DESAFIOS ACTUALES DE LA I+D+i ESPAÑOLA
JUAN MANUEL MARTÍNEZ MILLÁN . INGENIERO DE TELECOMUNICACIÓN. DIRECTOR TÉCNICO DE PROYECTOS DE I+D+I
Entendemos la Sociedad de la Información como el conjunto
de oportunidades y nuevos servicios que desarrollados mediante la aplicación de
las nuevas tecnologías permiten, por una parte, mejorar la calidad de vida de
los ciudadanos y, por otra, aumentar la productividad y competitividad de las
empresas lo que favorece, finalmente, el crecimiento de las mismas y la creación
de empleo en sectores de actividad antes inexistentes.
La
Sociedad de
la
Información abarca, por tanto, a los ciudadanos haciendo uso de
los nuevos servicios y a las empresas y sus trabajadores desarrollándolos y
poniéndolos en funcionamiento.
Teniendo en cuenta esto, si definimos servicio como un componente (tangible o
intangible, hardware o software) que realiza una determinada funcionalidad,
desde el punto de vista de los actores de la I+D+i podemos convenir que la Sociedad de
la
Información tiene como desafío el desarrollo de nuevos
servicios que, a partir de los beneficios objetivos que aportan a los usuarios,
se puedan comercializar y, con ello, crear nuevas vías de crecimiento.
Para entender la importancia de esto último baste
citar que en los EE.UU “la venta de servicios se ha convertido en el mayor
negocio de las Tecnologías de la Información (TI)”, (The
Economist, Mayo 2003), y ello está cambiando el modelo económico a tal punto que
estamos pasando de
una economía basada en “la lógica de reproducción para ir a otra basada en la
lógica de la innovación, de un régimen de repetición a uno de invención. El
valor, que antes tenía origen en la producción de bienes homogéneos y
reproducibles, actualmente tiene su origen en los cambios y en la innovación que
se transforman en el principal factor de valorización.” (Marta
Araújo, 2005, Comunicación,
Trabajo y Valor en la
Sociedad de la
Información,
disponible en http://www.cibersociedad.net).
Sin embargo, la creación y puesta en marcha de este
tipo de servicios y/o productos, que es una de las razones por las que existen
actividades de I+D+i, no son sencillas y cuentan con dificultades y necesidades
importantes como un buen
conocimiento del mercado para identificar oportunidades, una alta
especialización y conocimiento tecnológico y un alto coste de financiación del
desarrollo de los proyectos-prototipos iniciales, cuestión ésta que se traduce
en alto riesgo para las empresas dado que el retorno de la inversión no está
garantizado y depende en gran medida del éxito del desarrollo y de la correcta
comercialización, a largo plazo, del resultado final. Estas dificultades son particularmente
negativas para las PYMEs, puesto que tienen acceso limitado al conocimiento
tecnológico y pocos recursos económicos para dedicar a estos
fines.
Las actividades de I+D+i son, pues, fomentadas a
todos los niveles (autonómico, nacional y europeo) con el objetivo de fortalecer
la posición científico-tecnológica de la industria en diferentes áreas de
conocimiento (telecomunicaciones, industria, aviónica, software,…) mediante
acciones y medidas concretas que se traducen en ayudas de diverso tipo, entre
ellas la financiación parcial de los proyectos en porcentaje que depende de la
naturaleza de la actividad, de quién la realiza y de donde la realiza, entre
otros.
Lo cierto es que España, en 2005, mantiene un
diferencial importante respecto a Europa en cuanto a parámetros de asimilación
de las TI y, aún siendo esto importante, la ‘brecha’ no es comparable al
diferencial en participación en proyectos de I+D+i a nivel europeo (apenas el 6%
del total del presupuesto de este año en el área de Tecnologías para
la Sociedad
de la
Información del 6º Programa Marco de la UE) ni tampoco, ya a nivel nacional, al
diferencial tecnológico entre universidad, grandes empresas y
PYMEs.
Son muchos factores y, además, complejos. Pero ello
no implica que las cosas no puedan cambiar, o cambiarse.
