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09 Diciembre 05
Tradicionalmente las actuaciones de los poderes públicos en el sector de las telecomunicaciones habían estado dirigidas a velar por el acceso universal al servicio de telefonía fija y a garantizar su calidad. En la mayoría de los países era una empresa con participación pública la que operaba el servicio de voz en régimen de monopolio, la cual estaba sometida a una estricta regulación. Sin embargo la evolución tecnológica que se produce desde finales de los años 80 modifica sustancialmente este planteamiento. Desaparecen los monopolios naturales y aparece la competencia. En 1998 culmina un largo periodo de transición y se liberaliza el sector en España permitiendo la entrada de empresas privadas y privatizando totalmente al incúmbete. La mejora de la calidad, la rebaja de precios y la innovación en servicios son indicadores claros del éxito alcanzando.
Hoy la situación poco o nada se parece a la de finales del siglo pasado y ya en la nueva Ley General de Telecomunicaciones del 2003 se cambia el enfoque regulatorio adoptando progresivamente los conceptos de la libre competencia. No se abandona la regulación sectorial, pero se limitan las actuaciones ex ante a los casos donde se demuestre que la competencia no es efectiva. Precisamente la CMT está en estos momentos analizando los mercados de referencia con este objetivo marcado.
Por otro lado sigue siendo el avance tecnológico el que lidera los cambios del sector. La combinación de las capacidades de las tecnologías de la información con las de las tecnologías de la comunicación está permitiendo el desarrollo e implantación de la Sociedad de la Información. De esta forma el sector TIC además de contribuir por si mismo a la generación de riqueza y empleo está impactando sobre el conjunto de la economía, mejorando su productividad, y sobre los hábitos de las personas que están modificando sus tareas más cotidianas.
La convergencia tecnológica y la digitalización de los contenidos se está sumando a este fenómeno permitiendo el acceso a servicios de voz, datos e imagen en el momento que se necesite y desde el lugar que uno se encuentre, indistintamente de la red de acceso que se utilice.
Los socialistas siempre hemos defendido la universalización de las comunicaciones como medio para garantizar la cohesión social. La nueva situación, donde la Sociedad de la Información y del Conocimiento es protagonista reafirma nuestro compromiso.
Cuando los socialistas debatimos sobre las TIC nos referimos sin duda al despliegue de infraestructuras, a la gestión del espectro radioeléctrico, al nivel de precios y a la competencia.
Pero desde una perspectiva social debemos tener presente que nos estamos refiriendo a servicios de sanidad, seguridad, justicia… y al acceso universal a la información, el conocimiento, la cultura, la formación y a la educación, pilares básicos de nuestra política de igualdad de oportunidades.
Entender la Sociedad de la Información desde una perspectiva social no sólo nos va a permitir diseñar políticas más acertadas desde los diferentes ámbitos donde desempeñamos tareas de gobierno, sino adaptar nuestro discurso social a los nuevos tiempos donde la tecnología, su acceso y su uso, es la fuente principal de oportunidades pero también de desigualdades.

