ya demasiado tarde para demasiados retos. Europa necesita un nuevo rumbo, un nuevo sentido de propósito, una nueva tarea, y un nuevo liderazgo, el de los valores progresistas, de centro izquierda, de izquierda, socialdemócratas y socialistas.

Algunas propuestas concretas que plasman el contraste entre los valores conservadores y progresistas y las soluciones a los problemas de la ciudadanía.

Los problemas cotidianos de la ciudadanía ya no encuentran solución en el nivel local, regional o nacional, sino en el europeo e internacional. Todo es global, todo afecta globalmente, toda respuesta debe ser, por tanto, global. Les daré algunas ideas sobre cómo los socialistas pueden atender desde Europa los problemas cotidianos de la ciudadanía:

- Una economía europea dirigida a la creación de empleo

El empleo es la máxima preocupación de los socialistas, porque es la máxima preocupación de la ciudadanía. El paro golpea con extrema dureza a la gente de carne y hueso, la hace vulnerable y temerosa del futuro. Sentimos muy de cerca su angustia porque es la nuestra. Por ello, los socialistas vamos a luchar por convertir al empleo en el eje central de la política comunitaria. Haremos hincapié en la garantía de las prestaciones sociales, especialmente las de desempleo, en la oferta de incentivos públicos a sectores especialmente importantes para la reactivación de la actividad y el empleo, la protección del medio ambiente o el cambio de modelo económico (energías alternativas, biomedicina, nanotecnología, desarrollo de infraestructuras de transporte y comunicaciones, rehabilitación y renovación urbana, turismo sostenible).

También nos proponemos reformar la política regional, ya que se diseñó para el periodo 2007-2013 sin tener en cuenta los efectos de la crisis y con demasiadas soluciones de compromiso que no respondían a un planteamiento global.

Finalmente, en el ámbito social proponemos crear un auténtico ámbito educativo europeo, aprovechando las ventajas comparativas de ese espacio a nivel de la educación superior y de la formación profesional. De este modo proponemos la consolidación de un “Erasmus” laboral o un Programa Europeo de Formación Profesional. Estamos comprometidos con la calidad de todo el sistema y ratificando la necesidad del diálogo y el consenso político y social.

- Una Europa más competitiva que reactive la economía
La Unión Europea debe afrontar la crisis económica con actuaciones firmes y decididas, movilizando todos los recursos disponibles: financieros, regulatorios o sancionadores. Por ello, hay que aumentar la inversión pública. La UE deberá coordinar un plan de reactivación más ambicioso, permitir medidas de estímulo fiscal y destinar más recursos a sectores específicos, como el desarrollo regional, la investigación, la educación o el medio ambiente.

Pondremos un especial énfasis en la innovación tecnológica que resulta clave para la economía. El Parlamento que surja de las elecciones de junio será el que negocie y apruebe las perspectivas financieras para el periodo 2014-2018, que se presentan como una oportunidad para dotar a las instituciones comunitarias de mayor capacidad presupuestaria en los sectores estratégicos para incrementar tanto la competitividad como la cohesión económica y social.

Asimismo, queremos reformar la regulación y supervisión financiera y en este ámbito la acción conjunta de la Unión Europea es imprescindible. Junto a todo lo anterior, queremos introducir medidas que alivien la carga financiera que las personas soportan por la crisis. Pienso en medidas destinadas a facilitar la inmediata repercusión de la reducción de los tipos de interés en los préstamos hipotecarios, el fomento del crédito responsable y la educación financiera o el desarrollo del sistema de microcréditos a través de una mayor implicación de las instituciones financieras públicas y privadas

- Una Europa para la reforma del sistema económico y financiero internacional
El 1 y el 2 de abril el G20, con la inestimable contribución española, ha adoptado una hoja de ruta que incluye nuevas reglas, nueva supervisión, recuperación de la confianza en las acciones de los poderes públicos, nuevas inversiones del Estado y una apuesta por la sostenibilidad y por la consecución de los Objetivos del Milenio. Son unas conclusiones que podría firmar cualquier progresista, es una hoja de ruta de marcado carácter keynesiano.

Ese ha sido el resultado de la cumbre del G20 de Londres. Subrayamos la importancia del acuerdo en la medida en que incorpora un estimulo fiscal sin precedentes, que ha iniciado el principio del fin de los paraísos fiscales, que controlará los fondos de alto riesgo (hedge funds) a través de los supervisores nacionales, que impondrá condiciones a la determinación de los sueldos de los ejecutivos del sector privado, que dotará de un mandato reforzado al Foro de Estabilidad Financiera -rebautizado como Consejo- del que ahora sí será miembro de pleno derecho España.

