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11 Enero 06
ELPAIS
Gestionar es buscar los mejores modos. El contenido
cobra cada vez más importancia como recurso y actividad dentro de las
organizaciones. Es hora de que se gestione de modo
profesional.
En los últimos 15 años hemos vivido una revolución en
el comportamiento organizativo. Nos han llegado el correo electrónico, Internet
y un sinnúmero de informes impresos y presentaciones en PowerPoint. Tenemos
sistemas de mensajería instantánea y sms telefónicos. La incorporación más
reciente a la revolución han sido los blogs.
Nunca antes se ha leído y escrito tanto. Nunca antes
la administración de empresas ha requerido tanto leer y escribir. Nunca antes
las decisiones han estado tan influidas por lo que se lee y escribe. Nunca antes
se ha comerciado tanto por leer y escribir. Esto es una auténtica
revolución.
Hace poco más de cien años, personas como Frank y
Liilian Gilbreth y Frederick Taylor sentaron las bases de la organización
científica del trabajo, que a su vez estableció los cimientos de la moderna
gestión de empresas. La regla básica de estos pioneros era simple: Existe un
modo mejor.
Si analiza en profundidad cómo se desarrolla una
tarea, puede encontrar el mejor modo de hacerla (o al menos un modo mejor). Si
adopta un planteamiento científico y analiza el trabajo de una forma metódica y
rigurosa, puede conseguir que sea más eficiente.
Aquí estoy, sentado, tecleando con dos dedos. Al
escribir me fijo en los dedos, después miro a la pantalla y veo el resultado.
Por supuesto, cada pocos segundos tengo que parar para corregir los errores que
cometo. Este es mi modo “natural” de escribir a máquina, y conozco a muchas
otras personas que hacen lo mismo.
Sé que hay un modo mucho mejor de escribir a máquina.
Pero es una costumbre arraigada en mí. No quiero cambiarla, porque el cambio
produce incomodidades. También sé que antes de conseguir una mejora tendré que
pasar por un periodo en el que las cosas irán peor. No quiero pagar ese
precio.
En un mundo repleto de ordenadores, se daría por
hecho que una de las habilidades básicas que se le enseña a nuestros hijos es la
de escribir a máquina. Eso al menos no ocurre en Irlanda. ¿Por qué? Escribir
bien a máquina es el primer paso de la organización científica del contenido o
scientific content management.
Si las organizaciones producen cada vez más
contenido, es lógico que las organizaciones mejoren en la gestión del contenido.
Si la actividad de los directivos está cada vez más relacionada con contenido,
es lógico que éstos mejoren en su gestión.
Las ideas de Gilbreth y Taylor revolucionaron la
gestión de las organizaciones. Ahora nos hallamos en el inicio de una nueva
revolución: la organización científica del contenido.
En el plazo de 15 años, las organizaciones serán
mucho más rigurosas en el modo en que manejan los correos electrónicos, las
páginas web, las presentaciones y los informes. Descubrirán que hay una ciencia
del contenido, un mejor modo de escribir un encabezamiento o resumen, por
ejemplo.
Hay una enorme oportunidad para aquellos con
habilidad para la gestión del contenido. Quienes traten el contenido como una
ciencia, generarán un enorme valor. Necesitamos procesos de organización
científica del contenido, métodos simples pero robustos para su
organización.
Internet es el laboratorio definitivo para la
organización científica del contenido. Nunca antes hemos tenido un entorno tan
eficaz para medir los impactos del contenido. Analizar, analizar, analizar es el
camino hacia el scientific content management.

