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28 Noviembre 05
El proceso de globalización de la información desdibuja los límites que han marcado la historia reciente. Junto a los flujos comerciales se sitúan los sistemas de comunicación y cambia el mundo de relaciones, para acoplarse a los nuevos sistemas de trabajo y de influencia. Si consideramos lo global como complementario de lo local, es aquí donde las mujeres tenemos un espacio y una oportunidad de aprovechar en positivo las inercias de los nuevos tiempos.
No se trata de luchar en abstracto contra la globalización de la información, sino de aprovechar las ventajas que conlleva de potencialidad de acceso y reparto de la información, generando estrategias que equilibren los flujos económicos, sociales y culturales, para dar cabida a las necesidades y deseos de pueblos y colectivos con identidad propia.
La propuesta es participar en la multiculturalidad planteada como energía sumativa en un mundo globalizado, que no debe equivaler a un mundo uniforme. Ahora las mujeres tenemos un espacio y una oportunidad para aprovechar las inercias de los nuevos tiempos. El nuevo paradigma nos obliga a reconstruir nuestra relación con el mundo.
Los cambios que introducen las Tecnologías de la Información y la Comunicación son significativos por la cantidad e inmediatez de los fenómenos que producen. Para medir su valor, hay que conjugar la explosión del desarrollo tecnológico en la última década, con la importancia que ha adquirido la información, ya en si misma tiene precio en el mercado (asesorías, consultoras, agencias de bolsa, guerra de información...)
La coincidencia en el tiempo de estos elementos ha producido un efecto multiplicador sobre la facilidad de acceso, el volumen y la posibilidad de obtener información desde cualquier punto geográfico y desde múltiples fuentes. A esto se suma el fenómeno de la inmediatez, en tiempo real, aportando así un valor añadido a la información.
El fenómeno innovador, por las transformaciones sociales y políticas que implica, es que la información se puede convertir en comunicación y la información se puede cambiar en relación. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación –TIC-, nos ofrecen la posibilidad de intervenir y participar en un nuevo espacio político y público, en Internet el medio en si mismo crea un espacio propio un -meta espacio- genera un ámbito vivo y nuevo, sin fronteras, pues se crea a si mismo en el intercambio producido por las personas que accedemos a la red.
Se abren así, grietas en las estructuras de poder tradicionales, aparecen nuevas situaciones que se viven como un reto, los colectivos reclaman su identidad frente a la mundialización. Lo que se podía quedar en un sueño de algunas y algunos, es posible gracias a la agilidad y rapidez de las nuevas formas de comunicación, que dinamitan las relaciones jerárquicas, permitiendo las multidireccionales. La información viajando por el ciberespacio da lugar a lo que se ha llamado el “Poder inmaterial” (Soft power).
Otra vez nos encontramos ante la creación de un nuevo orden, jurídico, económico, cultural y de ocio en el que los términos clásicos del contrato de trabajo, tiempo y salario, se ven confrontados a nuevos índices: información, valores, reconocimiento y tiempo. Permanecer al margen, o estar sólo como usuarias y receptoras, vuelve a colocar a las mujeres en un lugar no deseado: en el límite de los márgenes del mundo.
Es necesario intervenir, participar como creadoras de políticas diferentes, que vayan dibujando otras formas de hacer, otras maneras de nombrar, otros lugares donde divertirnos, hablar y comunicar, otras relaciones para trabajar, comprar, estudiar o amar.
Una estrategia posible de intervención para las mujeres es crear un “ecosistema informacional” para introducir cambios profundos en la sociedad, romper el sistema jerárquico del poder y favorecer la estructura de redes, que permite devolver el protagonismo a la gente en la gestión de su vida y sus deseos.
Para intervenir significativamente necesitamos analizar nuestra relación con la tecnología, desvelar los supuestos miedos ante las máquinas y devolver la visibilidad de las mujeres en la ciencia y la tecnología. En un estudio detallado sobre este papel en la historia, al que hemos llamado cibergénero, observamos que cuando se habla de la tecnofobia en las mujeres, se nos remite a una idea que está enraizada en una supuesta ausencia de cultura técnica, que la ciencia establecida, el discurso científico androcéntrico, deposita sobre el imaginario femenino.
Es un paradigma falso, que se basa en el desconocimiento o ausencia intencionada de la presencia de las mujeres y sus obras en los ámbitos científicos y tecnológicos, no estamos dentro de la historia científica oficial.
Otro punto de vista planteado por la investigación feminista nos muestra, que en las comunidades primitivas el papel asignado socialmente a las mujeres ocupaba el mundo de las relaciones y compartían con el resto del grupo las acciones necesarias para la subsistencia. A través de la acumulación de experiencias, la observación y la sistematización de los conocimientos adquiridos permiten desarrollar herramientas y estrategias para intervenir en el mundo. La supervivencia iba ligada a la capacidad de resolver las necesidades vitales del grupo y ejercer la mediación entre sus miembros y respecto a otros grupos.
Las tradiciones orales nos traen las pruebas del trabajo científico de las mujeres de las primeras sociedades, los primitivos utensilios de las sociedades recolectoras, escudillas, piedras de moler, estiletes de piedra, agujas para ensartar pieles, cinceles, herramientas para manipular los alimentos. El fuego, la alimentación, el conocimiento de la naturaleza, sanadoras, parteras, alquimistas, brujas, ...son la base de los mitos y religiones de la Edad del Bronce, en los que las mujeres ocupan un lugar destacado.