Los socialistas españoles en el Parlamento Europeo trabajaremos para que se siga por este camino. Defenderemos una regulación que alcance a todos los actores del mercado y a sus distintas actividades, y que sea coordinada y armonizada a nivel internacional. A nivel europeo, propondremos que se fortalezcan los mecanismos para garantizar la estabilidad financiera, promover la integración, y avanzar en la capacidad de supervisión de las entidades de dimensión europea. Promoveremos tratamientos preferenciales para aquellas entidades financieras que adopten códigos de conducta y políticas de buen gobierno corporativo, que ofrezcan transparencia, que mantengan en un nivel honesto las retribuciones de sus consejeros y directivos.

- Una Europa que preserve el modelo social europeo

Apostamos, asimismo, porque el próximo Parlamento Europeo tenga una ambiciosa agenda en materia de empleo y protección social. Es preciso, luchar contra la idea de que la única manera de fomentar el empleo es reformando a peor las condiciones laborales.

Por eso, rechazamos de manera contundente la eliminación o modificación a la baja de las normas mínimas europeas de protección a los trabajadores, entre ellas la duración de la jornada de trabajo, el salario, las condiciones del despido o cuestiones de seguridad e higiene en el trabajo.

Para garantizar el equilibrio de las partes en la relación laboral, que es precisamente la razón de ser del Derecho Laboral, la negociación entre empresarios y trabajadores debe respetar esas normas mínimas, sin las cuales no podría hablarse de un verdadero modelo social europeo.

Queremos evitar la competencia con los Estados que poseen un régimen laboral más consolidado de los trabajadores y sistemas laborales europeos o de terceros países y la competencia entre los propios trabajadores dentro de un Estado por su disposición a abaratar la mano de obra. En un último nivel, el dumping social resulta no sólo pernicioso para las condiciones de vida de los trabajadores de cualquier país, sino que puede también generar conflictos sociales internos, problemas de xenofobia y reacciones negativas hacia colectivos como el de inmigrantes que por la debilidad de su situación se vean impelidos a aceptar rebajar sus condiciones de trabajo.

Pero la actuación contra el dumping social no puede centrarse sólo en mantener las condiciones socio-laborales mínimas ya existentes, sino articular una estrategia general de ámbito comunitario sobre las deslocalizaciones de empresas hacia Estados miembros que cuentan con legislaciones laborales más permisivas y, sobre todo, hacia terceros países emergentes o en vías de desarrollo.

- Una Europa a la cabeza de la lucha contra el cambio climático
De todos los retos, muchos y muy importantes, que afronta Europa en el mundo global, es seguro que el que de modo más imperioso nos compromete a todos es el del cambio climático. Aquí nos jugamos mucho más que el futuro, nos arriesgamos incluso a que no haya futuro. Aunque abundan los negacionistas del cambio entre las filas conservadoras, singularmente entre destacados líderes españoles, los socialistas somos plenamente conscientes de la necesidad de dar un giro hacia el color verde de nuestro sistema productivo y de nuestra forma de vida.

Se trata, más que ninguna, de una batalla global, y queremos que Europa abandere la vanguardia, asuma compromisos y actúe de acicate y ejemplo a seguir del resto del mundo. Contener el cambio climático, reducir sus perniciosos efectos, forma parte del contenido del pacto intergeneracional, en este caso para dejar un legado sostenible a los más jóvenes y a los seres humanos del futuro.

La Unión debe liderar la iniciativa para alcanzar, en la cumbre de Naciones Unidas a celebrar a finales de 2009 en Copenhague, un acuerdo global de reducción de emisiones. Los socialistas españoles promoveremos que Europa esté dispuesta a llegar, como mínimo, al 30%, y tendiendo al 40%, en el horizonte de 2020, siempre que asuman compromisos equivalentes los grandes emisores industrializados.

- Una inmigración ordenada y con derechos

Otro capítulo clave en la agenda del próximo Parlamento Europeo va a ser la Inmigración. Por un lado, sigue siendo necesaria la inmigración legal, especialmente -aunque no sólo- la de alta cualificación. Por eso, hay que apoyar políticas de integración, continuar con la consolidación y extensión de derechos, y luchar con firmeza contra el racismo y la xenofobia. Así, la inmigración debe concebirse como una política estratégica que debe plantearse a medio plazo y no dejarse llevar por la inercia de la crisis económica.

Pero por otro lado debe mantenerse firme el control de fronteras y de reducción progresiva de la inmigración irregular, de lucha contra las mafias y de diálogo permanente con los países emisores siguiendo los criterios establecidos por Naciones Unidas acerca de los nexos entre migraciones y desarrollo.

Las políticas progresistas europeas en materia de inmigración garantizan mejor que las conservadoras y, por supuesto mejor que las de extrema derecha, el equilibrio que debe existir entre la ordenación de los flujos migratorios y la lucha contra la inmigración irregular, por un lado, y el respeto a los derechos de las y los inmigrantes y su integración, por otro. Los progresistas en España y en Europa son los que tienen una visión más amplia del fenómeno y quienes mejor pueden actuar sobre sus diferentes causas y efectos.

