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07 Agosto 09
Un acto celebrado el pasado viernes en los jardines del Palacio Municipal, organizado por la Asociación Senegalesa Sanluqueña “Keurgui”, que engloba a numerosos senegaleses afincados en nuestra ciudad, y al que no pude asistir por otros asuntos personales, aunque me hubiese gustado muchísimo ir, me ha hecho pensar y meditar sobre una palabra que decimos con mucha frecuencia y con demasiado ligereza y que creemos justificar de cualquier modo y a cualquier precio. La palabra es solidaridad.
A mi entender la solidaridad debe ser completamente generosa, a cambio de nada y no es, por lo menos no debe ser soltar unas perrillas, que luego meto en la declaración de la renta, como no se puede comparar con la caridad, que ya se supone que tiene su premio en el reino de los cielos, pero tampoco quiero que estas letras como crítica la caridad, que me parece una buena virtud, que no sería necesaria sin fuésemos más justos.
Como tampoco se puede identificar la solidaridad con esas obras de tipo sociales que hacen bancos, cajas de ahorro y grandes empresas con la insana intención de que sus gabinetes de comunicación nos recuerden en las campañas de prensa escrita, radio, televisión y ahora hasta por internet, que es lo más moderno, lo súper mega guay que son, aunque luego sean capaz de exprimir al que menos lo espera.
La solidaridad es estar cercano a aquellos que de forma injusta lo están pasando mal, y digo injusta porque nunca puede ser justo que unos no tengan para comer, para vestir, para calzar y mueran de hambre, sed o miseria, mientras otros nos atracamos como cerdos y convertimos nuestros basureros en inmensas moles de basura que si antes hubiese sido mejor repartida seguro que paliaba un gran tanto por ciento del hambre mundial. Además de convertir el mundo en un inmenso vertedero, que de eso ya hablaré otro día.
Claro que no sólo es cuestión económica la solidaridad, y a veces es mucho más importante una mano en un hombro, una caricia a tiempo, una sonrisa regalada o simplemente una palabra dicha en su momento, que varios millones de euros.
Sé que algunas de las personas que lean esto pueden pensar “anda con la monserga que nos sale este, ahora con la crisis”, y a lo mejor tienen sus razones para pensarlo o decirlo, que en cuestiones de razones cada uno tiene las suyas y puede que todas sean dignas de oír, pero yo estoy dando las mías.
Pues sí, creo que ahora más que nunca, también es momento de solidaridad, pero les aseguro que de que de forma muy egoísta, si es que las cabras tiran para el monte, a mi me cuesta mucho menos ser solidario con los que de verdad lo necesitan, que con aquellos que su única intención es seguir conservando el estatus de gran consumidor, pero ahora no pueden.
Lo siento, pero no me apetece mentir.
Aunque no tenga nada que ver, no me gustaría esta semana terminar sin dejar un recuerdo para un amigo y un gran periodista que esta semana nos ha dejado. Adolfo Álvaro, te recordaremos siempre y puede parecer que son sólo unas palabras dichas mil veces, pero que por lo menos en mi caso esta vez son de verdad.

