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DESAFIOS ACTUALES DE LA I+D+i ESPAÑOLA

JUAN MANUEL MARTÍNEZ MILLÁN . INGENIERO DE TELECOMUNICACIÓN. DIRECTOR TÉCNICO DE PROYECTOS DE I+D+I

02 Enero 06

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Entendemos la Sociedad de la Información como el conjunto de oportunidades y nuevos servicios que desarrollados mediante la aplicación de las nuevas tecnologías permiten, por una parte, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y, por otra, aumentar la productividad y competitividad de las empresas lo que favorece, finalmente, el crecimiento de las mismas y la creación de empleo en sectores de actividad antes inexistentes.

 

La Sociedad de la Información abarca, por tanto, a los ciudadanos haciendo uso de los nuevos servicios y a las empresas y sus trabajadores desarrollándolos y poniéndolos en funcionamiento.

 

Teniendo en cuenta esto, si definimos servicio como un componente (tangible o intangible, hardware o software) que realiza una determinada funcionalidad, desde el punto de vista de los actores de la I+D+i podemos convenir que la Sociedad de la Información tiene como desafío el desarrollo de nuevos servicios que, a partir de los beneficios objetivos que aportan a los usuarios, se puedan comercializar y, con ello, crear nuevas vías de crecimiento.

 

Para entender la importancia de esto último baste citar que en los EE.UU “la venta de servicios se ha convertido en el mayor negocio de las Tecnologías de la Información (TI)”, (The Economist, Mayo 2003), y ello está cambiando el modelo económico a tal punto que estamos pasando de una economía basada en “la lógica de reproducción para ir a otra basada en la lógica de la innovación, de un régimen de repetición a uno de invención. El valor, que antes tenía origen en la producción de bienes homogéneos y reproducibles, actualmente tiene su origen en los cambios y en la innovación que se transforman en el principal factor de valorización.” (Marta Araújo, 2005, Comunicación, Trabajo y Valor en la Sociedad de la Información, disponible en http://www.cibersociedad.net).

 

Sin embargo, la creación y puesta en marcha de este tipo de servicios y/o productos, que es una de las razones por las que existen actividades de I+D+i, no son sencillas y cuentan con dificultades y necesidades importantes como  un buen conocimiento del mercado para identificar oportunidades, una alta especialización y conocimiento tecnológico y un alto coste de financiación del desarrollo de los proyectos-prototipos iniciales, cuestión ésta que se traduce en alto riesgo para las empresas dado que el retorno de la inversión no está garantizado y depende en gran medida del éxito del desarrollo y de la correcta comercialización, a largo plazo, del resultado final.  Estas dificultades son particularmente negativas para las PYMEs, puesto que tienen acceso limitado al conocimiento tecnológico y pocos recursos económicos para dedicar a estos fines.

 

Las actividades de I+D+i son, pues, fomentadas a todos los niveles (autonómico, nacional y europeo) con el objetivo de fortalecer la posición científico-tecnológica de la industria en diferentes áreas de conocimiento (telecomunicaciones, industria, aviónica, software,…) mediante acciones y medidas concretas que se traducen en ayudas de diverso tipo, entre ellas la financiación parcial de los proyectos en porcentaje que depende de la naturaleza de la actividad, de quién la realiza y de donde la realiza, entre otros.

 

Lo cierto es que España, en 2005, mantiene un diferencial importante respecto a Europa en cuanto a parámetros de asimilación de las TI y, aún siendo esto importante, la ‘brecha’ no es comparable al diferencial en participación en proyectos de I+D+i a nivel europeo (apenas el 6% del total del presupuesto de este año en el área de Tecnologías para la Sociedad de la Información del 6º Programa Marco de la UE) ni tampoco, ya a nivel nacional, al diferencial tecnológico entre universidad, grandes empresas y PYMEs.

 

Son muchos factores y, además, complejos. Pero ello no implica que las cosas no puedan cambiar, o cambiarse.