Los socialistas hemos conseguido que el Pacto europeo sobre inmigración y asilo se haya asentado en los principios señalados anteriormente y en la necesidad de adoptar una política común europea que responda al problema aportando soluciones en la raíz: la enorme desigualdad entre la ciudadanía y países ricos y pobres. Por eso, tendremos que estar vigilantes y hacer realidad la puesta en práctica de todas las medidas contenidas en el mismo: Organización de la inmigración legal, lucha contra la inmigración irregular garantizando la repatriación, mejorar la eficacia de los controles en fronteras, constituir una Europa del asilo y favorecer las sinergias entre cooperación al desarrollo e inmigración, asociándose a los países de origen, tránsito y destino. En el mundo globalizado en el que vivimos todos corremos una suerte común, pero la afrontamos con una fortuna muy desigual. Los retos más arriesgados proceden de la inmensa injusticia que soporta una gran parte de la humanidad. Entrados ya en el siglo XXI, son muchos más los que no disponen de casi nada que los que disfrutan de casi todo.

- Una Europa que lidere la cooperación al desarrollo.

Los socialistas tenemos la obligación de intentar comprometer a Europa con el objetivo de la ayuda oficial de cooperación al desarrollo que nos hemos propuesto cumplir en España. Es una obligación ética, llena de razones prácticas.

La pobreza severa empuja a las migraciones desesperadas, está en la raíz de las crisis y tensiones políticas, y alimenta los tráficos ilícitos.

Los socialistas españoles hemos comprendido bien esta lacerante realidad y hemos actuado acordes con nuestros valores y con gran decisión práctica. En apenas 5 años, se han más que duplicado los recursos destinados a la cooperación al desarrollo. Lo ha comprendido igualmente la Unión Europea, el conjunto de países que, juntos, constituimos el primer donante, contribuyendo con más de la mitad de la ayuda mundial.

También en la cooperación se confrontan dos concepciones. De un lado la concepción conservadora, que apuesta por la mera ayuda de compromiso; que se desentiende de la suerte de centenares de millones de personas. Es la concepción de quienes basta que se prolongue o se profundice la crisis económica para que pidan que se abandone precisamente a los que están sufriendo sus consecuencias con la mayor intensidad. De otro lado, nosotros, los socialistas, afirmamos nuestra concepción contrapuesta. Creemos que no basta con tratar solo los efectos de la desigualdad, sino que hay que combatir y superar los fundamentos de la misma.

Sostenemos, en consecuencia, que la nueva agenda de problemas que ha traído la irrupción de la crisis no puede ni debe llevar al abandono de la agenda de los compromisos con la ayuda al desarrollo, sino que, por el contrario, la hace aún más imperiosa y urgente. Es más, sostenemos que el cumplimiento de esos compromisos constituye también una política contra la crisis. Nuestras prioridades son luchar radicalmente contra la pobreza, poner todos los medios para que se cumplan en tiempo los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y alcanzar para Europa, como lo queremos para España, destinar el 0’7% del PIB a la ayuda oficial al desarrollo en el plazo de 2015.

- Una Europa más fuerte en un mundo más justo

Del mismo modo, las y los socialistas españoles apoyaremos una Unión Europea más fuerte en un mundo más justo y más seguro. Considerando como principios de actuación de la Unión en el plano internacional el multilateralismo, la defensa de la legalidad internacional, la diplomacia preventiva y la coordinación entre los Estados miembros. Nuestras prioridades en ese campo serán: el reforzamiento de la gobernanza global, la lucha contra la pobreza y la eliminación de las desigualdades, la protección de los derechos humanos, la preservación de la paz y la seguridad internacional y la lucha contra el terrorismo internacional y el crimen organizado.

Dentro de las prioridades geográficas, el gran reto para nosotros es la redefinición de las relaciones transatlánticas. La llegada al poder del Presidente Obama es un elemento histórico que los progresistas de Europa y, especialmente, de España, no pueden desaprovechar para tratar de dar respuestas conjuntas a los problemas globales. Por otra parte, el fortalecimiento de las relaciones de la UE con América Latina, el Mediterráneo y el África Subsahariana resulta indispensable. Europa debe avanzar con paso firme hasta desempeñar en la escena internacional el mismo nivel de influencia política y diplomática que ya posee en los ámbitos económico y comercial.

