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08 Septiembre 09
Creo que ha sido un sueño, lo he tenido que soñar, porque esto en los tiempos que estamos no puede pasar. El otro día pasando por el Barrio Alto, concretamente en la esquina entre la Parroquia de la O y la Plaza de la Paz, se acercó un señor enfurecido, creo que de ”uniforme” -no estoy seguro, quizás el sueño, por cierto bastante impecable de haberse usado poco-, sudoroso y acercando su cara a la mía, me increpó lo siguiente, señalándose con su mano izquierda, o derecha, bueno no sé, es lo de menos, que sea de izquierda o derecha, de sí mismo; y pegándose golpes allí donde suelen sacarnos la sangre, decía que “lleva la política en las venas, que ha echado a dos de la política y que estará aquí todo el tiempo que quiera, y va a echar a la tercera”. Tiene que haber sido un sueño, seguro, lo bueno o lo malo es que algunas veces los sueños se vuelven realidad.
Si es un sueño o no, parece que en Sanlúcar ha nacido una nueva casta, que podríamos llamar la de los “usurpadores de la democracia”. A lo mejor los patéticos gobiernos demagógicos que tuvimos en el pasado, han sido el caldo de cultivo ideal para la aparición de estos lideres mesiánicos que combinan su perfil autoritario con un discurso populista y ese hipócrita fervor democrático que los delata de forma inconfundible.
La democracia es la herramienta que utilizan para ejecutar su “proyecto”. Se trata de declararse amante de ella y al ejercerla sentar las bases de su propio negocio. El camino lo conocemos, promesas populistas, mucha demagogia y predecibles triunfos electorales. Siempre hay por ahí un sondeo que le da ganador. Este tipo de político actúan así, tanto cuando ejercen de representante público, o como en su propio “Partido”, dejándolo en caso necesario para poder sumar más poder, que no el que le da las urnas, y así una reelección primero, otra después, para concentrar todo el poder en su propio Partido, amedrentando a los que levantan la voz para cerrarles todas las puertas de acceso y acallarlos a cualquier modo.
Estos “usurpadores de la democracia” quieren el poder y la conciencia de la gente, y por eso se crean enemigos artificiales para justificar su presencia democrática. Pero estas cosas tiene la democracia, donde surgen esta casta de populistas, que la propia democracia concibe al aceptar tan mansamente a estos “líderes” que pretenden apropiarse de lo que no ganan en las urnas, la legitimidad de gobernar, para mentir y jugar con los ciudadanos. Estos déspotas han construido un modo de interpretar los principios de la democracia que se sostiene sobre la base de que todo lo que decide una mayoría no debe ser aceptado, ni legal ni democráticamente.
Este tipo de dictadorzuelo local, seguirá intentando convencernos de que aunque pierda todas las elecciones a las que se presenta, el perder le otorga el derecho para imponer. Y por eso, para perpetrar su objetivo necesita de gente capaz de creerse ese cuento, de jugar ese juego, del enemigo irreal que justifica deslegitimar el poder otorgado por las urnas. Pero también requiere de una sociedad descomprometida, la de aquellos ciudadanos que creen que la política es tarea de otros y que no vale la pena participar.
El tipo populista conoce las reglas, sabe que con un poco de mística en sus filas y la apatía de una comunidad que los avala con su apoyo o con su silencio, o con sus desgracias, pueden dar los primeros pasos de un camino de engaño y demagogia. El problema de este tipo de demagogo, que no admite critica y quiere amedrentar a cualquiera que no le de la razón, es que debe servirse de la propia democracia como instrumento para ejecutar su “proyecto”, y esta, la democracia, siempre suele ponerlo en su sitio. Pero ya hemos aprendido a identificarlos, y por lo tanto, ha pasado el tiempo de cuidarse de estos usurpadores, ha llegado el tiempo de la indiferencia y dejar de “alimentarlos”.
La sociedad sanluqueña ya no quiere etapas pasadas de crispaciones políticas, ya no quiere griteríos de cafeterías, desideologización. Quiere y por eso lo votó así: “otras formas”, por eso votó el valor de la honestidad en la vida pública. Por eso, este tipo de populistas no pueden dar lecciones de honestidad política, porque su pasado político es de muleta, de bisagra y de pinza. Es un pasado dispuesto a alcanzar pactos sin distinción de ideología, y que estos acuerdos le sirvan para obtener cargos, proyección mediática y una buena cartera de empleo. Pero la suerte no es eterna.
Este tipo de populista, demagogo, dictadorzuelo, que no tiene ideología, que es un apéndice que se quita y se pone, del que nadie se fía de él porque ha cambiado muchas veces de bando, ya ha pasado de moda. Y que se ha cargado a un Partido, que respeto, promocionando las desavenencias internas para ostentar siempre el poder, para que quede en manos siempre del mismo, el político profesional, al que el electorado sanluqueño lo ha rechazado de manera reiterada para que ejerza la representatividad de su ciudad. Por eso a ese partido que dice representar, solo le queda una receta: la de romper con su pasado de manera visible, divorciarse del populista o usurpador democrático y cambiar de imagen, de estilo y de dirigente.
Posdata 1:
La edad muchas veces nos hace más responsable, y hay que devolverle a la sociedad lo que nos ha dado. Algunos a lo mejor no servimos para estar en primera línea política, pero ésta puede hacerse también opinando, pese a quien le pese, y en los tiempos que estamos no tener que soportar amenazas de nadie. Tengo mi conciencia tranquila en honradez y en el trabajo que desempeño actualmente, y mi posición ideológica va a cumplir 20 años y siempre en el mismo lado. ¿Puedes decir tú lo mismo? Sobre todo de honestidad. Y cuando tengas que escribir algo no te escondas detrás de otro nombre. Por cierto no me das miedo.
Posdata 2:
Por si alguien no se da por “aludido”, y le puede servir de pista, me alegro que hayan quitado de los supermercados las bolsas de plástico. Espero que alguna vez desaparezcan las bolsitas de la vida política sanluqueña, para que así sea más democrática y sobre todo, más sostenible.
Posdata 3:
No voy a perder más tiempo contigo. Adiós y que te vaya bien. Salud y buena suerte.