 

La existencia de excelentes grupos de investigación españoles es casi una tradición en muchas disciplinas. La participación creciente de empresas tecnológicas españolas, a menudo PYMEs, en los programas ITEA-Eureka, en la Agencia Espacial Europea (desarrollando siempre las cosas más difíciles) y en el 6º Programa Marco es un hecho y, considerando que el nivel de partida era cero hace apenas unos años y que los indicadores de calidad de los servicios/herramientas desarrollados son muy buenos, la valoración debe ser optimista y especialmente motivadora con respecto al futuro.

 

La falta de liderazgo y/o presencia en la toma de decisiones de grandes proyectos estratégicos de I+D relacionados con la Sociedad de la Información y las Comunicaciones es, no obstante, una cuestión preocupante por lo que supone, aparentemente, de falta de visión y dominio de todos los factores (tecnológicos, financieros, conocimiento del mercado) por parte de las empresas españolas.

 

Entorno a la I+D+i española surgen constantes preguntas: ¿Falta de enfoque? ¿Desconocimiento real de las áreas de innovación? ¿Desinterés de la industria? ¿Por qué es tan débil la relación Universidad-Empresa?

 

Desde una posición de observador, me atrevo a replantear las preguntas de otra manera: ¿Quién son los actores de la I+D+i? ¿Quién son los beneficiados? ¿Por qué no fomentar la relación Empresa-Universidad en vez de la tradicional Universidad-Empresa?

 

En España, el beneficiario principal de las actividades de I+D+i debe ser la industria (empresas en general, PYMEs en particular y puestos de trabajo creados como resultado de las mismas) y las Universidades y Centros Tecnológicos deben ser los que aporten la investigación, la tecnología base, la potencia que permita el desarrollo exitoso: transmisión del conocimiento y personal investigador frente al estado actual de cuasi-competencia con las empresas y que sean estas las responsables de la comercialización y posicionamiento de los productos.

 

Estas cuestiones son, claramente, de ámbito nacional y requieren de un diagnóstico de las políticas actuales de implementación de la I+D+i así como la obtención de métodos y recomendaciones, a corto-medio plazo, para la optimización de los resultados de los proyectos (recomendaciones para fomentar la participación de las PYMEs, recomendaciones sobre el alcance estratégico de ciertas actividades, recomendaciones para mejorar las relaciones Empresa-Universidad, recomendaciones para mejorar los ratios de financiación de proyectos de I+D+i dependiendo de su naturaleza, recomendaciones para evaluar el interés social de los proyectos de I+D+i, incluyendo creación de empleo, etc).

 

En otro orden de cosas, si bien el marco normativo de la I+D+i en España está regulado a través del Encuadramiento comunitario de ayudas de Estado a la I+D, vigente desde 1996, ¿quién no se ha planteado en más de una ocasión o, mejor dicho, quién duda a día de hoy que las cuantías de financiación deberían ser modificadas? Hace unos meses existía, a nivel europeo, una propuesta que permitía hasta un 100% de financiación de algunas actividades. Aunque dicha propuesta parece que no es aplicable puesto que a nivel europeo supondría crear más diferencias y desigualdades, ¿no cabe, políticamente, la vía de estudiar y proponer cambios para fomentar el interés y la participación de todos los actores implicados, especialmente en las áreas donde nuestra industria tiene posibilidades, y tratar de acomodar el esquema de ayudas a las necesidades de nuestra industria?

 

Y si tenemos, a grandes rasgos, sobre la mesa los desafíos actuales de la I+D+i española (diagnóstico correcto de la situación, recomendaciones para la optimización y mejora de los resultados y propuestas políticas de alcance), ¿qué podemos hacer para cambiar las cosas? Pues, como “la originalidad es volver al origen” (Gaudí), en mi opinión bien podríamos empezar por el principio: hacer un diagnóstico de las políticas actuales de implementación de la I+D+i: qué y cómo.

 

Todo un reto.

 

 

 

 

OPINIÓN