- Una Europa en igualdad

Esa influencia política que puede tener Europa debe mucho a nuestro modelo social y de ciudadanía. Queremos mantenerlo y reforzarlo. La Europa social y de la ciudadanía que quieren los socialistas es la Europa de la igualdad. Una igualdad política, jurídica, de oportunidades y también de género. Los avances producidos en el ámbito comunitario han sido importantes pero aún no son suficientes. Por ello, formulamos nuevas propuestas en este ámbito, como el establecer una normativa comunitaria integral para la igualdad de genero, que se facilite un número adecuado de plazas de escuelas infantiles, que se profundice en la efectiva igualdad salarial entre hombres y mujeres, que se luche contra la violencia de género y que se ponga freno al tráfico de mujeres o que se fomente a través del presupuesto europeo medidas para poner fin a la raíz del problema a través de políticas educativas para la igualdad, incluyendo la erradicación de hábitos discriminatorios en la sociedad, especialmente aquellos difundidos en los medios de comunicación.

- Una Europa más democrática

Desde los valores progresistas europeos, más Europa significa necesariamente más democracia. Para los progresistas españoles esto ha sido una constante. Las y los socialistas españoles fueron los impulsores del concepto de ciudadanía europea incluido en el Tratado de la Unión Europea de 1992 y quienes convocaron el primer referéndum sobre la Constitución Europea con resultado favorable. Este compromiso persiste y en la actualidad se traduce en un decidido apoyo, por un lado, a la ratificación del Tratado de Lisboa y con él de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, y, por otro, a las políticas comunitarias que amplíen la participación y la información de la ciudadanía y la transparencia de las instituciones. Por último, queremos impulsar la utilización de Internet y las redes sociales para organizar la participación política de la ciudadanía y para que éstos puedan comunicarse con los representantes políticos.

Europa en la encrucijada entre dos modelos de valores: la importancia del voto

Las elecciones del 7 de junio implican una elección sobre cómo salir de la crisis, pero sobre todo decidiremos acerca del modelo de sociedad que queremos para las próximas décadas. El resultado de estas elecciones europeas determinará qué valores queremos que prevalezcan en el mundo en los próximos años. Votar en estas elecciones supone elegir entre dos modelos, dos idearios, dos horizontes ideológicos y dos cuadros de valores.

Por tanto, no sólo nos jugamos mucho en los intereses de nuestra vida cotidiana, sino también, como nunca, está en juego una contraposición de valores. Estamos en una encrucijada y hay dos caminos, dos opciones. Uno abunda en la derecha, supone el regreso al coto cerrado, al populismo, la demagogia, incluso a la xenofobia, al proteccionismo. Es el miedo al otro, a los cambios, al futuro. Es la Europa pequeña, débil y exclusivamente mercantil. El otro gira a la izquierda. Confía en la ciudadanía y protege a los más débiles, no tiene miedo a los cambios, los lidera, y apuesta por la esperanza, no por el miedo. Cree y quiere una Europa grande, fuerte, incluyente, con un rumbo y un liderazgo claro.

Nos jugamos una decisión sobre la política, que ha vuelto con fuerza desmintiendo a quienes sentenciaban su destierro para abandonarse en los brazos del mercado. Hoy la política cuenta, los poderes públicos cuentan. Es la ciudadanía, y no el mercado, quien decide. Su voto importa porque el Parlamento, por sus competencias y funciones, es clave en las decisiones que afectan, tanto a la vida diaria de cada persona, como a las grandes decisiones que orientan la construcción europea y el devenir mundial. El Parlamento Europeo no es una institución lejana u oscura. No es un Parlamento indiferente a la ciudadanía o a las grandes soluciones mundiales.

Por ello, es imperativo ir a votar y saber por qué y por quién. Votamos motivos, razones. Votamos decidiendo una disyuntiva crucial entre soluciones progresistas, solidarias, protectoras, por un lado, y sus alternativas dictadas por el egoísmo y la insolidaridad y los recortes sociales. Votamos entre futuro o pronto regreso a las políticas que nos han traído los problemas que ahora padecemos. Votamos para mejorar o no las condiciones y la calidad de vida de la ciudadanía europea. Nuestra apuesta es decisiva para impulsar avances y para frenar retrocesos.

La Europa que queremos no puede ser otra que la Europa de las personas. La Europa de mujeres y hombres de carne y hueso, porque Europa es y será lo que queramos la ciudadanía europea.

Europa somos todos: tú decides
El 7 de junio es la gran oportunidad para, igual que hace unos meses, decidió la ciudadanía norteamericana, se produzca en Europa un cambio de rumbo. Para que Europa, por fin, aporte las soluciones que el mundo requiere con urgencia. Es la hora de que la ciudadanía, las personas pasen a ser los primeros.

Es la hora de un Parlamento Europeo cargado de los mejores valores, que forje una Europa cargada de su razón de ser. Una Europa con alma, capaz de apasionar con su épica y fuerza movilizadora. Capaz de forjar un sueño europeo digno se ser soñado. La ciudadanía decide.



Artículos e intervenciones

  • png
  • jpg
  • png
  • png
barrafooter