Comunidades >> Torrejón de Ardoz - Madrid >> Documentos >> Documentos
30 Noviembre 07
Volvemos a conmemorar el Día Mundial del sida, son más de 26 años de historia de una pandemia que afecta a cerca de 40 millones de personas y ha terminado con la sida de más de 25 millones, transformando de manera particular la realidad social y demográfica en los países en vías de desarrollo.
Los avances en los tratamientos son un hito en la sociedad occidental; prueba de ello es una mayor longevidad y calidad de vida y retraso en el desarrollo de la enfermedad donde existe una asistencia y acceso sanitario adecuado. Paradójicamente, la falta de acceso a estos mismos tratamientos aumenta la diferencia existente entre las sociedades del primer y tercer mundo. El sida afecta la esperanza de vida de países del África subsahariana, donde cerca de 20% de la población está infectada. 7 de cada 10 fallecimientos por sida se producen en esta área donde sólo reciben tratamiento una de cada 5 personas que lo necesitan.
Si bien es cierto que ha disminuido la mortalidad gracias a los tratamientos, en nuestro país se calcula que se producen 3.500 nuevas infecciones al año mientras aumenta el número de infecciones de transmisión sexual, un indicador preocupante sobre la práctica de sexo más seguro.
Anualmente fallecen unas 1.500 personas con VIH, siendo el fallo hepático la principal causa. Esto es debido a la alta tasa de infección del virus de la hepatitis C en este colectivo y a la peor evolución de las hepatitis.
A la actual situación se suman recientes estudios que muestran con estupor que el rechazo y la discriminación continúan. Si hay un aspecto a destacar de esta enfermedad es el prejuicio y estigma que conlleva, derivando en una discriminación sistemática entre hombres y mujeres, niños y niñas.
Esto origina ocultación, la cual revierte negativamente en el estado de salud de las personas. El prejuicio y el miedo pueden influir de manera determinante en el retraso del diagnóstico y propicia la propagación de la infección. La lección no es nueva, tiene siglos, pero parece que no aprendemos de nuestro pasado. En general, la experiencia de las personas que se han hecho visibles ha sido positiva, fomentando con ello el cambio social requerido digno de mucha valentía.
Lamentablemente, ser portador o portadora del VIH continúa siendo un serio problema para acceder al trabajo, a la libre circulación, a una vivienda digna, e incluso, a recursos públicos, situación que se agrava cuando se trata de personas con mayor vulnerabilidad, bien sea por razón de etnia, procedencia, sexo o forma de vida. La población migrante, homosexual, transexual, la privada de libertad o que ejerce la prostitución; usuarios y usuarias de drogas, personas bajo el umbral de la pobreza todavía viven situaciones de estas características.
Las situaciones de discriminación se agravan aún más en el caso de las mujeres; ser mujer portadora del VIH puede llegar a suscitar auténticas situaciones de estigmatización, exclusión y discriminación específicas.
La contribución económica de las Administraciones Públicas en materia de VIH/sida se ha visto incrementada notablemente en los últimos años, lo cual ha permitido dar continuidad o emprender acciones precisas; sin embargo se hace necesario crear o revisar los mecanismos oportunos para que las políticas en este sentido se dirijan de manera más específica y eficaz a la normalización de la enfermedad ante la sociedad, por un trato sin diferencias de las personas con VIH, contribuyendo de manera determinante al cambio social deseado y necesario en términos de justicia social.

