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El Pais

El bocadillo mágico: pan con pan

ONG, padres y profesores reclaman actuar ante el hambre. El Gobierno desvía la responsabilidad a las autonomías
07/06/13
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“Profesora, hoy para desayunar traigo el bocadillo mágico: pan con pan. Y yo decido qué lleva dentro”. Esta es una situación real vivida no hace mucho en una escuela de Girona que rememora Conchi Martínez, vicepresidenta de la Federación de Entidades de Atención a la Infancia y la Adolescencia, Fedaia. También explica otro caso de un niño al que encontraron rebuscando entre la basura. “Cuando le explicaron que lo que hacía estaba mal, el chaval contestó: ‘Es lo que hace mi mamá”. Situaciones como estas, añadidas a denuncias sobre alumnos que se marean por no desayunar o, incluso, tampoco cenar, suceden desde hace un par de años, pero se están haciendo más patentes este curso, cosa que ha obligado a varias regiones a tomar medidas.
ONG, asociaciones de padres y los sindicatos de profesores reclaman a la Administración una actuación urgente. Los ministerios de Educación y de Sanidad y Servicios Sociales no tienen previsto organizar una reunión interterritorial. Arguyen que las competencias han sido transferidas a las comunidades y que son estas las que están en contacto con los consejos escolares de los centros.
Las personas mayores y los discapacitados eran los colectivos que se llevaban la mayor parte de la tarta (más del 50%) del dinero recaudado con la X en la casilla de fines sociales de la declaración de la renta. Pero ayer el Secretario de Estado Juan Manuel Moreno anunció que van a tener “prioridad absoluta” las familias con hijos en el reparto de 211 millones. Pues “combatir la pobreza es un objetivo urgente; pero combatir la pobreza infantil lo es más”. También el ministro de Industria, José Manuel Soria, reclamó que se invierta menos en televisiones autonómicas y más en garantizar la alimentación.
Canarias y Andalucía han sido las primeras en anunciar acciones de amplio abasto, como ofrecer comidas gratis en verano para 8.000 menores, en el caso de la primera, o garantizar a los estudiantes más desfavorecidos tres comidas gratuitas al día, en el caso andaluz. Cataluña está estudiando qué hacer ante los reiterados gritos de alerta de entidades y centros escolares. La ciudad de Barcelona sí ha reforzado sus ayudas sociales tras detectar 2.865 niños con carencias en la alimentación. Su Ayuntamiento anunció el miércoles que aumentará la beca comedor de cuatro a cinco euros (el menú cuesta hasta 6,2 euros) para 2.000 menores.
El aumento de las necesidades sociales no es exclusivo de estas regiones, sino que se está extendiendo a medida que la crisis se enquista y se recortan o congelan las ayudas. “Está ocurriendo en todo el Estado. El incremento del desempleo y de familias enteras en paro, sumado al descenso de las becas, está creando una situación desastrosa para mucha gente”, dice Francisco García, responsable de Enseñanza de CC OO. García se felicita porque las ONG se están movilizando y los profesores (a veces con su dinero). Pero reclama una apuesta decidida como la de Canarias y Andalucía. “Es un gran motivo de preocupación para los profesores. Por eso no se puede recortar en Educación. Tiene que haber en los colegios personal que detecte si existen niños que no comen y lo notifique”, sostiene Carmen Guaita, portavoz del sindicato docente ANPE.
En septiembre las dos principales federaciones de padres de alumnos (Ceapa, de la pública; y Concapa, de la concertada) advirtieron: unos recortes en las ayudas de comedor escolar de entre el 30% y el 50% (dependen de los Gobiernos autónomos) tendrían consecuencias dramáticas para miles de familias. “No puede ser que en sitios como la Comunidad de Madrid se reduzcan las becas mientras se dedican 90 millones para subvencionar uniformes de la escuela privada”, se queja. La oposición en Cataluña también ha reclamado acabar con los conciertos a escuelas de élite y dedicar este monto (entre 25 y 30 millones) a becas comedor.