La existencia de excelentes grupos de investigación
españoles es casi una tradición en muchas disciplinas. La participación
creciente de empresas tecnológicas españolas, a menudo PYMEs, en los programas
ITEA-Eureka, en la Agencia Espacial
Europea (desarrollando siempre las cosas más difíciles) y en el
6º Programa Marco es un hecho y, considerando que el nivel de partida era cero
hace apenas unos años y que los indicadores de calidad de los
servicios/herramientas desarrollados son muy buenos, la valoración debe ser
optimista y especialmente motivadora con respecto al
futuro.
La falta de liderazgo y/o presencia en la toma de
decisiones de grandes proyectos estratégicos de I+D relacionados con
la Sociedad
de la
Información y las Comunicaciones es, no obstante, una cuestión
preocupante por lo que supone, aparentemente, de falta de visión y dominio de
todos los factores (tecnológicos, financieros, conocimiento del mercado) por
parte de las empresas españolas.
Entorno a la I+D+i española surgen constantes preguntas:
¿Falta de enfoque? ¿Desconocimiento real de las áreas de innovación? ¿Desinterés
de la industria? ¿Por qué es tan débil la relación
Universidad-Empresa?
Desde una posición de observador, me atrevo a
replantear las preguntas de otra manera: ¿Quién son los actores de
la I+D+i? ¿Quién son
los beneficiados? ¿Por qué no fomentar la relación Empresa-Universidad en vez de
la tradicional Universidad-Empresa?
En España, el beneficiario principal de las
actividades de I+D+i debe ser la industria (empresas en general, PYMEs en
particular y puestos de trabajo creados como resultado de las mismas) y las
Universidades y Centros Tecnológicos deben ser los que aporten la investigación,
la tecnología base, la potencia que permita el desarrollo exitoso: transmisión
del conocimiento y personal investigador frente al estado actual de
cuasi-competencia con las empresas y que sean estas las responsables de la
comercialización y posicionamiento de los productos.
Estas cuestiones son, claramente, de ámbito nacional
y requieren de un diagnóstico de las políticas actuales de implementación de
la I+D+i así como la
obtención de métodos y recomendaciones, a corto-medio plazo, para la
optimización de los resultados de los proyectos (recomendaciones para fomentar
la participación de las PYMEs, recomendaciones sobre el alcance estratégico de
ciertas actividades, recomendaciones para mejorar las relaciones
Empresa-Universidad, recomendaciones para mejorar los ratios de financiación de
proyectos de I+D+i dependiendo de su naturaleza, recomendaciones para evaluar el
interés social de los proyectos de I+D+i, incluyendo creación de empleo,
etc).
En otro orden de cosas, si bien el marco normativo de
la I+D+i en España
está regulado a través del Encuadramiento comunitario de ayudas de Estado a
la I+D, vigente
desde 1996, ¿quién no se ha planteado en más de una ocasión o, mejor dicho,
quién duda a día de hoy que las cuantías de financiación deberían ser
modificadas? Hace unos meses existía, a nivel europeo, una propuesta que
permitía hasta un 100% de financiación de algunas actividades. Aunque dicha
propuesta parece que no es aplicable puesto que a nivel europeo supondría crear
más diferencias y desigualdades, ¿no cabe, políticamente, la vía de estudiar y
proponer cambios para fomentar el interés y la participación de todos los
actores implicados, especialmente en las áreas donde nuestra industria tiene
posibilidades, y tratar de acomodar el esquema de ayudas a las necesidades de
nuestra industria?
Y si tenemos, a grandes rasgos, sobre la mesa los
desafíos actuales de la
I+D+i española (diagnóstico correcto de la situación,
recomendaciones para la optimización y mejora de los resultados y propuestas
políticas de alcance), ¿qué podemos hacer para cambiar las cosas? Pues, como “la
originalidad es volver al origen” (Gaudí), en mi opinión bien podríamos empezar
por el principio: hacer un diagnóstico de las políticas actuales de
implementación de la
I+D+i: qué y cómo.
Todo un reto.