Las aportaciones femeninas se representan con las diosas y heroínas, desarrollan la agricultura, estudian astronomía, alquimia y medicina. Durante la Edad Media, los conventos se convierten en los lugares de estudio y conocimiento femenino, dejaron un legado importante a los siglos XVII y XVIII. Sus herederas fueron las mujeres de los salones científicos, durante la revolución científica cobran importancia las mujeres naturalistas, químicas, botánicas, geólogas, botánicas, astrónomas...
El recorrido por la historia nos muestra un hilo conductor en las aportaciones de las mujeres a la ciencia y la tecnología, desde los inicios hasta la modernidad. Hoy en los tiempos del ciberespacio, hay mujeres que siguen en la vanguardia de la investigación desbordando los modelos anticuados de investigación, haciendo propuestas innovadoras que unen la ciencia con la vida.
Son muchas las mujeres que han hecho aportaciones significativas a la ciencia y la tecnología, en realidad todas las mujeres lo han hecho desde el principio de la vida con sus conocimientos cotidianos y la experiencia compartida, creando un cuerpo de conocimiento que podemos nombrar como el saber de las mujeres.
Como se puede ver, el desarrollo tecnológico ha estado desde siempre en nuestras manos, las razones de la tecnofobia están en el secuestro que hace la ciencia de la cotidianidad de las mujeres. Convirtiendo las máquinas en algo ajeno a nuestras vidas, al relegarnos al ámbito doméstico, se nos apartaba de la ciencia pero nos convertíamos en las creadoras, participantes y usuarias en primer grado de la tecnología del ámbito familiar.
Las mujeres engendradoras y transmisoras de cultura y de vida, desde siempre hemos originado y desarrollado las herramientas necesarias para mejorar la calidad de vida de los grupos sociales en los que vivimos. Es decir, siempre hemos hecho Investigación, hemos desarrollado Tecnología y hemos impulsado el Desarrollo. Al devolver la visibilidad a las mujeres en la historia aparece el hilo conductor de estas aportaciones, que va construyendo una genealogía femenina en la que poder reconocernos y un espacio simbólico femenino hacia el que poder mirar.
Como explica Dolores Juliano, en Las redes de mujeres, "... en las sociedades tradicionales se establecieron ámbitos femeninos, con el paso del tiempo se ha ido produciendo el traslado de tareas incluidas en los ámbitos femeninos hacia los masculinos (el religioso, la salud, la educación). Lo que ha dado lugar a un gran ámbito de desposesión para las mujeres.
Estamos recuperando espacios que ya antes eran nuestros. Se nos asignó el lugar del lenguaje, la comunicación y las relaciones del grupo, dentro de él y con el exterior. Esto explica la necesidad de mediar de las mujeres, de desarrollar capacidades sociales como mediadoras entre los grupos y las personas.
La comunicación ha estado socialmente asignada a las mujeres, cuando los saberes se instrumentalizan y objetivan, se institucionalizan, adquieren un discurso diferente de cómo deben realizarse y un instrumental específico, es decir, se masculinizan. Así se les hace coincidir con el ámbito masculino, el ámbito de los objetos, los hombres toman las tecnologías por asignación social, no por transmisión social..."
Por tanto Internet, o la Red, si preferimos nombrarla en femenino, que puede parecernos algo tan críptico y alejado de las mujeres, está basado en las tareas que hemos desarrollado históricamente y en las capacidades que nos caracterizan. Además, se construye utilizando el hipertexto una herramienta que parece imitar el mecanismo sobre el que las mujeres construimos el conocimiento, usamos estructuras de conocimiento complejas, llenas de matices que ponemos en relación, con recorridos rápidos de ida y vuelta, que siempre recogen, añaden, o completan una información con otras que ya poseemos y generamos datos o sensaciones más elaboradas.
Las mujeres saltamos de un plano a otro sin dificultad, de lo cotidiano a lo institucional, de lo laboral a lo personal, o de lo oficial a lo privado, sin que signifique perder el hilo del trabajo o el interés en la conversación, al revés, estos itinerarios dan consistencia a nuestros pensamientos, porque están mucho más ligados a la realidad, que los discursos planos o elaborados artificialmente. Es lo que podemos llamar nuestra agenda compleja. Así se puede explicar porque las mujeres cuando entran en la red la utilizan prioritariamente como medio de comunicación, una vez superada la resistencia a la máquina, se establece fácilmente una relación de familiaridad.
Siguiendo el hilo que nos muestra el cibergénero y recuperando el papel social históricamente nuestro, un grupo de mujeres hacemos una propuesta www.e-leusis.net para construir en el ciber un lugar de autoridad, de libertad femenina, donde vivir con otra mirada sobre el poder y las relaciones, con otra medida para interpretar la realidad y hacer del mundo nuestro territorio, donde construir proyectos compartidos para bajarlos a tierra y mejorar la vida.
El objetivo del proyecto es la creación de una comunidad virtual que sirva de soporte para una ciudad, pensada como el lugar donde se desarrolla la vida, como un universo en construcción del conocimiento de las mujeres, las relaciones, deseos, necesidades y servicios de las mujeres, un lugar para las relaciones, el conocimiento compartido y los negocios.
Las que compartimos este proyecto “Eleusis.net” vamos a señalar algunos caminos, otras los iniciaron, de otras los aprendimos, muchas los recorremos y todas os invitamos participar.