“Lo que está pasando es como si en medio de una epidemia se despidiese a los médicos”, compara gráficamente José Manuel Ramírez, presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. “El Estado debe actuar. Cada vez que un trabajador social prescribe que una ONG se preocupe de un niño el gobernante está fallando”. Ramírez recuerda que el Gobierno recortó un 65% el presupuesto en la Red Básica de Servicios Sociales.
En Unicef España no valoran quién debe gestionar la política social, pero sí que la ayuda tiene que llegar a todos. “Que no dependa de dónde vives para recibirla o no”, dice Marta Arias, su directora de Políticas de Infancia. Los datos que manejan indican que “cada vez hay más gente y en peores condiciones”. Por eso Cruz Roja, que ayuda a 1,4 millones de personas en su programa de crisis, hizo el año pasado su primer llamamiento de emergencia para España. “La gente se está quedando sin prestación de desempleo y la ayuda de las familias llega donde llega”, explica José Javier Sánchez, su subdirector de Inclusión Social. Han tenido que derivar fondos de cooperación para esta urgencia, pero piensan que no solo el Estado tiene que implicarse. “También la ciudadanía”.
En el instituto Pirineos, de Jaca, dejan abierto un comedor durante el recreo para que el estudiante que quiera, sin tener que decírselo a nadie, pueda entrar a tomar un vaso de leche o unas galletas. “A la gente le da vergüenza hablar de ello”, comenta el profesor José Antonio Fau. Sí han detectado caso de chavales que andan sin energía y que probablemente estén mal alimentados, pero asegura que estos casos se están notando más en primaria. De pudor habla también Elena Gómez, presidenta de la confederación gallega de AMPAS. El pasado curso ofrecían fiambreras con la comida sobrante en los comedores y no tuvo éxito “por la vergüenza de las familias a reconocer el problema”. Además, explica que en el rural gallego “muchas familias se autoabastecen”.
A las ONG les preocupa la situación de los chicos de ESO, porque no tienen comedores. “Son chicos que llegan a casa y se calientan lo que hay en la nevera y, si no hay nada, no comen”, lamenta Carmelo Monteagudo, director de Aldeas Infantiles en Zaragoza. Por primer año en su centro de día para niños en riesgo de exclusión han instalado un catering y 54 niños comen y 90 meriendan. “Hay tres familias que se llevan una bolsa para poder cenar”.
Las ONG remarcan que es un problema generalizado —Cruz Roja reparte meriendas en 40 provincias— aunque el grado de incidencia es desigual. Así, el consejero de Educación de Galicia, Jesús Vázquez, dice que “no está programado” ningún plan de garantía alimentaria, porque “es la comunidad estrella en servicio de comedor”. Cofinancian programas de desayunos saludables o consumo responsable de fruta, pero también han terminado con la gratuidad generalizada de los comedores. Alberto Vázquez, responsable de personal laboral de CC OO en Galicia, asegura que no han detectado problemas: “No queremos ser alarmistas”. Tampoco están muy alarmados en el País Vasco, donde 40.900 alumnos de los 91.000 que acuden a los comedores están becados (2.000 menos que el curso anterior). En Álava se ha atendido varios casos de desnutrición infantil, en su mayoría, en familias extranjeras.
Pero una vez fuera de la escuela, ¿qué pasa con los menores? En muchas ocasiones la atención se extiende a parroquias o los llamados centros abiertos, donde además de refuerzo escolar, los alumnos reciben la merienda. La parroquia Santa Maria Magdalena, en el barrio popular de Les Roquetes de Barcelona, reparte desde el mes pasado una docena de tentempiés. “Algunos ves que comen mucho y deprisa, ves que tienen hambre”, tercia el párroco Joaquim Brustenga. En otro barrio humilde barcelonés, el Raval, está el Casal dels Infants, que diariamente reparte 150 meriendas. “Les garantizamos fruta y lácteos, allí donde no llega el Banco de Alimentos, que no les da alimentos frescos”, añade Enric Canet, su director de Relaciones Ciudadanas. La Fundación Pere Tarrés reparte 2.500 meriendas (hace dos años eran 800) en los 21 centros abiertos que tiene en Cataluña. La coordinadora de estos centros, Maria València, admite que en algunos casos esta merienda supone el último alimento hasta el día siguiente. “Cuando generas un clima de confianza el niño te lo explica todo: que tiene hambre o que duerme con tres personas más en la cama”.
EP


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